restaurante el paso de gredos Avila

EL PASO DE GREDOS: EL RESTAURANTE DE "LA ABUELITA" ICONO DE LA GASTRONOMÍA ABULENSE

Hoy vengo a contaros uno de los secretos gastronómicos mejor guardados de la sierra de Ávila: el restaurante – y también posada – El paso de Gredos, situado en Mengamuñoz donde podréis comer comida típica de la zona en grandes cantidades y de muy buena calidad, a un precio inmejorable.

Llegué a este restaurante gracias a dos amigos que nos llevaron a mi pareja y a mí aprovechando que pasábamos un fantástico fin de semana en La hija de Dios, pueblo cercano a Mengamuñoz donde nos alojábamos.

Este restaurante es denominado por ellos como “La abuelita” debido a que la cocinera y regente del lugar, que hace que su existencia y fama sean posibles, es una mujer mayor de 82 años, Victoria, que lleva 28 años ofreciendo sus migas, judías y asados caseros a todo aquel transeúnte que quiera hacer una parada antes de seguir avanzando por la sierra de abulense.

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Senderismo el chorro La granja de san ildefonso

LA GRANJA DE SAN ILDEFONSO: SENDERISMO A LA CASCADA "EL CHORRO"

vistas-el-chorro-granja-san-ildefonsoHace un par de semanas estuve con mi pareja en La Granja de San Ildefonso y nos hicimos una escapada montaña arriba, para ver el chorro, la cascada de cien metros en dos tramos sucesivos que cae a través de la montaña y que se pueden ver a través incluso de los jardines del palacio.

Hay dos formas de iniciar esta ruta, pero ambas acaban en el mismo punto de partida: la urbanización Seo de Urgel. Podéis llegar desde el Centro Nacional del Vidrio, siguiendo el paseo de Santa Isabel  y continuando por el de la Puerta del Campo o siguiendo la calle de Los Baños hasta llegar a la plaza de toros portátil y, dejándola a la izquierda calle arriba hasta que lleguéis a la urbanización. Según desde donde estéis alojados os irá mejor una u otra.

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portada 24 horas en burgos

CÓMO DISFRUTAR 24 HORAS EN BURGOS

Burgos es una ciudad preciosa, digna de pasar un par de días mínimo paseándola y viendo todo lo que ofrece. Por desgracia yo solo estuve 24 horas en ella, aún así dio para mucho y pude disfrutarla. Hoy en este post os voy a contar qué se puede ver en Burgos, dónde comer y dónde dormir: todo lo imprescindible para poder disfrutar al máximo de las horas que paséis en Burgos para que, si como yo, solo tenéis unas pocas, podáis salir con la sensación de que habéis disfrutado al máximo de su esencia.

paseando-burgos-turismoBurgos es una ciudad que enamora, a mi sinceramente me encanta, solo pasearla ya es un lujo pues es preciosa.

Por ejemplo tiene el paseo en torno al río, al que se puede acceder; está habilitado para pasearlo andando, patinando o en bicicleta.

A mí el paseo del río me parece que tiene mucho encanto, todo tan verde, con la catedral al fondo… y si tienes suerte el cielo completamente despejado.

Por otro lado uno de los puntos de turismo de la ciudad que quisiera destacaros es la fuente que está situada en frente del Museo de la Evolución Humana.

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LONDRES: LA CIUDAD ECLÉCTICA POR EXCELENCIA (II)

 
Lugares donde domir y restaurantes donde parar a comer: en la variedad está el gusto

Tras haberos hablado de todo lo que ofrece Londres, de los lugares que se pueden ver y de los barrios y lugares imprescindibles para pasear toca hablar de dónde comer y dónde dormir.
 
Nuestro hotel fue el Hotel Lidos, ubicado en el centro de Londres a unos diez minutos a pie de la estación de tren y metro Victoria que ofrece transporte directo al aeropuerto de Gatwick, el de la City (aeropuerto en el que Easyjet debió dejarnos, aunque lo hizo en el de Heathrow, situado al oeste de la ciudad y desde donde volver nos costó la gracia a los cuatro 76 libras, unos 95 euros).
 
En lo que respecta al hotel decir que estaba muy limpio, era chiquitito pero agradable, mi hermana y yo ocupamos una habitación muy chiquitita que daba al patio interior, las camas como veis estaban prácticamente juntas y entre la cama y el baño había espacio justo para la puerta del mismo, además no hay armarios, solo un mueble tipo colgador con varias perchas… vamos, habitación europea. La de mis padres era algo más grande y tenían más espacio pero daba a la calle por lo que hacía más calor pues le daba el sol (a nosotros no nos llovió ni una sola vez y nos hizo muy buen tiempo) y si abrían la ventana había ruido de la calle, por lo que les costó un poco acostumbrarse.
 
Para mí lo mejor del hotel era que las habitaciones estaban equipadas con un set de té y café que venía muy bien para tomarse una infusión después de la cena.
También me gustó mucho el desayuno que, siendo bastante modestito y en un salón pequeño también pero muy luminoso, era tipo buffet: tostadas y bollería, mermeladas, zumo de naranja o de frutas, te, café, yogures, fiambre y cereales… muy bien la verdad para salir con energía, eso sí: de siete a nueve de la mañana nada más, ya que allí comen a las 12:30-13:00. En general muy bien, la verdad es que la atención muy buena y suficiente para dormir y descansar de las largas caminatas, además del hecho de que el barrio era muy bonito, muy amplio y cuidado, muy limpio también: te daban ganas de volver. 



Respecto a dónde comer os haré la ruta que hice yo, siguiendo los lugares por dónde pasé: el primer día como os comentaba en el post anterior no nos alejamos casi del hotel porque estábamos cansados y se nos hacía tarde debido al percance con el vuelo, por lo que comimos en Nando’s, cadena de restaurante de origen portugués especializados en pollo: eligen el pollo y la forma de comerlo (frito, en hamburguesa o en wrap), las especias (poco picante, medio o muy picante) y los acompañamientos, donde recomiendo el puré de patata (delicioso) y el arroz picante. Es curioso porque no te toman nota se pide en barra todo y te traes las salsas que quieras, y ellos te lo sirven.
 
Mi padre se pidió una hamburguesa y nosotras tres un wrap, estaba muy bueno la verdad, sin quejas, aunque la cerveza que nos pusieron era flojita para mi gusto, y más con una comida tan especiada.
También pedimos humus de entrante que nos pusieron con pan de pita, muy bueno, y una salsa en un frasco roja picante para mezclarla a nuestro gusto con el humus y que le daba un toque estupendo.
 
Nuestra última noche allí (en la que paseamos luego por la zona iluminada de Londres) también fuimos a cenar allí con dos amigas y pedimos un combo de pollo que estaba muy muy bueno, se nota que es su especializad y que este restaurante triunfa allí porque era miércoles noche y nos tocó esperar para tener mesa.
 
