LONDRES: LA CIUDAD ECLÉCTICA POR EXCELENCIA (I)

Qué ver, por dónde pasear y reseña de los mejores lugares: rutas que ningún visitante debe perderse

Lo primero que habría que decir de Londres no es que es bonita, o que es grande, o ruidosa, o limpia, o que hace mal tiempo… no,  lo primero que habría que decir de Londres es que es variada en todo lo que la conforma: sus gentes, su cultura, sus edificios, sus restaurantes…  fue lo primero que pensé cuando salí del aeropuerto y me metí en el metro, donde conviven culturas y tipos de personas distintas por completo, opuestas, y donde parece que cada uno lleva su ritmo y su estilo de vida, sin meterse en el de los demás. Lo cierto es que creo que en Londres podrías ir cómo más te gustase ir y, mientras en otras ciudades se consideraría estrafalario, allí no pasaría de llamar la atención.

Así es Londres, en todo, su máxima esencia (o al menos fue lo que me transmitió a mi) es que cada uno de sus detalles son distintos pero, de forma curiosa, no desencajan entre sí, sino todo lo contrario: conforman lo más especial de esta ciudad que todo el mundo debe visitar.

En este post os voy a hablar de la ruta que hice yo para ver lo más posible en cuatro días que pasé allí con mi familia, porque la verdad es que fue bastante y para todo lo que ofrece la ciudad y todo lo que se puede visitar no se puede decir que nos quedásemos cortos.

Volamos con Easyjet aunque la jugada no nos salió muy bien ni a la ida ni a la vuelta, así que no es que lo recomiende que digamos, ya que a la ida nos retrasaron el vuelo y luego nos dejaron en el aeropuerto que no era por mal tiempo al parecer, porque al que íbamos destinados estaba cerrado, lo que pasa es que tanto por cómo se veía el cielo al llegar como por el amigo Internet supimos que estaba abierto, así que en general todos nos sentimos bastante engañados. A la vuelta también volvimos con retraso y no avisaron de la puerta hasta media hora antes de embarcar por lo tanto fuimos a la carrera después de esperar más casi tres horas… así que bueno, gracias a esta compañía no empezamos con muy buen pie el viaje, pero tras el percance cogimos un tren a un alto precio (es lo segundo que destacaría de Londres: lo carísimo que es todo) y llegamos a la estación de Victoria, donde nos dirigimos al hotel.
Tras dejar las cosas en él nos fuimos directos a comer pues desde las 9 que teníamos que haber llegado (hora de allí) eran las dos de la tarde pasadas, así que teníamos mucha hambre, pero del hotel y de los restaurantes os hablaré en el siguiente post, así que paciencia 😉

El caso es que tras comer nos fuimos a pasear lo que se denomina City of London, cogimos el metro en Victoria y nos fuimos  hasta la famosa Torre de Londres, que se inició en el 1066 como parte de la conquista normanda de Inglaterra, es un conjunto de edificios que recibe su nombre de la famosa Torre Blanca, construida por Guillermo el Conquistador en 1078. El día que la visitamos estaban de conmemoración y muchas personas estaban rodeando el edificio con rosas rojas de papel que, desde arriba, hacían que pareciese una marea roja que rodeaba el muro y así lo ponía en los carteles que daban a la torre: blood swept lands and seas of red(la sangre cubrió tierras y mares de rojo). Lo cierto es que me salió la vena friki y me recordó un poco a Juego de Tronos, porque entre que en la Torre de Londres se da de comer a los cuervos puesto que la leyenda cuenta que la corona británica y la propia torre caerían si desaparecieran los cuervos que allí habitan, motivo por el cual se les da de comer haciendo que todo esté lleno de ellos y que los carteles, donde se veía la rosa roja con la frase mencionada, también tenían escrito: Tower of London remembers (la Torre de Londres recuerda, referido a la Primera Guerra Mundial) pues no pude evitar acordarme de Invernalia con lo de “El Norte no olvida”

Fricadas a parte la verdad es que me pareció muy bonita, no entramos pero igualmente por fuera se nota que es un edificio magnífico y la verdad es que con las rosas rojas tenía un aspecto imponente.
A continuación seguimos avanzando y llegamos hasta el maravilloso Puente de Londres, cruzando el enorme río Támesis que bajaba con una fuerza sorprendente. Aunque el puente que vemos en la actualidad se inauguró el 17 de marzo de 1973 el lugar lleva albergando puentes durante cerca de 2000 años, siendo el primero de todos construido en madera en ese mismo lugar por los romanos alrededor del año 46 d.C.

