LOS LIBROS DE MI INFANCIA

Hay senderos que nunca se olvidan… los que recorres con los libros son de esos.

Debido al Día del libro del pasado 23 de abril he pensado mucho en mis libros favoritos… desde que me inicié en la lectura con unos 7 años no he podido parar de leer. Muchas veces miro para atrás y recuerdo mis primeros libros, aquellos que releí tantas veces que podría repetir de memoria casi como una buena película, cuyo guion has oído tantas veces que puedes repetirla con los ojos cerrados. Así pues en mi nueva entrada quiero hablar de esos libros, más amigos que otra cosa, que me han acompañado en cientos de viajes y en miles de noches bajó la luz de una lámpara. No puedo citarlos a todos, eso sería imposible, así pues me quedaré con los más importantes para mí.
Los libros han marcado un camino en mi vida, como una senda y cada uno de ellos es importante. Con bastante tristeza he de admitir que no recuerdo el título del primer libro que mi madre puso en mis manos, pero sé que hizo una profunda mella en mí: fue el que me abrió las puertas de la lectura. No recuerdo su nombre pero si recuerdo que trataba de piratas y de sus aventuras, de tesoros y hasta de amor. Recuerdo que yo no me lo quería leer cuando mi madre me dijo que lo hiciera, pero recuerdo muy bien también como el hacerlo me impresionó brutalmente: fue como asomarme a un precipicio, me dio vértigo el introducirme tanto dentro de unas hojas de papel, el olvidarme del resto del mundo… y ahí fue cuando me inicié en las exploraciones al centro de mi misma y de otros mundos, cuando empezó una época de viajes y aventuras que aun no ha terminado y espero que nunca termine.

Los siguientes libros que recuerdo son dos que me leí en el colegio, el primero de ellos es Alas de mosca para Ángel de Fina Casalderrey, cuya protagonista es Estrella, una niña con discapacidad mental de gran corazón que a lo largo del libro demostraba un carácter inocente pero fuerte, muy puro y con una gran creencia en el amor y en la amistad. Era un libro sencillo y tierno que me encantó; y luego ya más avanzado, de mi último año de primaria recuerdo Apareció en mi ventana, de Alfredo Gómez Cerdá, con su dulce e intrigante mukusuluba, esa criatura mágica con una chispa en los ojos, siempre grandes, que te demostraba que era feliz, que no hablaba pero que si te escuchaba y te hacía sentirte menos solo, que se alimentaba de papel y madera y por el que harías cualquier cosa. La vida de Gil se vuelve patas arriba cuando el mukusuluba aparece en su ventana, de improviso. Ese libro me marcó mucho en el sentido de que hasta he llegado a llamar, cariñosamente, a un par de amigos con ese apodo, sin decirles qué era o qué significaba, pues era algo muy mío y ellos esas personas de ojos grandes que me escuchaban y me hacían sentir bien.
El libro que marcó mi entrada al instituto fue uno de fantasía, sobre el valor de la amistad y del tiempo con personajes tan peculiares como Casiopea, esa tortuga capaz de viajar en el tiempo y que se comunicaba mediante frases escritas en su caparazón… efectivamente, estoy hablando de Momo de Michael Ende, la niña con capacidad de escuchar y de que todo el mundo le cuente sus problemas, pequeña y de gran corazón, que se deberá enfrentar a los ladrones del tiempo, los hombres grises, siempre con su cigarrillo gris de humo aun más gris.
Una vez que entré en el Instituto los libros se dispararon para mi y empecé a engullirlos como parte del día a día, me metí en la Historia a través de A donde llegan las nubes, un libro muy duro en mi opinión para mis 13 años de edad, sobre la conquista de México de Hernán Cortés y sus hombres que mostraba las dos culturas: la de los conquistadores y la del mundo de los aztecas. También me introduje en la historia con Sinuhé el egipcio de Mika Waltari, cuya hermosura en la  narración y en la historia de su personaje se me quedaron grabados para siempre… fue tan triste en su conjunto que me emocionó de manera muy onda y me llevó a releérmelo en múltiples ocasiones.
Fue así como entré en el mundo egipcio a través de este libro, pero también me introduje en la prehistoria con la serie de Los hijos de la tierra, de Jean M. Auel que inicié con El clan del Oso Cavernario a mis 14 años ya. Estos son los libros que destacaría que me ayudaron a retroceder a la historia que nos hacían estudiar en el Instituto.
Otra manera de aprender historia pero de una forma más indirecta fue con el libro Cuando Hitler robó el conejo rosa de Judith Kerr, libro que cuenta la historia de Anna y su familia judía que, ante la llegada de Hitler al poder, se ven obligados a abandonarlo todo. 