 
 
Para cenar el primer día elegimos también cerca del hotel (este tenía una calle al lado lleno de restaurantes) pues estábamos cansados entre el madrugón, el viaje y el paseo del primer día. 
 
Elegimos un restaurante italiano, el O´Sole Mio, con camareros italianos que hablaban en italiano y eso le daba como caché al sitio, pero nos sentaron en una mesa muy fría debajo del aire acondicionado y nos tuvimos que cambiar, por no hablar de que tardaron media hora en tomarnos nota y porque se lo pedimos nosotros.
 
El sitio, muy mono, y con una decoración bonita en las mesas y en las paredes, tardo casi otra media hora en traernos lo que habíamos pedido de entrante: una ensalada caprese, que en fin, para los cuatro trozos de mozzarella que nos trajeron creo que podrían haber tardado un poco menos, aunque por lo menos estaba buena, aunque eso no es merito del restaurante claro.
 
Tras llevar más de una hora y media en el restaurante, cuando a mí ya se me había pasado hasta el hambre y me dormía sobre la mesa, nos trajeron los platos que habíamos pedido, realmente pensé que llegaría frío o algo porque había pasado otra media hora desde la ensalada y yo ya estaba empezando a ponerme de los nervios, pero no, lo acaban de hacer y aunque estaba bueno hay que decir que mis canelones con boletus y champiñón debían llevarlos solo en el nombre porque ni los vi ni me sabía a ellos. Cabe decir que no pedimos postre… no sé, la verdad es que con lo que cuesta comer de restaurante en Londres (unas 18 libras, 22 euros, por persona entre plato y bebida) no volvería ni a tiros. Mis padres les dejaron propina, pero yo no les habría dejado ni la servilleta con la que me había limpiado… no sé si me explico.

Quitando ese desafortunado lugares donde comimos sí se merecen muy buenas opiniones.
 
El segundo día comimos en Camden, donde hay muchísimos puestos de comida que se sitúan en la plaza, allí te van ofreciendo comida para que la vayas comiendo y probando, compiten todos con todos y puedes encontrar comida hindú, tai, china, mexicana… de todo tipo de verdad. Lo más gracioso es que según va pasando la mañana sino lo han vendido van bajando el precio de las bandejas (que suelen costar entre 5 y 8 libras) donde sirven la comida llegando incluso a costar solo una libra. Allí te lo echan todo junto en las bandejas según lo pides: brocolí, pollo, tallarines o fideos, eliges plato principal y con que acompañarlo y luego te echan la salsa que elijas.
 
Es una forma rara de comer, hay que decirlo, y más raro es dónde se come: motos, como lo leéis, asientos en forma de motos para sentarse unos al lado de otros, hay muchos pero no son suficientes para todos los que quieren comer allí y muchas personas comen sentados al borde del  río que transcurre tranquilamente por allí.
 
Para pasar a verlo es sin duda, y además seguro que picáis algo porque como ya os digo no dejan de ofrecer comida al transeúnte.
 
Aquella noche, aunque estábamos cansados, abandonamos las cercanías del hotel y nos fuimos a cenar a Kensington, al Byron de Gloucester Road, que promocionaba la hamburguesa Smoky, la nueva hamburguesa traída con inspiración de los escenarios hamburgueseros de París pero con las influencias del Sur estadounidense, y así trajeron la Smoky: queso cheddar ahumado, tocino rallado, bacón, cebolla crujiente, lechuga, y salsa barbacoa ahumada al chili.
 
Mi padre y mi hermana se la pidieron y la verdad es que estaba deliciosa: picaba lo justo y estaba muy sabrosa, la pedimos junto a una ración de aros de cebolla realmente deliciosos, así como una ración de patatas. Deentrante habíamos pedido una ensalada cesar que estaba muy buena y nos gustó mucho a todos, con el pollo en su punto y una lechuga muy fresca y crujiente. La verdad es que los platos que pedimos no decepcionaron.
 
Respecto a las demás hamburguesas mi madre se pidió la de chili y se tiró un rato quitando jalapeños pues le resultó muy picante y eso que está acostumbrado a tomarlo. Respecto a mí me pedí la de queso(imagen de la derecha): hamburguesa con lechuga, tomate, cebolla roja y mayonesa, al que hay que añadirle un queso a escoger entre: cheddar maduro, cheddar americano, ahumado, Monterey Jack, queso azul o Emmenthal; yo por supuesto me la pedí con queso azul. Sin queja alguna tampoco, estaban en su punto y muy buena.  No pedimos postre porque nos llenamos, pero hay que decir que la propina esta vez sí era merecida: estupenda atención de la camarera, servicio rápido y, sobretodo, un gran producto. 

 

El tercer día comimos en la zona de Notting Hill en La Casa del Pescado, especialistas en Fish and chips famoso. Era un lugar muy agradable en madera con mesas amplias y sillas cómodas, que encajaban en el entorno, tipo barco, con fotos de pescadores en blanco y negro y detalles en azul y blanco que le daban al lugar cierto aire marinero intachable y muy confortable.
 
Se podían elegir varios tipos de pescados en distintos tamaños (pequeños, medianos y grandes) todos fritos con patatas menos el bacalao que también se podía pedir a la plancha y así fue como se lo pidió mi hermana.
 
Yo me pedí una merluza mediana frita que estaba deliciosa, y también las patatas que lo acompañaban, tenías varios botes con salsa en la mesa aunque cada plato iba acompañado por un vasito de salsa tártara que permitía realzar el sabor del pescado.
 
 
 

 

Ciertamente comimos estupendamente y no nos extrañó que tuviese un certificado de excelencia por Tripadvisor en 2014: buen servicio, buena comida y un ambiente inmejorable para desconectar antes de volver a empezar la marcha turística.

Esa noche cenamos nuevamente en Nando´s como os he comentado antes, así que ya solo quedaba una comida antes de volver hacia Madrid. Sin embargo en nuestra vuelta de Hyde Park al pasar por Kensington necesitábamos descansar y tomarnos el café/té de media mañana para descansar un poco los pies y reponer fuerzas, así que entre todas las que había (que eran muchas) elegimos una cafetería de estilo romántico con grandes ventanales de cristal que nos gustó. Tenía terraza pero entramos dentro, se llamaba sin mucho misterio La Creperia de Kensington, pero tenía un premio a la excelencia de 2014 también por sus creps y había una pareja comiéndolos… y claro, a mí se me empezaron a hacer los ojitos chiribitas y acabé pidiéndome uno de plátano y chocolate con pepitas de chocolate por encima… delicioso, para repetir la verdad.
 
Por fin llegamos a la zona de Victoria y buscamos un sitio para comer de nuevo cercano al hotel para luego ir a por las maletas. Elegimos el Loco Mexicano porque de pasar por delante habíamos visto los platos y tenían buena pinta, la verdad es que los camareros eran muy bordes pero la comida estaba muy buena.
 