 

El actual desde luego es una maravilla y siempre está lleno de gente haciéndose fotos ya que es uno de los mayores reclamos turísticos de Londres.
Desde el puente empezamos a pasear el Támesis contemplando los edificios del otro lado del río, ahí de nuevo pude contemplar la capacidad de la ciudad para albergar sin desentonar arquitectura moderna y antigua: los edificios enormes de cristal sobresalían sobre edificios de estilo clásico creando una imagen cautivadora y llamativa por la forma de encajar eclécticamente.
Paseamos durante un buen rato río arriba, y al terminar el paseo nos introducimos ciudad a dentro y nos tomamos un café en un Caffè Nero, una de las muchas cafeterías de esta cadena que se distribuyen por la ciudad y donde es frecuente ver a la gente leyendo o charlando.  Desde ahí seguimos hasta la preciosa Catedral de San Pablo con sus bonitos jardines donde la gente da de comer a las ardillas. Es muy bonita aunque solo la vimos por fuera pues llegamos pasadas las seis de la tarde y debéis saber que allí a las seis exceptuando los restaurantes es como si fuese a caer un diluvio, porque cierra todo.

Las calles de Londres son muy bonitas y permiten apreciar de cerca las diferentes culturas que alberga, sus distintos tipos de construcciones y los diferentes estilos que tiene su población. Siempre tienen mucho tráfico y movimiento de los famosos autobuses rojos, así como de los taxis negros que, unidos a los demás coches y gente en bicicleta, forman bastante ruido en el centro. Bajando por esas calles vimos entre los autobuses su hermano más antiguo, que se diferenciaba de los demás por su tamaño al ser más pequeño.
Lo último que vimos aquel día antes de volvernos a casa fue el magnífico edificio de los Reales Tribunales  de Justicia, con una gran estructura de piedra gris de estilo Gótico Victoriano diseñado por George Edmun Street, un abogado que se convirtió en arquitecto. Fue construido en la década de 1870 y fue la Reina Victoria quien los inauguró en 1882.
La verdad es que para el primer día y teniendo en cuenta que nos habíamos levantado a las cuatro de la mañana no estuvo nada mal en lo que a pasear se refiere.

