MARC CHAGALL: NO HAY PLAYA PERO EN MADRID EL COLOR NOS HA INUNDADO

La exposición de Chagall cautiva a jóvenes y a adultos

Los tejados rojos, 1953
Con juegos de color que pasan del azul al rojo, con un gran contraste del blanco y negro y amarillos para darle luz y vida Marc Chagall cultivó durante más de ochenta años un arte, como lo define la guía que dan a la entrada de la exposición, que está “inspirado en el amor, los recuerdos, las tradiciones rusas y judías, los acontecimientos históricos o los hitos artísticos de los que fue testigo y, en muchas ocasiones, protagonita”.
Y ahora este arte está en Madrid dividido en una exposición de pago en el valorado Museo Thyssen- Bornemisza y en otra completamente gratuita en la Fundación Caja Madrid.
La que yo he ido a ver es la de la Fundación Caja Madrid, situada a escasos metros del famosos espectáculo navideño de Cortilandia, en la Plaza de San Martín muy amplia y con una gran disposición que  incluye no sólo pintura, sino también escultura y cerámica.

Dos desnudos, 1953
En escultura destacaría La bestia fantástica y maternidad, y también Dos desnudos, donde la pareja, que está muy presente en sus obras es puede apreciar de forma clara. Y, ya en cerámica, destacaría la obra de Grandes figuras. La cerámica la inició Chagall en los años cincuenta, como una aventura que le haría, posteriormente, entrar en el mundo de la escultura, lo que le permitiría entrar en contacto con los “materiales eternos” como el mármol o el bronce.

 

Pero lo que más destacaría es la pintura y su despliegue de sensualidad y luces a veces siniestras y a veces de gran calidez. Las obras de Chagall te dejan con una especie de sensación fría por el uso del negro, pero tiene calidez en la pareja que en todos sus cuadros, o en la mayor parte, se esconde de alguna manera, discreta o explícita, sexual. En la exposición de la Fundación Caja Madrid se pueden encontrar pinturas sobre las ciudades francesas, un país en el que, aunque no nació, alcanzó su madurez artística. Así pintó París tras la Segunda Guerra Mundial con una vorágine de colores rojos (como demuestra Los tejados rojos, pintado en 1953 que es verdaderamente impresionante). La guerra ha quedado reflejada en alguna de sus obras, y tras esta y su estancia en Estado Unidos volvió a Paris donde pintó sus calles y sus monumentos y entabló, a través de sus obras, fuertes lazos con el arte de tradición popular.

 

El caballo del circo, 1964

 

El circo azul, 1950/1952
En este arte popular pintaría todas sus obras sobre el mundo del circo, incluidos entre ellas unos cuarenta cuadros que se pueden contemplar en dos de las cinco salas de la exposición que son los preparatorios para El circo de Tériade, todo ellos pintados en 1957. También su unión al arte popular se refleja en la gran constancia y presencia de los animales, muchas veces como tema central, en sus obras donde la cabra y el pájaro no pueden faltar. Se puede afirmar pues que Chagall ama el mundo de los animales y de las gentes del circo a los cuales retrata en sus obras cantando “la gloria de los payasos y de los equilibristas, transfigurados por el sonido de los músicos y de unos animales suntuosamente ataviados”. El color para reflejar este mundo absorbe al que lo ve, con fondos enteramente rojos o azules o verdes Chagall amplió sus obras y en ellas se refleja un mundo mágico.

Chagall tocó en sus obras el tema religioso porque era un hombre con fe en el hombre y en su pensamiento y con la luz de sus obras les dotaba de una condición de eternidad y es esa luz el vehículo para su fe que llega a todos los presentes, creyentes o no. Chagall que, como se ve en su cuadro de La guerra, conoció los desastres de la guerra, y no solo de la Segunda Guerra Mundia, sino también de la Primera, pues el artista recorrió a lo largo de su vida todo el siglo XX y conoció guerras y revoluciones como la de Octubre de 1917; se movió por países y culturas diferentes y vivió verdaderos éxodos como el infortunio del pueblo judío. Todo ello ha quedado reflejado en sus obras, algunas de las cuales se pueden contemplar en las salas de la Fundación Caja Madrid, pero a pesar de ello nunca perdió la esperanza en el hombre ni dejó de reflejar ese profundo amor que tenía por la vida.
La guerra, 1964-1966

 

El hijo pródigo, 1975-76
En gran medida la religiosidad que hay en sus obras proviene de que en 1930 Ambrosie Vollard, le pidió  a Chagall que ilustrase la biblia y, antes de hacerlo, viajó a Palestina donde su estancia en Tierra Santa le marcó profundamente haciendo que La Biblia alimentase su imaginario y creando obras con mucho impacto y muy singulares, no solo en pintura, pues en escultura también se reflejan pasajes de la biblia como el Sacrificio de Abraham. Entre sus obras religiosas destacaría El hijo pródigo, pasaje conocido por, prácticamente, todo el mundo, que es reflejado en uno de sus lienzos y transmite ternura a pesar de estar bañado en colores más del tipo del marrón tierra y el negro, siempre con el contraste del blanco para darle luz y paz.
Ir a contemplar las obras de Chagall es como entrar en un sueño de color donde la realidad se refleja en un mundo insólito y, en gran medida, maravilloso mediante la mezcla de unos colores sobre otros, del uso del collage, de los óleos, de la acuarela y el papel. Es la gran fiesta del color, Chagall no solo creó un sueño propio que se va amplificando con sus vivencias sino también creó un mundo de ensueño mediante el poder de los colores para las futuras generaciones que le siguen contemplando. El reguero de gente constante sea entre semana o en fines de semana es la prueba.

 

El tiempo no tiene bordes, 1887-1985

 

Reloj con ala azul, 1949

Sí queréis sumergiros en este sueño de color durante más o menos una hora os sugiero que la visitéis, todavía queda más de un mes para poder disfrutarla ya sea en el Museo Thyssen o en la Fundación Caja Madrid, pero si vais os propongo un reto: buscad la pareja, así como las flores, el pájaro y la cabra, presente sino en todos, en la mayoría de sus cuadros. No os despistéis porque están escondidos entre los colores, en las esquinas, en sus relojes con alas… y creedme, mientras buscáis, el tiempo no corre entre los pasillos de la galería. No os la perdáis.

* Las imágenes de este post han sido obtenidas de las fuentes de imágenes de internet.

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