Pedimos para entrar unos nachos típicos que estaban muy buenos, pero en lo que acertamos de pleno fue en la ensalada que pedimos la Monterey cheese anda cactus salad, estaba super buena, llevaba cactus que sabía cómo el pepinillo en vinagre pero más suave y estaba super tierno, la “ensaladera” era  comestible, como una tosta que acompañaba a la perfección con el resto de su contenido.
 
El plato principal fueron fajitas, yo me las pedí de pollo al igual que mi madre y mi padre, aunque mi hermana se las pidió de gambas. Estaban buenísimas y me encantó como las sirvieron: las fajitas por un lado en dos tandas en recipientes cerrados para guardarlas en calor, y al lado de cada uno de los platos el contenido de las fajitas en un plato caliente también para conservarlo y en otro las distintas salsas para que lo combinases como quisieras. Por supuesto yo me pedí un desperado para acompañar tan estupenda comida.
 
 
Como decía el servicio no era deficiente pero los camareros no eran la alegría de la fiesta que dijéramos, y la verdad es que eso arruinaba un poco el ambiente, pero  la comida estaba muy buena y la verdad es que no nos las terminamos pues las fajitas eran muchísimas. A mí me encantó.
 
Y aquí termino mi ruta de restaurantes en Londres, como veréis no os mentía: la variedad se extiende hasta en el tipo de comida, puedes encontrar de todo por no hablar de todo lo que no he mencionado: comida china, hindú, japonesa… un lujo para que no tengas problemas a la hora de elegir. Comimos de todo y para todos: desde la comida típica inglesa del fish and chips pasando por todos los mencionados.
 
Lo dicho: en la variedad está el gusto, idóneo para quien tenga el paladar inquieto y le guste investigar y explorar… si eres de esos Londres es tu sitio, no es una gran gastronomía pero desde luego se come bien. Si vais a ir a Londres espero que este post os ayude a encontrar dónde comer y descansar de las largas marchas que hay que hacer para poder verlo todo.
 
Ya quiero volver! Ojala pueda contaros más cosas pronto.

*Todas las imágenes de este post, exceptuando la del comedor del hotel que ha sido sacada de su página en Booking, han sido tomadas por Lucía Berruga (L.B.)


LONDRES: LA CIUDAD ECLÉCTICA POR EXCELENCIA (I)

Qué ver, por dónde pasear y reseña de los mejores lugares: rutas que ningún visitante debe perderse

Lo primero que habría que decir de Londres no es que es bonita, o que es grande, o ruidosa, o limpia, o que hace mal tiempo… no,  lo primero que habría que decir de Londres es que es variada en todo lo que la conforma: sus gentes, su cultura, sus edificios, sus restaurantes…  fue lo primero que pensé cuando salí del aeropuerto y me metí en el metro, donde conviven culturas y tipos de personas distintas por completo, opuestas, y donde parece que cada uno lleva su ritmo y su estilo de vida, sin meterse en el de los demás. Lo cierto es que creo que en Londres podrías ir cómo más te gustase ir y, mientras en otras ciudades se consideraría estrafalario, allí no pasaría de llamar la atención.

Así es Londres, en todo, su máxima esencia (o al menos fue lo que me transmitió a mi) es que cada uno de sus detalles son distintos pero, de forma curiosa, no desencajan entre sí, sino todo lo contrario: conforman lo más especial de esta ciudad que todo el mundo debe visitar.

En este post os voy a hablar de la ruta que hice yo para ver lo más posible en cuatro días que pasé allí con mi familia, porque la verdad es que fue bastante y para todo lo que ofrece la ciudad y todo lo que se puede visitar no se puede decir que nos quedásemos cortos.

Volamos con Easyjet aunque la jugada no nos salió muy bien ni a la ida ni a la vuelta, así que no es que lo recomiende que digamos, ya que a la ida nos retrasaron el vuelo y luego nos dejaron en el aeropuerto que no era por mal tiempo al parecer, porque al que íbamos destinados estaba cerrado, lo que pasa es que tanto por cómo se veía el cielo al llegar como por el amigo Internet supimos que estaba abierto, así que en general todos nos sentimos bastante engañados. A la vuelta también volvimos con retraso y no avisaron de la puerta hasta media hora antes de embarcar por lo tanto fuimos a la carrera después de esperar más casi tres horas… así que bueno, gracias a esta compañía no empezamos con muy buen pie el viaje, pero tras el percance cogimos un tren a un alto precio (es lo segundo que destacaría de Londres: lo carísimo que es todo) y llegamos a la estación de Victoria, donde nos dirigimos al hotel.
Tras dejar las cosas en él nos fuimos directos a comer pues desde las 9 que teníamos que haber llegado (hora de allí) eran las dos de la tarde pasadas, así que teníamos mucha hambre, pero del hotel y de los restaurantes os hablaré en el siguiente post, así que paciencia 😉

El caso es que tras comer nos fuimos a pasear lo que se denomina City of London, cogimos el metro en Victoria y nos fuimos  hasta la famosa Torre de Londres, que se inició en el 1066 como parte de la conquista normanda de Inglaterra, es un conjunto de edificios que recibe su nombre de la famosa Torre Blanca, construida por Guillermo el Conquistador en 1078. El día que la visitamos estaban de conmemoración y muchas personas estaban rodeando el edificio con rosas rojas de papel que, desde arriba, hacían que pareciese una marea roja que rodeaba el muro y así lo ponía en los carteles que daban a la torre: blood swept lands and seas of red(la sangre cubrió tierras y mares de rojo). Lo cierto es que me salió la vena friki y me recordó un poco a Juego de Tronos, porque entre que en la Torre de Londres se da de comer a los cuervos puesto que la leyenda cuenta que la corona británica y la propia torre caerían si desaparecieran los cuervos que allí habitan, motivo por el cual se les da de comer haciendo que todo esté lleno de ellos y que los carteles, donde se veía la rosa roja con la frase mencionada, también tenían escrito: Tower of London remembers (la Torre de Londres recuerda, referido a la Primera Guerra Mundial) pues no pude evitar acordarme de Invernalia con lo de “El Norte no olvida”

Fricadas a parte la verdad es que me pareció muy bonita, no entramos pero igualmente por fuera se nota que es un edificio magnífico y la verdad es que con las rosas rojas tenía un aspecto imponente.
A continuación seguimos avanzando y llegamos hasta el maravilloso Puente de Londres, cruzando el enorme río Támesis que bajaba con una fuerza sorprendente. Aunque el puente que vemos en la actualidad se inauguró el 17 de marzo de 1973 el lugar lleva albergando puentes durante cerca de 2000 años, siendo el primero de todos construido en madera en ese mismo lugar por los romanos alrededor del año 46 d.C.