El segundo día fue también muy completo: iniciamos la mañana viendo la Abadía de Westminster, el templo más antiguo de Londres y elegida como sede para las coronaciones reales, además de albergar en su interior las tumbas de monarcas y figuras históricas británicas de los últimos mil años. La abadía se construyó en estilo románico en 1065 para dar cobijo a los monjes benedictinos, pero entre 1245 y 1517 se reconstruyó en estilo gótico, además, durante el siglo XVIII sufrió su mayor transformación cuando se construyeron las dos torres de la entrada principal.
Aunque en el interior no se permiten hacer fotos (norma que me sorprendió que cumpliese todo el mundo) os digo desde ya que es realmente impresionante y merecer muchísimo la pena, si bien es cierto que entrar son 18 libras por persona (unos 23 euros), con la audio guía incluida tienes una visita “guiada” de lo más completa  e interesante que te va llevando por todos los rincones que es necesario ver, pasando por todas y cada una de sus capillas. Es enorme, muy alta y preciosa, con un gran potencial, una delicia para el turista.
En los claustros si está permitido hacer fotos, ambos de los siglos XIII y XIV, merecen el tiempo que se les debe dedicar, con capillas a las que también se da acceso desde ahí y jardines internos, unen la iglesia de la abadía con el resto de las dependencias. A través de ellos además se tiene acceso al Collage Garden, de más de 900 años de antigüedad es el parque más antiguo de Inglaterra.
Merece la pena pagar la entrada para ver todas las maravillas decorativas y arquitectónicas que se han conservado a pesar de los siglos y, por supuesto, para conocer los detalles de la historia de las mismas.
Tras salir estuvimos viendo el famoso Big Ben en el Parlamento de Londres que es muy muy impresionante, según sales del metro se presenta imponente sobre el transeúnte. Desde la salida de la abadía no impone tanto pero presenta una perspectiva perfecta desde donde se puede contemplar cuán grande es, lo que hace que la posición sea idónea para hacer fotos.
Desde allí fuimos a pasear Camden Town, el barrio alternativo por excelencia, si queréis ver con vuestros ojos cuán ecléctico es Londres solo tenéis que cambiar de barrio porque cada uno de ellos es como estar en una ciudad distinta… Camden es la gota que colma el vaso en el buen sentido. Camden es famoso por albergar a uno de los mercados callejeros más variados y extravagantes de Londres además de ser considerada la capital del rock alternativo del Reino Unido.
Allí fue donde comimos, aunque eso os lo contaré en el siguiente post, y luego nos perdimos en la multitud de tiendas que, como se ve en la imagen superior, destacan por vender ropa gótica y por decorar sus paredes artísticamente de forma muy llamativa, detalles que hasta los propios restaurantes de la zona se aplican. Pasar por Camden es de visita obligada, hay de todo y no sorprende ver los suelos pintados, músicos a pie de calle y multitud de turistas entre las tiendas, sin embargo no se recomienda su visita de noche y de día hay carteles donde advierten de la presencia de carteristas.
Volvimos sobre nuestros pasos hacia el metro y nos encaminamos hacia King’s Cross, la famosa estación conocida por las películas de Harry Potter donde se tenía acceso al andén  nueve y tres cuartos que llevaba a Hogwarts, la escuela de magia y hechicería.
Fuimos solo por hacer la tontería de la foto porque a mí me hacía ilusión, pero ahora está regulado y hay que esperar muchísima cola y, aunque es gratis, como vayas a media tarde como fui yo te puede comer fácilmente más de hora y media, así que viendo el percal hicimos un par de fotos a los que posaban y nos fuimos; de la misma forma tampoco pasamos a la tienda de productos de Harry Potter que también estaba regulada para poder entrar a comprar.
La verdad es que solo por ver el chiringuito que se han montado merece la pena, pero también hay que decir que la estación es una maravilla y también se recomienda hacerla una visita pues todo el techo está iluminado por  emisores de luz leds que van cambiando de color y le dan un toque mágico.
Desde la propia estación cogimos el metro para ir hacia el Soho, aunque antes pasamos por el Palacio de Buckingham, residencia oficial del monarca británico de Londres, se le conoció originalmente como Buckingham House, construido por el duque de Buckingham en 1703 y adquirido por el rey Jorge III en 1762 para convertirlo en la residencia privada que es hoy en día.
