DE TURISMO POR SEGOVIA, LA CIUDAD QUE NO DEBES DEJAR DE VISITAR (II)

LUGARES DONDE DORMIR Y RESTAURANTES PARA ALEGRARSE EL PALADAR

Tras haberos contado pequeñas porciones de esta bonita ciudad en el post anterior, narrándoos qué podéis ver y la historia que encierran tras sus muros y en sus calles es el momento de contaros mi experiencia en cuanto a la restauración y a la hostelería que alberga la ciudad.
Fuente

En cuanto al tema de dónde dormir como casi siempre que viajo elegí mi hotel bastante tiempo antes y más siendo la fecha de San Valentín la que caía en mi fin de semana. Había varios hoteles que me interesaban, y aunque inicialmente estuvimos mirando un par de hoteles de estilo más lujoso y caro al final nos decidimos por uno más sencillo. Había un par que nos gustaban que se ponía facilmente en 100 euros la noche como era el Hotel Don Felipe situado en el centro de la ciudad con habitaciones muy amplias con grandes ventanales de bonitas vistas a la ciudad y con jardín, y, algo más barato, el Hotel de San Antonio El Real  (imagen de la izquierda) ubicado junto al acueducto y ubicado un monasterio restaurado que alberga un claustro precioso. Este último personalmente me llamaba mucho la atención y la verdad me encantaría ir, pero finalmente y por razones obvias acabamos recortando las opciones quedándonos con la Hostería Natura, un hotelillo que nos costó 55 euros la noche, situado a cinco minutos andando de la catedral, bonito y sencillo que tenía el detalle de la ducha de hidromasaje que nos apetecía probar y, aunque con el mal tiempo no se le da importancia, también elegimos una habitación con balcón y vistas a la ciudad, que daba a una calle estrecha que, a la derecha, permitía ver la catedral de fondo.

Vistas desde el Hotel

Era una hosperia curiosa, muy amplia con unas grandes escaleras de madera y con las paredes llenas de cuadros de Picasso pintados por alguien de allí de manera no demasiado profesional pero sin estar mal pintados. La habitación estaba amueblada con muebles de madera que situados entre lo antiguo y lo moderno que encajaban eclípticamente, tenía una televisión más de tipo antiguo, sin ser pantalla plana y había un precioso teléfono antiguo de los de antes en la mesilla de noche que, curiosamente, funcionaba. También había un portatrajes de madera… era distinta a otras habitaciones en las que habíamos estado, y lo clásico chocaba con lo moderno, como era el teléfono en contraste con la ducha de hidromasaje.  Lo mejor era sin duda era la cama, grande y super cómoda se dormía de maravilla en ella.

Respecto a dónde comer contaros que el primer día escogimos el lugar por precio, en un restaurante llamado La Catedral, bonito, con dos plantas donde las cristaleras daban de vista a la catedral como bien marca su nombre. Lo que nos gustó aun así como se decía fueron los precios, tenía tres menús distintos, pero nos interesaba el sencillo y más barato: 10,50 con cuatro primeros y cuatro segundos entre los que elegir.
No era especialmente reseñable pero la presentación era bonita; yo me pedí una sopa castellana para poder combatir el frío, y mi pareja unos espagueti con tomate de primero; de segundo él se pidió unos filetes de cerdo empanados y yo un filete de ternera que, si bien no estaba mala, era muy finita y estaba demasiado pasada para mi gusto. Pero aun así comimos bien, la presentación era bonita, muy agradable en madera y los camareros correctos, por lo que por precio y comodidad no nos podíamos quejar.
Hay que decir que en Segovia no es barato comer, los menús no suelen bajar de 15 euros por persona y en general están todos entre 20 y 30 euros por persona debido a que suelen incluir cochinillo o cordero. Sin embargo hay algunos en los que merece la pena hacer el esfuerzo económico. Os cuento:
Para cenar habíamos reservado (ya que no conseguimos hacerlo para comer) en el Restaurante California, recomendado por un blog amigo: Taste and go, que me lo destacó en realidad calidad-precio, y que, desde luego, no nos decepcionó. Eso si, mi recomendación es que reservéis con tiempo (cosa que nosotros no hicimos pues reservamos el mismo día por la mañana) y que lo hagáis para comer, porque en este restaurante se come con un menú cerrado que introduce gran cantidad de comida. Lo principal allí es coger el cochinillo, que siempre es el segundo plato del menú, aunque hay distintos tipos de menú donde de segundo se puede escoger entre entrecot u otra carne de calidad, o algún tipo de pescado.