 

El actual desde luego es una maravilla y siempre está lleno de gente haciéndose fotos ya que es uno de los mayores reclamos turísticos de Londres.
Desde el puente empezamos a pasear el Támesis contemplando los edificios del otro lado del río, ahí de nuevo pude contemplar la capacidad de la ciudad para albergar sin desentonar arquitectura moderna y antigua: los edificios enormes de cristal sobresalían sobre edificios de estilo clásico creando una imagen cautivadora y llamativa por la forma de encajar eclécticamente.
Paseamos durante un buen rato río arriba, y al terminar el paseo nos introducimos ciudad a dentro y nos tomamos un café en un Caffè Nero, una de las muchas cafeterías de esta cadena que se distribuyen por la ciudad y donde es frecuente ver a la gente leyendo o charlando.  Desde ahí seguimos hasta la preciosa Catedral de San Pablo con sus bonitos jardines donde la gente da de comer a las ardillas. Es muy bonita aunque solo la vimos por fuera pues llegamos pasadas las seis de la tarde y debéis saber que allí a las seis exceptuando los restaurantes es como si fuese a caer un diluvio, porque cierra todo.

Las calles de Londres son muy bonitas y permiten apreciar de cerca las diferentes culturas que alberga, sus distintos tipos de construcciones y los diferentes estilos que tiene su población. Siempre tienen mucho tráfico y movimiento de los famosos autobuses rojos, así como de los taxis negros que, unidos a los demás coches y gente en bicicleta, forman bastante ruido en el centro. Bajando por esas calles vimos entre los autobuses su hermano más antiguo, que se diferenciaba de los demás por su tamaño al ser más pequeño.
Lo último que vimos aquel día antes de volvernos a casa fue el magnífico edificio de los Reales Tribunales  de Justicia, con una gran estructura de piedra gris de estilo Gótico Victoriano diseñado por George Edmun Street, un abogado que se convirtió en arquitecto. Fue construido en la década de 1870 y fue la Reina Victoria quien los inauguró en 1882.
La verdad es que para el primer día y teniendo en cuenta que nos habíamos levantado a las cuatro de la mañana no estuvo nada mal en lo que a pasear se refiere.

El segundo día fue también muy completo: iniciamos la mañana viendo la Abadía de Westminster, el templo más antiguo de Londres y elegida como sede para las coronaciones reales, además de albergar en su interior las tumbas de monarcas y figuras históricas británicas de los últimos mil años. La abadía se construyó en estilo románico en 1065 para dar cobijo a los monjes benedictinos, pero entre 1245 y 1517 se reconstruyó en estilo gótico, además, durante el siglo XVIII sufrió su mayor transformación cuando se construyeron las dos torres de la entrada principal.
Aunque en el interior no se permiten hacer fotos (norma que me sorprendió que cumpliese todo el mundo) os digo desde ya que es realmente impresionante y merecer muchísimo la pena, si bien es cierto que entrar son 18 libras por persona (unos 23 euros), con la audio guía incluida tienes una visita “guiada” de lo más completa  e interesante que te va llevando por todos los rincones que es necesario ver, pasando por todas y cada una de sus capillas. Es enorme, muy alta y preciosa, con un gran potencial, una delicia para el turista.
En los claustros si está permitido hacer fotos, ambos de los siglos XIII y XIV, merecen el tiempo que se les debe dedicar, con capillas a las que también se da acceso desde ahí y jardines internos, unen la iglesia de la abadía con el resto de las dependencias. A través de ellos además se tiene acceso al Collage Garden, de más de 900 años de antigüedad es el parque más antiguo de Inglaterra.
Merece la pena pagar la entrada para ver todas las maravillas decorativas y arquitectónicas que se han conservado a pesar de los siglos y, por supuesto, para conocer los detalles de la historia de las mismas.
Tras salir estuvimos viendo el famoso Big Ben en el Parlamento de Londres que es muy muy impresionante, según sales del metro se presenta imponente sobre el transeúnte. Desde la salida de la abadía no impone tanto pero presenta una perspectiva perfecta desde donde se puede contemplar cuán grande es, lo que hace que la posición sea idónea para hacer fotos.
Desde allí fuimos a pasear Camden Town, el barrio alternativo por excelencia, si queréis ver con vuestros ojos cuán ecléctico es Londres solo tenéis que cambiar de barrio porque cada uno de ellos es como estar en una ciudad distinta… Camden es la gota que colma el vaso en el buen sentido. Camden es famoso por albergar a uno de los mercados callejeros más variados y extravagantes de Londres además de ser considerada la capital del rock alternativo del Reino Unido.
Allí fue donde comimos, aunque eso os lo contaré en el siguiente post, y luego nos perdimos en la multitud de tiendas que, como se ve en la imagen superior, destacan por vender ropa gótica y por decorar sus paredes artísticamente de forma muy llamativa, detalles que hasta los propios restaurantes de la zona se aplican. Pasar por Camden es de visita obligada, hay de todo y no sorprende ver los suelos pintados, músicos a pie de calle y multitud de turistas entre las tiendas, sin embargo no se recomienda su visita de noche y de día hay carteles donde advierten de la presencia de carteristas.
Volvimos sobre nuestros pasos hacia el metro y nos encaminamos hacia King’s Cross, la famosa estación conocida por las películas de Harry Potter donde se tenía acceso al andén  nueve y tres cuartos que llevaba a Hogwarts, la escuela de magia y hechicería.
Fuimos solo por hacer la tontería de la foto porque a mí me hacía ilusión, pero ahora está regulado y hay que esperar muchísima cola y, aunque es gratis, como vayas a media tarde como fui yo te puede comer fácilmente más de hora y media, así que viendo el percal hicimos un par de fotos a los que posaban y nos fuimos; de la misma forma tampoco pasamos a la tienda de productos de Harry Potter que también estaba regulada para poder entrar a comprar.
La verdad es que solo por ver el chiringuito que se han montado merece la pena, pero también hay que decir que la estación es una maravilla y también se recomienda hacerla una visita pues todo el techo está iluminado por  emisores de luz leds que van cambiando de color y le dan un toque mágico.
Desde la propia estación cogimos el metro para ir hacia el Soho, aunque antes pasamos por el Palacio de Buckingham, residencia oficial del monarca británico de Londres, se le conoció originalmente como Buckingham House, construido por el duque de Buckingham en 1703 y adquirido por el rey Jorge III en 1762 para convertirlo en la residencia privada que es hoy en día.
Sus jardines también son muy bonitos y muy grandes, con muchísima variedad de aves propias de los parques con extensos lagos artificiales, además de los ya mencionados cuervos y bastantes ardillas a las que se les puede dar de comer y ver desde bastante cerca.
Salimos de allí y fuimos a ver El Soho, un barrio lleno de variedad también establecido como una zona de ocio que tuvo mucha fama sobretodo en el siglo XX por su vida nocturna y la industria del cine, así como por sus sex shops.
Hoy predominan sobretodo restaurantes caros y oficinas aunque sigue habiendo locales dedicados a la industria del sexo.
Es considerado el principal barrio gay de Londres con gran número de negocios orientados a este público, por no hablar de que sus calles peatonales están llenad de tiendas, pubs y teatros con una atmósfera muy fashion donde se percibe el magnetismo que ejerce la cultura gay en esta zona.
En el Soho está también Chinatown, el barrio chino, que se reconoce enseguida por la decoración de sus calles donde predominan farolillos y grandes arcos para dar inicio y cierre a sus calles, además de, evidentemente, por la presencia de cientos de chinos que invaden las calles y los comercios de la zona pues es, sobre todo, una zona comercial en la que apenas vive gente. Curiosa cuanto menos para, mínimo, pasearla, aunque no todo el mundo la recomienda para comer ya que se argumenta que la comida china en Londres no es la mejor, yo no tuve la experiencia, así que (os lo adelanto ya) ahí no os puedo decir.
Pasado esta peculiar zona de Londres llegamos a Covent Garden, uno de los distritos con más encanto lleno de artistas callejeros que se afanan por dar ambiente a sus calles mientras paseas las tiendas y mercados que ofrece o, te tomas algo en alguna de sus muchas terrazas.
Convent Garden, como todo en esa ciudad, tiene historia: su plaza se inició en el siglo XVII cuando el terreno pasó de manos de los monjes de Westminster a las de los condes de Bedford. En 1631 se inició el proceso para convertirla en una plaza pública y en 1660 se creó en ella un gran mercado de flores, frutas y verduras.
En 1974 se modificó de nuevo para darle el aire bohemio y acogedor que tiene ahora pues ha permanecido así hasta nuestros días, transformado en una superficie comercial con diversas tiendas y puestos de maestros artesanos, así como múltiples locales. Un lugar sin duda que también se merece una obligada visita, donde no sorprende ver a la gente apegada a las barandillas para oír a los músicos tocar.
El tercer y último día completo iniciamos la mañana con el enorme Museo Británico, otro de los imprescindibles de visita obligada, cuya entrada es gratuita. Este museo es muy importante pues abarca campos diversos del saber humano como la historia, la arqueología, la etnografía y el arte,  además custodia más de siete millones de objetos de todos los continentes y culturas.
Destaca sobre todo su sección del Antiguo Egipto, la más importante del mundo después de la del  Museo de Egipcio de El Cairo, donde tiene varias estatuas de gran valor, además de una momia con la que explican el proceso de momificación y diversos féretros de momias realmente increíbles. Además también tienen una momia de un gato, su animal sagrado, y explican la momificación de animales que no solía ser frecuente; en las imágenes os pongo esta momia del gato, además de algunos de  los féretros y estatuas mencionadas.
Super bonita y con una extensa colección también me sorprendió mucho la sección dedicada a la cultura hindú, con muchísimas esculturas hechas al detalle muy, muy bonitas que me encantaron. En el museo se pueden hacer fotos, lo cual hizo que me volviese algo loca fotografiando las enormes y variadas esculturas de las culturas que ofrece este impresionante museo.
Por último, aunque hay muchísimo más y suficientes objetos para verlo durante tres días sin descanso, destacaros la sección japonesa, donde tienen varios kimonos y esculturas sorprendentes, además de diversas pinturas (a estas últimas no se les permite hacer fotos para no dañarlas). Es una sala más tranquila en comparación con otras como la del piso primero donde se encuentra la fabulosa Piedra Rosetta, o el piso de las momias. Sin embargo, volviendo a la sección japonesa lo que más llama la atención es la impresionante armadura y katanas samurái que se guardan tras una enorme vitrina.
Para terminar y antes de salir nos paramos en la sección china, mucho más transitada que la japonesa por el turista chino, pero muy interesante también, donde, además antes de salir pudimos hacer algunas fotos a cuatro esculturas chinas muy bonitas con figuras de los discípulos de buda, seguido de una exposición de objetos y joyas hechas con Jade realmente bonitos.