Sus jardines también son muy bonitos y muy grandes, con muchísima variedad de aves propias de los parques con extensos lagos artificiales, además de los ya mencionados cuervos y bastantes ardillas a las que se les puede dar de comer y ver desde bastante cerca.
Salimos de allí y fuimos a ver El Soho, un barrio lleno de variedad también establecido como una zona de ocio que tuvo mucha fama sobretodo en el siglo XX por su vida nocturna y la industria del cine, así como por sus sex shops.
Hoy predominan sobretodo restaurantes caros y oficinas aunque sigue habiendo locales dedicados a la industria del sexo.
Es considerado el principal barrio gay de Londres con gran número de negocios orientados a este público, por no hablar de que sus calles peatonales están llenad de tiendas, pubs y teatros con una atmósfera muy fashion donde se percibe el magnetismo que ejerce la cultura gay en esta zona.
En el Soho está también Chinatown, el barrio chino, que se reconoce enseguida por la decoración de sus calles donde predominan farolillos y grandes arcos para dar inicio y cierre a sus calles, además de, evidentemente, por la presencia de cientos de chinos que invaden las calles y los comercios de la zona pues es, sobre todo, una zona comercial en la que apenas vive gente. Curiosa cuanto menos para, mínimo, pasearla, aunque no todo el mundo la recomienda para comer ya que se argumenta que la comida china en Londres no es la mejor, yo no tuve la experiencia, así que (os lo adelanto ya) ahí no os puedo decir.
Pasado esta peculiar zona de Londres llegamos a Covent Garden, uno de los distritos con más encanto lleno de artistas callejeros que se afanan por dar ambiente a sus calles mientras paseas las tiendas y mercados que ofrece o, te tomas algo en alguna de sus muchas terrazas.
Convent Garden, como todo en esa ciudad, tiene historia: su plaza se inició en el siglo XVII cuando el terreno pasó de manos de los monjes de Westminster a las de los condes de Bedford. En 1631 se inició el proceso para convertirla en una plaza pública y en 1660 se creó en ella un gran mercado de flores, frutas y verduras.
En 1974 se modificó de nuevo para darle el aire bohemio y acogedor que tiene ahora pues ha permanecido así hasta nuestros días, transformado en una superficie comercial con diversas tiendas y puestos de maestros artesanos, así como múltiples locales. Un lugar sin duda que también se merece una obligada visita, donde no sorprende ver a la gente apegada a las barandillas para oír a los músicos tocar.
El tercer y último día completo iniciamos la mañana con el enorme Museo Británico, otro de los imprescindibles de visita obligada, cuya entrada es gratuita. Este museo es muy importante pues abarca campos diversos del saber humano como la historia, la arqueología, la etnografía y el arte,  además custodia más de siete millones de objetos de todos los continentes y culturas.
Destaca sobre todo su sección del Antiguo Egipto, la más importante del mundo después de la del  Museo de Egipcio de El Cairo, donde tiene varias estatuas de gran valor, además de una momia con la que explican el proceso de momificación y diversos féretros de momias realmente increíbles. Además también tienen una momia de un gato, su animal sagrado, y explican la momificación de animales que no solía ser frecuente; en las imágenes os pongo esta momia del gato, además de algunos de  los féretros y estatuas mencionadas.
Super bonita y con una extensa colección también me sorprendió mucho la sección dedicada a la cultura hindú, con muchísimas esculturas hechas al detalle muy, muy bonitas que me encantaron. En el museo se pueden hacer fotos, lo cual hizo que me volviese algo loca fotografiando las enormes y variadas esculturas de las culturas que ofrece este impresionante museo.
Por último, aunque hay muchísimo más y suficientes objetos para verlo durante tres días sin descanso, destacaros la sección japonesa, donde tienen varios kimonos y esculturas sorprendentes, además de diversas pinturas (a estas últimas no se les permite hacer fotos para no dañarlas). Es una sala más tranquila en comparación con otras como la del piso primero donde se encuentra la fabulosa Piedra Rosetta, o el piso de las momias. Sin embargo, volviendo a la sección japonesa lo que más llama la atención es la impresionante armadura y katanas samurái que se guardan tras una enorme vitrina.
Para terminar y antes de salir nos paramos en la sección china, mucho más transitada que la japonesa por el turista chino, pero muy interesante también, donde, además antes de salir pudimos hacer algunas fotos a cuatro esculturas chinas muy bonitas con figuras de los discípulos de buda, seguido de una exposición de objetos y joyas hechas con Jade realmente bonitos.