Nosotros escogimos el menú de 25 euros: un plato de entrante, cochinillo y postre, con bebida; por sugerencia del camarero compartimos los entrantes, de forma que nos trajeron primero uno y luego el otro, ambos con gran cantidad de comida, no eran unas meras tapas y solo con los dos platos habríamos cenado más que de sobra.
Entre todos los que se nos ofrecían escogimos pisto con huevo y revuelto de morcilla. El primero vino con dos huevos, detalle sin duda de que era un plato a compartir, con una cantidad más que generosa y, muy curioso, un muestrario de sales que nos dieron a “catar” agitándolas, tapándolas y ofreciéndolas para que viésemos a qué olían; entre las sales destacaba la de hibiscos, la de aceituna negra y la de limón. Respecto al revuelto venía con patatas paja natural frita, muy buenas, y con piñones lo que le daba un toque delicioso. Un gran plato que acompañado con un buen pan hizo que hizo las delicias de los entrantes dejando paso al cochinillo.
Este llegó, medio cochinillo entero para dos, en bandeja de barro, con las patatas fritas dentro y, aparte, un bol, también de cerámica, con salsa para echarlo a un lado y no estropear la piel del cochinillo. Lo cierto es que a mí no me va mucho, porque es una carne que suele cansarme y me resulta un poco grasa, por eso siempre cojo la pata o la cabeza, donde haya menos cantidad de carne para no cansarme; pero estaba francamente bueno, muy tierno y muy poco graso, para lo poco que me gusta lo disfruté bastante . También te sirven una ensalada, aparte del cochinillo, ideal para rebajar la gran cantidad de comida que te comes, para ella te ponen un vinagre balsámico de fresa que, junto con la sal de sabores, hace de la misma una delicia.
Por ultimo llegó la hora de los postres, para lo cual te traen otra carta como con 10 o 12 platos de postre a elegir, a cada cual con mejor aspecto. Mi pareja se pidió una mus de chocolate con cacao amargo que le trajeron en un bol de cerámica, muy casera y con una pinta excelente que aun sabía mejor.
Yo me pedí un mus de yogurt con tallarines de chocolate que estaba deliciosa y tenía  un detalle muy especial: el recipiente en el que venía era un barquillo con chocolate por dentro, de forma que te lo podías comer una vez terminado la mus.
Para rematar ambos postres fueron bañados con chocolate caliente, delicioso, aunque obviamente yo no pude con la totalidad del postre, había rebasado mi límite de comida y más para la hora de la cena.
Recomendado al 100%, super majos los camareros, una atención excelente como es lo del muestrario de las sales o que te enseñan el cochinillo que te van a servir antes de hacerlo, y la comida maravillosa. Aunque lo dicho, para ir a comer, ya que para cenar es demasiado comida, pero merece la pena, una gran recomendación sin duda que nos encantó.

Esa misma noche reservamos en el Restaurante San Marcos para comer allí el día siguiente. Si le echáis un ojo a la página web puede que os asustéis igual que lo hicimos mi pareja y yo al principio, pero el truco de este restaurante está en las ofertas semanales, una amplia cantidad de ofertas de fuera de la carta (y otras de la carta pero a un precio más asequible).

Así llegamos a San Marcos tras visitar el Monasterio de Santa María del Parral, tras la preciosa misa con cantos gregorianos que os he contado en el anterior post, caminando por el pueblo y bajo la permanente vista del Alcázar al otro lado del río.

En San Marcos nos encontramos con tres hojas de ofertas entre las cuales escogimos una amplia variedad de platos: de entrantes pedimos un cuarto de percebes que estaban a 40 euros el kilo y aprovechamos para degustar este manjar marino ya que estaban tan bien de precio; también un variado de croquetas casera sobre un lecho de patatas paja entre las que destacaban las típicas de jamón serrano, pero también las de setas, bacalao y, especialmente, las riquísimas croquetas de pulpo.

Además también pedimos caracoles a la segoviana, que estaban también muy buenos, la verdad es que acertamos con todos los que pedimos.

Luego ya llegamos a los platos propios, mi pareja se pidió un cordero con ajo y perejil que estaba muy bueno y tierno y yo unos sapitos (rapes pequeños) en salsa marinera con gambas y con un toque campestre de setas variadas, que  confería un sabor delicioso al guiso y que encajaba a la perfección con el sabor peculiar de este tipo pescado.

Lo mejor era el tamaño, con ninguno de los platos se cortaron un pelo y las raciones fueron más que esplendidas. Así paso que no pedimos postre aunque todos tenían muy buena pinta pues estábamos muy llenos, especialmente por la croquetas que fue lo menos ligero de todo lo que pedimos; sin embargo fue todo un placer y nos alegramos mucho de escoger este restaurante, sí que es cierto que fue más caro que el Restaurante California también por la cantidad de comida cada plato ronda entre los 10 y 15 euros; mis rapes por ejemplo fueron 13 euros y el cochifrito de mi pareja 15. En total nos salió por 65 euros los dos, 10 euros más caro que en el Restaurante California.

Nos había llevado hasta allí una recomendación de mi madre y movidos por el impulso de comer caracoles, y lo cierto es que también fue todo un acierto porque había tantos platos que no sabíamos bien qué elegir y estaban todos impecablemente bien hechos. Desde marisco, hasta carne pasando por pescado, bien atendidos y con dos detalles que harían que yo volviese al restaurante si vuelvo a Segovia: que me invitaron a la infusión y que, al traer la cuenta, me regalaron un precioso clavel.

En definitiva, recomendaros el hotel en el que estuve aunque hay otros que también tienen muy buena pinta y, por supuesto, en cuestiones de restauración animaros a probar estos dos últimos restaurantes que os menciono, pero sin olvidar que hay muchos otros sitios que tienen muy buena pinta y en los que seguramente comer también sea toda una experiencia gastronómica digna de reseñar.
Pero sobretodo animaros a ir a Segovia y a que no dejéis pasar todo lo que puede ofrecer a sus visitantes; os animo a introduciros en todo ello y a que os dejéis inundar para disfrutar de las pequeñas cosas que solo ciudades como esta pueden ofrecer.

* Todas las fotografías de este post, exceptuando en al que cito la fuente, han sido tomadas por Lucía Berruga (L.B.)

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