Desde allí fuimos hacia el barrio de Notting Hill, situado en la parte occidental de la ciudad y conocido por la famosa película del mismo nombre del guionista de comedia romántica Richard Curtis.
Lo primero que hicimos fue comer pero luego nos la paseamos a conciencia, tiene un aire de cultura alternativa por la gran cantidad de tiendas de segunda mano o antigüedades que se pueden encontrar. Sin embargo lo que más llama la atención de Notting Hill son sus casitas de colores, pequeñas y pintadas de forma muy viva, distintas unas de otras y de cualquiera de las casas del resto de la ciudad que se puedan encontrar.
Los fines de semana, aunque no fue nuestro caso, ponen el mercado de Portobello, uno de los más famosos de Londres donde se pueden encontrar multitud de artículos entre los que destacan las antigüedades ya mencionadas.
El resto de la semana en la calle de unos tres kilómetros de longitud están abiertas al transeúnte tiendas fijas y algunos puestos donde se pueden encontrar cámaras de fotos del año de la pera, relojes, ropa, muchas joyas, monedas y sellos, además de puestos de frutas y verduras, ropa y las típicas tiendas de souvenirs.
Sin embargo lo que me llamo mucho la atención es que existe, y no solo en este barrio aunque si que destaca sobre los demás, una gran cultura del street art, tras haber hecho hace poco un post sobre este tipo de arte callejero no pude evitar sorprenderme de la gran cantidad de tiendas que venden fotos de los grafitis: en postales, en cuadros enmarcados, en lienzos para la pared o plasmados en tazas como ya se ha visto en la foto de la tienda gay del Soho.
Muy colorida y bonita es una calle que merece la pena visitar y dejarse seducir por alguno de los múltiples objetos que ofrece y si tenéis la oportunidad de ir en fin de semana no dudéis en hacerlo, creo que el mejor día para ver el mercado de Portobello en todo su esplendor es el sábado por la mañana.