Desde allí fuimos hacia el barrio de Notting Hill, situado en la parte occidental de la ciudad y conocido por la famosa película del mismo nombre del guionista de comedia romántica Richard Curtis.
Lo primero que hicimos fue comer pero luego nos la paseamos a conciencia, tiene un aire de cultura alternativa por la gran cantidad de tiendas de segunda mano o antigüedades que se pueden encontrar. Sin embargo lo que más llama la atención de Notting Hill son sus casitas de colores, pequeñas y pintadas de forma muy viva, distintas unas de otras y de cualquiera de las casas del resto de la ciudad que se puedan encontrar.
Los fines de semana, aunque no fue nuestro caso, ponen el mercado de Portobello, uno de los más famosos de Londres donde se pueden encontrar multitud de artículos entre los que destacan las antigüedades ya mencionadas.
El resto de la semana en la calle de unos tres kilómetros de longitud están abiertas al transeúnte tiendas fijas y algunos puestos donde se pueden encontrar cámaras de fotos del año de la pera, relojes, ropa, muchas joyas, monedas y sellos, además de puestos de frutas y verduras, ropa y las típicas tiendas de souvenirs.
Sin embargo lo que me llamo mucho la atención es que existe, y no solo en este barrio aunque si que destaca sobre los demás, una gran cultura del street art, tras haber hecho hace poco un post sobre este tipo de arte callejero no pude evitar sorprenderme de la gran cantidad de tiendas que venden fotos de los grafitis: en postales, en cuadros enmarcados, en lienzos para la pared o plasmados en tazas como ya se ha visto en la foto de la tienda gay del Soho.
Muy colorida y bonita es una calle que merece la pena visitar y dejarse seducir por alguno de los múltiples objetos que ofrece y si tenéis la oportunidad de ir en fin de semana no dudéis en hacerlo, creo que el mejor día para ver el mercado de Portobello en todo su esplendor es el sábado por la mañana.