Anna tiene que abandonar incluso su peluche de la infancia: un viejo y gastado conejo rosa… a lo largo del libro se va viendo como Anna va perdiendo toda su inocencia y como ha de adaptarse a todos los cambios, mientras su peluche de toda la vida se queda en una vida anterior, donde ya nada será como había sido antes.
Pero si he de destacar un libro por encima del resto será el que me acompañaría durante mucho tiempo, el de Querido Nadie de Berlie Doherty, un libro que le robé a mi hermana mayor porque me impresionó la manera en que era redactado, la delicadeza de la narración, el sentimiento puesto en él, un libro con narrativa pero también con genero epistolar, donde la joven Helen, que termina ese mismo año el instituto le escribe a su futuro hijo, el cual crece en su vientre, unas cartas llenas de consternación y amor, narrando su mundo, y al que el llegará en algún momento y todas ellas empiezan de la misma manera: Querido Nadie. La otra cara de la moneda la pondrá Chris, que narra como vive todo lo que está ocurriendo, su amor por Helen y su incapacidad para enfrentarse a lo que va a llegar. Es un libro increíble que me apasionó durante mucho tiempo y aun lo hace y que me enseñó lecciones como que, si te aprendes un poema, lo haces tuyo, independientemente de quien lo escriba… forma parte de tu memoria y te pertenece.
El libro cumbre de mi vida me llegó también más pronto de lo que debería con una historia terrible sobre el suicidio y la locura, pero también con el poder de la curación, de la mente y del amor, de la posibilidad de volver a la luz desde la más siniestra oscuridad. Ese libro fue El príncipe de las mareas de Pat Conroy, estremecedor e impactante entró en mi vida a través de una biblioteca pública y me gustó tanto que me tiré 3 años buscándolo hasta que por fin pude tenerlo en mis manos. 

Este libro cuenta la historia de la familia Wingo, sureña y racista, donde los tres hermanos Wingo desarrollan su vida en medio de las marismas, siendo muy pobres y con un padre maltratador y una madre muy hermosa y con aires de grandeza que les condenará al desastre.
La historia se narra desde Nueva York a donde Tom Wingo viaja para poder contar la historia de su familia y ayudar a su hermana gemela Savannah tras su tercer intento de suicidio y, así, de manera espectacular el libro va contando cómo se desarrolla la vida de Tom en Nueva York que ha dejado atrás a tres hijas y a una mujer que le es infiel, una vida que no le llena porque está atascado en una infancia y un pasado muy oscuro; y también, por el otro lado, cuenta cómo fue su infancia: el colegio, el crecer entre el racismo y más puro conservadurismo con una hermana enferma desde niña y un hermano capaz de morir por lo que quiere. Y mientras Tom va desgranando su historia y la de su familia a la doctora Lowenstein para curar a su hermana irá curándose poco a poco a si mismo.

Desde luego la película está bien, pero como el libro no hay nada. Es interesante desde el punto de vista sociológico y desde el punto de vista psicológico. Es una obra de arte, retrospectiva y a la vez actual, capaz de sacar lo mejor y lo peor de todo aquel que se adentre a leerlo, eso si, sin olvidar una profunda emoción que brota de dentro, de muy dentro del libro, que emociona y cautiva.
Obviamente me he leído muchos más libros que me han gustado y me he releído hasta la saciedad, he leído sagas muy buenas y ahora mismo estoy con tres sagas a la vez y me encanta, pero estos fueron los primeros libros que leí y que me engancharon con un anzuelo hondo y profundo, los que me enseñaron a amar la lectura; y cada uno de ellos se hizo un hueco en mi vida con sus historias y sus personajes y estoy segura de que el cómo soy yo nunca sería igual si ellos no hubiesen hecho mella en mi vida, si no hubiesen formado parte de mi día a día.  Estos son los libros de los que os puedo hablar, mágicos y llenos de vida, sí os falta alguno de ellos por leer buscadlos, dejad que sigan haciendo camino.

* Las imágenes de este post han sido aquiridas a través de las fuentes de imágenes de internet.

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