Tras el paseo por sus calles volvimos al hotel a recuperar fuerzas y tras hacerlo fuimos a Trafalgar Squaredonde se encuentra la majestuosa National Gallery de acceso gratuito. El nombre le viene al lugar de la enorme columna del almirante Nelson (de unos 50 metros de altura), en el centro de la plaza, y coronada por su estatua en conmemoración por su fallecimiento al mando de la armada británica en la Batalla de Trafalgar.
Las grandes fuentes de la plaza son muy bonitas y se iluminan por la noche pero lo que llama, en este momento, la atención es la escultura de un gallo gigante azul (ojo que podría ser una gallina) en el lugar conocido como el “Cuarto Plinto”, espacio programado originalmente para colocar reyes y generales ingleses junto a  los otros tres pedestales que complementan la plaza; sin embargo, por falta de fondos, el cuarto plinto del noroeste de la plaza quedó vacío al no poder financiar la estatua del Rey Guillermo IV, por lo que en 1999 la Real Sociedad de las Artes, propuso la idea de exponer de manera temporal obras de artistas contemporáneas. Y ahí lo tenemos: fruto de esta idea tenemos un precioso gallo (o gallina) azul desde el inicio del verano de 2013. La obra, de Katharina Fritsch, no deja indiferente a nadie y menos a los más conservadores pues dicen que es un símbolo que representa a Francia, aunque la artista declaró que no es así y que para ella es una escultura feminista al haber sido un espacio siempre ocupado por artistas varones y ella pretendía cambiar los roles.
Esta controversia no es nueva, pues siempre todas las obras expuestas han generado algún tipo de incomodidad o sido objeto de críticas, no estando nunca al gusto de todos. A mi personalmente me gustó mucho la escultura, aunque sí es cierto que canta (nunca mejor dicho) un rato, pero sea como sea es una plaza muy impresionante en conjunto, que reúne gran cantidad de gente a su alrededor.
Se hacía de noche con rapidez tras cruzar la última hora de la tarde y fuimos a cenar para luego hacernos la ruta hasta Westminster y el Parlamento y verlos de noche ya que iluminan el Big Ben y queda precioso, por no hablar del propio Támesis, que refleja los colores del Londo Eye, iluminado de azul, y de la ciudad creando un ambiente mágico que se puede contemplar desde el enorme puente que se sitúa a los pies del parlamento. Un paseo precioso que todo el mundo debe hacer, sea invierno o verano.
De camino hacia allí pasamos por Piccadilly Circus que es el lugar elegido por muchos (turistas y londinenses) para reunirse porque está en una situación privilegiada y tiene una gran oferta de ocio, la verdad es que estaba llena de gente y música aprovechando el buen tiempo, sin embargo a mi no me impresionó ni la plaza ni la fuente de Eros que está en el centro, lo que si me gustó mucho fue la fuente llamada “Los caballos de Helios” preciosa y magnífica pero llena de gente, por lo que he tenido que buscar una imagen para que la pudieseis ver bien.
Después de un día bastante largo y duro de mucho caminar, además que ya se iba notando el cansancio con el paso del tiempo, volvimos para pasar la última noche en el hotel, al día siguiente nos despedíamos de Londres, pero por supuesto no era un motivo para bajar el ritmo, así que nuestra última mañana fuimos andando hasta Hyde Park, ya que para dos viajes no queríamos pagar las 9 libras de billete (más de 11 euros) por persona que cuesta el transporte. Así tras media hora andando llegamos al parque más grande del centro de Londres, con más de 140 hectáreas de extensión, extremadamente bien cuidado y que constituye el pulmón de la ciudad: lleno de árboles y flores de colores su flora es impresionante, decorado por varias fuentes que hacen del paseo una delicia.
Terreno que se abrió como parque público en el siglo XVII es considerado el parque más antiguo de la ciudad, permite un lugar de esparcimiento para londinenses y turistas al tener actividades de ocio como montar a caballo y un gran lago para barcas así como con una zona de baño. En este espacio enorme de agua podemos ver gran variedad de especies de aves que no se asustan del transeúnte y que, si pueden, se acercan curiosos no fuese a ser que tengas algo de comer.
Sin duda un paseo más que estupendo para ir cerrando los días de turismo vividos en Londres. Sin embargo no terminamos ahí, de vuelta se decidió hacer un rodeo y en vez de volver directamente al hotel pasamos por Kensington, zona rica y muy cuidada que contiene el conocido distrito de museos, entre los que destaca por su belleza arquitectónica el el Museo de Historia Natural.
Desde ahí enlazamos con Chelsea, el barrio considerado más chic y elegante de Londres, sede del club de futbol con el mismo nombre que el barrio y de estrellas famosas. Es el lugar predilecto por los intelectuales de la Londres Bohemia, ordenado y armonioso Chelsea se presenta como uno de los lugares más característicos de la capital. Sus orígenes son muy antiguos, del siglo VIII, pues en el 787 hubo en esa zona el Sínodo de Chelsea que se cree que, probablemente, dio lugar a la palabra actual.
Así, paseando, llegamos al punto de origen donde había empezado todo y tras hacer la última comida nos fuimos al aeropuerto.
No hay duda de que Londres es una ciudad con muchísimo que ofrecer: vimos mil cosas pero aun así nos quedamos cortos para poder hacerlo a conciencia. Aunque la considero una ciudad más de ver por fuera y de pasearla que de ir entrando en todas y cada una de las ofertas culturales y turísticas que posee, porque solo los edificios pro fuera, los parques, la diferencia entre los barrios y sus gentes… ya son dignas de ver.
Centro de la cultura y del arte, considero a Londres una de las mejores ciudades para ir a pasar unos días y perderse, todo tiene su encanto y, desde luego, no creo que sea capaz de dejar indiferente a nadie.
* Todas las imágenes de este post, exceptuando la de la Fuente de los caballos de Helios que ha diso obtenida de las fuentes de imágenes de Internet, han sido tomadas por Lucía Berruga (L.B.)

SENDERISMO: SUBIDA A LAS TORRES DE LA PEDRIZA

El domingo pasado tres amigos, mi pareja  y yo hicimos una escapada a la sierra de la Pedriza; decidimos subir a las Torres, lugar donde todavía no habíamos estado ninguno de nosotros y que por lo tanto representaba un cambio respecto a otras salidas que ya se habían realizado.

El truco para ir a la sierra en verano es buscar un día que vaya a hacer buen tiempo pero que no vaya a hacer demasiado calor; en este caso nosotros acertamos pero a la inversa ya que en las cumbres realmente pasamos bastante fresco pues era un día nublado y, sin sol que nos calentase, a 2000 metros de altura, el viento era fuerte y frío.
El segundo truco es salir pronto para llegar al comienzo del día, así que ni cortos ni perezosos nos levantamos a las 5:30 de la mañana para ir en metro hasta Cuzco, de donde partimos en coche hacia nuestro merecido día de montaña a eso de las 7:15 de la mañana.

Llegamos las 8:00 al lugar, justo a tiempo para cuando abren el parque, ya que, aunque el parking es de acceso gratuito está regulado. Os cuelgo una imagen donde aparecen los horarios según la temporada, en nuestro caso teníamos de 8 de la mañana a 9 de la noche. Lo bueno de ir pronto es que te ahorras colas innecesarias y entras prácticamente del tirón, pudiendo coger un buen sitio en el parking de  Cantocochinos, desde donde salen la mayoría de las rutas.

Las Torres de La Pedriza son un conjunto de picos y riscos situados en el extremo norte, y conforman una zona de gran interés geológico, paisajístico y deportivo de la Sierra de Guadarrama, constituyendo además el punto más alto de toda La Pedriza.

Las Torres constituyen el lugar donde La Pedriza se une al cordal montañoso de la Cuerda Larga, situada al norte, y toda la zona que rodea a estos canchales está cubierta por arbustos de alta montañas y pinos silvestres de poca altura, haciendo que la subida hasta arriba sea a través de un frondoso bosque, húmedo, donde el sol no llega y donde la vegetación le da cierto aire de zona prehistórica entre tanto helecho, como si de repente fuese a aparecer alguna criatura mística entre ellos.

Sin embargo lo mejor de todo es cómo van cambiando las vistas según subes… la altura va haciendo que el paisaje cada vez ser más y más impresionante, dejando ver unos riscos cada vez más cercanos y unos canchales de piedras con extrañas formas creados gracias a la acción del viento y del agua.