Tras el paseo por sus calles volvimos al hotel a recuperar fuerzas y tras hacerlo fuimos a Trafalgar Squaredonde se encuentra la majestuosa National Gallery de acceso gratuito. El nombre le viene al lugar de la enorme columna del almirante Nelson (de unos 50 metros de altura), en el centro de la plaza, y coronada por su estatua en conmemoración por su fallecimiento al mando de la armada británica en la Batalla de Trafalgar.
Las grandes fuentes de la plaza son muy bonitas y se iluminan por la noche pero lo que llama, en este momento, la atención es la escultura de un gallo gigante azul (ojo que podría ser una gallina) en el lugar conocido como el “Cuarto Plinto”, espacio programado originalmente para colocar reyes y generales ingleses junto a  los otros tres pedestales que complementan la plaza; sin embargo, por falta de fondos, el cuarto plinto del noroeste de la plaza quedó vacío al no poder financiar la estatua del Rey Guillermo IV, por lo que en 1999 la Real Sociedad de las Artes, propuso la idea de exponer de manera temporal obras de artistas contemporáneas. Y ahí lo tenemos: fruto de esta idea tenemos un precioso gallo (o gallina) azul desde el inicio del verano de 2013. La obra, de Katharina Fritsch, no deja indiferente a nadie y menos a los más conservadores pues dicen que es un símbolo que representa a Francia, aunque la artista declaró que no es así y que para ella es una escultura feminista al haber sido un espacio siempre ocupado por artistas varones y ella pretendía cambiar los roles.
Esta controversia no es nueva, pues siempre todas las obras expuestas han generado algún tipo de incomodidad o sido objeto de críticas, no estando nunca al gusto de todos. A mi personalmente me gustó mucho la escultura, aunque sí es cierto que canta (nunca mejor dicho) un rato, pero sea como sea es una plaza muy impresionante en conjunto, que reúne gran cantidad de gente a su alrededor.
Se hacía de noche con rapidez tras cruzar la última hora de la tarde y fuimos a cenar para luego hacernos la ruta hasta Westminster y el Parlamento y verlos de noche ya que iluminan el Big Ben y queda precioso, por no hablar del propio Támesis, que refleja los colores del Londo Eye, iluminado de azul, y de la ciudad creando un ambiente mágico que se puede contemplar desde el enorme puente que se sitúa a los pies del parlamento. Un paseo precioso que todo el mundo debe hacer, sea invierno o verano.
De camino hacia allí pasamos por Piccadilly Circus que es el lugar elegido por muchos (turistas y londinenses) para reunirse porque está en una situación privilegiada y tiene una gran oferta de ocio, la verdad es que estaba llena de gente y música aprovechando el buen tiempo, sin embargo a mi no me impresionó ni la plaza ni la fuente de Eros que está en el centro, lo que si me gustó mucho fue la fuente llamada “Los caballos de Helios” preciosa y magnífica pero llena de gente, por lo que he tenido que buscar una imagen para que la pudieseis ver bien.
Después de un día bastante largo y duro de mucho caminar, además que ya se iba notando el cansancio con el paso del tiempo, volvimos para pasar la última noche en el hotel, al día siguiente nos despedíamos de Londres, pero por supuesto no era un motivo para bajar el ritmo, así que nuestra última mañana fuimos andando hasta Hyde Park, ya que para dos viajes no queríamos pagar las 9 libras de billete (más de 11 euros) por persona que cuesta el transporte. Así tras media hora andando llegamos al parque más grande del centro de Londres, con más de 140 hectáreas de extensión, extremadamente bien cuidado y que constituye el pulmón de la ciudad: lleno de árboles y flores de colores su flora es impresionante, decorado por varias fuentes que hacen del paseo una delicia.
Terreno que se abrió como parque público en el siglo XVII es considerado el parque más antiguo de la ciudad, permite un lugar de esparcimiento para londinenses y turistas al tener actividades de ocio como montar a caballo y un gran lago para barcas así como con una zona de baño. En este espacio enorme de agua podemos ver gran variedad de especies de aves que no se asustan del transeúnte y que, si pueden, se acercan curiosos no fuese a ser que tengas algo de comer.
Sin duda un paseo más que estupendo para ir cerrando los días de turismo vividos en Londres. Sin embargo no terminamos ahí, de vuelta se decidió hacer un rodeo y en vez de volver directamente al hotel pasamos por Kensington, zona rica y muy cuidada que contiene el conocido distrito de museos, entre los que destaca por su belleza arquitectónica el el Museo de Historia Natural.
Desde ahí enlazamos con Chelsea, el barrio considerado más chic y elegante de Londres, sede del club de futbol con el mismo nombre que el barrio y de estrellas famosas. Es el lugar predilecto por los intelectuales de la Londres Bohemia, ordenado y armonioso Chelsea se presenta como uno de los lugares más característicos de la capital. Sus orígenes son muy antiguos, del siglo VIII, pues en el 787 hubo en esa zona el Sínodo de Chelsea que se cree que, probablemente, dio lugar a la palabra actual.
Así, paseando, llegamos al punto de origen donde había empezado todo y tras hacer la última comida nos fuimos al aeropuerto.
No hay duda de que Londres es una ciudad con muchísimo que ofrecer: vimos mil cosas pero aun así nos quedamos cortos para poder hacerlo a conciencia. Aunque la considero una ciudad más de ver por fuera y de pasearla que de ir entrando en todas y cada una de las ofertas culturales y turísticas que posee, porque solo los edificios pro fuera, los parques, la diferencia entre los barrios y sus gentes… ya son dignas de ver.
Centro de la cultura y del arte, considero a Londres una de las mejores ciudades para ir a pasar unos días y perderse, todo tiene su encanto y, desde luego, no creo que sea capaz de dejar indiferente a nadie.
* Todas las imágenes de este post, exceptuando la de la Fuente de los caballos de Helios que ha diso obtenida de las fuentes de imágenes de Internet, han sido tomadas por Lucía Berruga (L.B.)
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2 comentarios en “LONDRES: LA CIUDAD ECLÉCTICA POR EXCELENCIA (I)

  1. Lucía Berruga Sánchez dijo:

    Pues yo te la recomiendo al 100% de verdad, aquí tienes la guía desde luego jaja hay tanto que contar que aunque intente resumir se me van las palabras describiéndola… 🙂
    Es un placer pasearla y ver todo lo que ofrece, yo he ido en verano y no he tenido niebla, pero desde luego también debe ser impresionante de ver así.

    Un abrazo

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