Por retroceder un poco en el tiempo… la última excursión que hicimos en La Pedriza fue para subir al Yelmo; la subida también fue bonita, aunque no tanto como la de Las Torres, pero tuvo el encanto de que encontramos caballos sueltos paseando por allí, entre las rocas,  que dejaban que los tocases si te acercabas con cuidado.

El tercer truco para poder llegar con éxito a tu destino es llevar un mapa que pueda guiarte y, por supuesto, no perder de vista las señales hechas en el camino (esta vez en blanco y amarillo). En nuestro caso íbamos con una ruta prediseñada circular pero que creímos complicada, así que decidimos subir por el camino que indicaba de bajada y ahí fue donde atravesamos toda la zona de bosques que os comentaba antes. Subiendo sin parar encontrábamos de vez en cuando algún riachuelo atravesando el paisaje, siempre hacia arriba, hasta llegar cada vez más a una zona pedregosa y sin vegetación arbórea.

Una vez allí, exceptuando por el frío, la vista hacía que la subida mereciera la pena sin ninguna duda. Yo me quedé descansando mientras mis amigos y pareja se iban a uno de los riscos a explorar; luego subimos a una de las cumbres para comer en la cima, entre unas grandes rocas refugiados lo más posible del viento.
Tras nuestro breve descanso para comer (no duramos mucho parados debido al frío) nos dedicamos a trepar por las rocas de una de las torres que, aunque no son escalables, su mayor interés está en el reto que suponen, así como en sus formas producidas por la erosión y, ante todo, sus magníficas vistas que, desde la zona más alta que logramos alcanzar, pudimos disfrutar.

Desde la cima, miraras hacia el punto que miraras, siempre se presentaba una imagen espléndida de la sierra que pisábamos: desde las curiosas formas de las rocas delante de nuestros ojos, con la ciudad de la que veníamos de fondo donde hasta se distinguían las famosas torres de Madrid, hasta la montaña verde con pinos que teníamos a nuestra espalda, coronada por la gran cantidad de nubes que había más allá de la cumbre en la que estábamos y que se extendían sobre la montaña como una bruma imparable; en definitiva: toda la magnificencia de la montaña a nuestros pies.

También tuvimos el placer de contemplar unos cuantos buitres sobrevolando allá arriba, que se distinguían bastante bien de lo cerca que estaban. Así, antes de salir, aprovechamos para descansar un poco y sacar alguna foto más.
Para la bajada tomamos un camino señalizado pero que resultó ser muy escabroso, nos alejamos de la zona del bosque y empezamos a descender por peñascos, saltando de roca en roca, habiendo grandes distancias entre unas y otras que me obligaron a hacer verdaderos ejercicios de equilibrio, ya que poseo piernas cortas.

Sin embargo a pesar del esfuerzo siempre que levantabas la vista los que se veía era impresionante, a pesar de ver que las rocas por las que descendíamos no terminaban, hacia delante la montaña se extendía, inmensa, entre las luces y sombras que proyectaban las nubes y permitiendo hacer fotografías tan bonitas como las que os estoy colgando.

Como la vida en si misma, la montaña agota, pero a su vez te da descansos en su camino, para poder levantar la vista del mismo y poder contemplar la hermosura que el viaje nos brinda.

Desde luego hubo momento realmente complicados de bajar entre cañones estrechos que terminaban en rocas debajo de las cuales había fácil metro y medio de caída; supongo que mereció la pena, pero hubo momentos que fueron realmente duros, y es que La Pedriza es así, si te metes por un mal camino, aunque esté señalizado, y te apartas del camino del bosque solo encontrarás piedras y más piedras, que tendrás que sortear para poder llegar al final.

Por suerte decidimos terminar en Charca Verde, una de las pozas más conocidas y visitadas de esta zona; llegamos sobre las 17:30 desde las 08:15 que iniciamos la marcha, y nos sentó el baño en sus frías aguas como mano de santo para quitarnos el polvo y el calor del camino que habíamos acumulado en la bajada, pues el cielo se había despejado algo más y empezó a darnos un sol que calentaba lo suficiente.

A la vuelta volvimos hacia Cantocochinos por la vereda del río, disfrutando de sus preciosas vistas, esta vez de las pozas y de la propia montaña, pero desde abajo. Vimos muchísimas zonas de baño que daban descanso a familias que habían ido a pasar el día y a senderistas que, como nosotros, venían de recorrer el monte, y por fin llegamos a nuestro punto de origen, donde nos tomamos un refrigerio y emprendimos el viaje de vuelta a Madrid.

 

La Pedriza es sin duda una de las maravillas que tenemos cerca de la ciudad que permite un lugar de descanso para todo aquel que quiera, pero también ofrece muchísimas rutas para hacer que permiten una desconexión total de la rutina diaria. Todo un espacio natural, al aire libre que ofrece un lugar de descanso para aquel que quiera adentrarse en él y, cuidándolo, descubrir alguno de sus muchos y maravillosos rincones.
* Todas las imágenes de este post, menos la fotografía de los horarios que ha sido sacada de las fuentes de imágenes de Internet, han sido tomadas por Lucía Berruga (L.B.)

DE TURISMO POR SEGOVIA, LA CIUDAD QUE NO DEBES DEJAR DE VISITAR (II)

LUGARES DONDE DORMIR Y RESTAURANTES PARA ALEGRARSE EL PALADAR

Tras haberos contado pequeñas porciones de esta bonita ciudad en el post anterior, narrándoos qué podéis ver y la historia que encierran tras sus muros y en sus calles es el momento de contaros mi experiencia en cuanto a la restauración y a la hostelería que alberga la ciudad.
Fuente

En cuanto al tema de dónde dormir como casi siempre que viajo elegí mi hotel bastante tiempo antes y más siendo la fecha de San Valentín la que caía en mi fin de semana. Había varios hoteles que me interesaban, y aunque inicialmente estuvimos mirando un par de hoteles de estilo más lujoso y caro al final nos decidimos por uno más sencillo. Había un par que nos gustaban que se ponía facilmente en 100 euros la noche como era el Hotel Don Felipe situado en el centro de la ciudad con habitaciones muy amplias con grandes ventanales de bonitas vistas a la ciudad y con jardín, y, algo más barato, el Hotel de San Antonio El Real  (imagen de la izquierda) ubicado junto al acueducto y ubicado un monasterio restaurado que alberga un claustro precioso. Este último personalmente me llamaba mucho la atención y la verdad me encantaría ir, pero finalmente y por razones obvias acabamos recortando las opciones quedándonos con la Hostería Natura, un hotelillo que nos costó 55 euros la noche, situado a cinco minutos andando de la catedral, bonito y sencillo que tenía el detalle de la ducha de hidromasaje que nos apetecía probar y, aunque con el mal tiempo no se le da importancia, también elegimos una habitación con balcón y vistas a la ciudad, que daba a una calle estrecha que, a la derecha, permitía ver la catedral de fondo.

Vistas desde el Hotel

Era una hosperia curiosa, muy amplia con unas grandes escaleras de madera y con las paredes llenas de cuadros de Picasso pintados por alguien de allí de manera no demasiado profesional pero sin estar mal pintados. La habitación estaba amueblada con muebles de madera que situados entre lo antiguo y lo moderno que encajaban eclípticamente, tenía una televisión más de tipo antiguo, sin ser pantalla plana y había un precioso teléfono antiguo de los de antes en la mesilla de noche que, curiosamente, funcionaba. También había un portatrajes de madera… era distinta a otras habitaciones en las que habíamos estado, y lo clásico chocaba con lo moderno, como era el teléfono en contraste con la ducha de hidromasaje.  Lo mejor era sin duda era la cama, grande y super cómoda se dormía de maravilla en ella.

Respecto a dónde comer contaros que el primer día escogimos el lugar por precio, en un restaurante llamado La Catedral, bonito, con dos plantas donde las cristaleras daban de vista a la catedral como bien marca su nombre. Lo que nos gustó aun así como se decía fueron los precios, tenía tres menús distintos, pero nos interesaba el sencillo y más barato: 10,50 con cuatro primeros y cuatro segundos entre los que elegir.
No era especialmente reseñable pero la presentación era bonita; yo me pedí una sopa castellana para poder combatir el frío, y mi pareja unos espagueti con tomate de primero; de segundo él se pidió unos filetes de cerdo empanados y yo un filete de ternera que, si bien no estaba mala, era muy finita y estaba demasiado pasada para mi gusto. Pero aun así comimos bien, la presentación era bonita, muy agradable en madera y los camareros correctos, por lo que por precio y comodidad no nos podíamos quejar.
Hay que decir que en Segovia no es barato comer, los menús no suelen bajar de 15 euros por persona y en general están todos entre 20 y 30 euros por persona debido a que suelen incluir cochinillo o cordero. Sin embargo hay algunos en los que merece la pena hacer el esfuerzo económico. Os cuento:
Para cenar habíamos reservado (ya que no conseguimos hacerlo para comer) en el Restaurante California, recomendado por un blog amigo: Taste and go, que me lo destacó en realidad calidad-precio, y que, desde luego, no nos decepcionó. Eso si, mi recomendación es que reservéis con tiempo (cosa que nosotros no hicimos pues reservamos el mismo día por la mañana) y que lo hagáis para comer, porque en este restaurante se come con un menú cerrado que introduce gran cantidad de comida. Lo principal allí es coger el cochinillo, que siempre es el segundo plato del menú, aunque hay distintos tipos de menú donde de segundo se puede escoger entre entrecot u otra carne de calidad, o algún tipo de pescado.

Nosotros escogimos el menú de 25 euros: un plato de entrante, cochinillo y postre, con bebida; por sugerencia del camarero compartimos los entrantes, de forma que nos trajeron primero uno y luego el otro, ambos con gran cantidad de comida, no eran unas meras tapas y solo con los dos platos habríamos cenado más que de sobra.
Entre todos los que se nos ofrecían escogimos pisto con huevo y revuelto de morcilla. El primero vino con dos huevos, detalle sin duda de que era un plato a compartir, con una cantidad más que generosa y, muy curioso, un muestrario de sales que nos dieron a “catar” agitándolas, tapándolas y ofreciéndolas para que viésemos a qué olían; entre las sales destacaba la de hibiscos, la de aceituna negra y la de limón. Respecto al revuelto venía con patatas paja natural frita, muy buenas, y con piñones lo que le daba un toque delicioso. Un gran plato que acompañado con un buen pan hizo que hizo las delicias de los entrantes dejando paso al cochinillo.
Este llegó, medio cochinillo entero para dos, en bandeja de barro, con las patatas fritas dentro y, aparte, un bol, también de cerámica, con salsa para echarlo a un lado y no estropear la piel del cochinillo. Lo cierto es que a mí no me va mucho, porque es una carne que suele cansarme y me resulta un poco grasa, por eso siempre cojo la pata o la cabeza, donde haya menos cantidad de carne para no cansarme; pero estaba francamente bueno, muy tierno y muy poco graso, para lo poco que me gusta lo disfruté bastante . También te sirven una ensalada, aparte del cochinillo, ideal para rebajar la gran cantidad de comida que te comes, para ella te ponen un vinagre balsámico de fresa que, junto con la sal de sabores, hace de la misma una delicia.
Por ultimo llegó la hora de los postres, para lo cual te traen otra carta como con 10 o 12 platos de postre a elegir, a cada cual con mejor aspecto. Mi pareja se pidió una mus de chocolate con cacao amargo que le trajeron en un bol de cerámica, muy casera y con una pinta excelente que aun sabía mejor.
Yo me pedí un mus de yogurt con tallarines de chocolate que estaba deliciosa y tenía  un detalle muy especial: el recipiente en el que venía era un barquillo con chocolate por dentro, de forma que te lo podías comer una vez terminado la mus.
Para rematar ambos postres fueron bañados con chocolate caliente, delicioso, aunque obviamente yo no pude con la totalidad del postre, había rebasado mi límite de comida y más para la hora de la cena.
Recomendado al 100%, super majos los camareros, una atención excelente como es lo del muestrario de las sales o que te enseñan el cochinillo que te van a servir antes de hacerlo, y la comida maravillosa. Aunque lo dicho, para ir a comer, ya que para cenar es demasiado comida, pero merece la pena, una gran recomendación sin duda que nos encantó.

Esa misma noche reservamos en el Restaurante San Marcos para comer allí el día siguiente. Si le echáis un ojo a la página web puede que os asustéis igual que lo hicimos mi pareja y yo al principio, pero el truco de este restaurante está en las ofertas semanales, una amplia cantidad de ofertas de fuera de la carta (y otras de la carta pero a un precio más asequible).

Así llegamos a San Marcos tras visitar el Monasterio de Santa María del Parral, tras la preciosa misa con cantos gregorianos que os he contado en el anterior post, caminando por el pueblo y bajo la permanente vista del Alcázar al otro lado del río.

En San Marcos nos encontramos con tres hojas de ofertas entre las cuales escogimos una amplia variedad de platos: de entrantes pedimos un cuarto de percebes que estaban a 40 euros el kilo y aprovechamos para degustar este manjar marino ya que estaban tan bien de precio; también un variado de croquetas casera sobre un lecho de patatas paja entre las que destacaban las típicas de jamón serrano, pero también las de setas, bacalao y, especialmente, las riquísimas croquetas de pulpo.

Además también pedimos caracoles a la segoviana, que estaban también muy buenos, la verdad es que acertamos con todos los que pedimos.

Luego ya llegamos a los platos propios, mi pareja se pidió un cordero con ajo y perejil que estaba muy bueno y tierno y yo unos sapitos (rapes pequeños) en salsa marinera con gambas y con un toque campestre de setas variadas, que  confería un sabor delicioso al guiso y que encajaba a la perfección con el sabor peculiar de este tipo pescado.

Lo mejor era el tamaño, con ninguno de los platos se cortaron un pelo y las raciones fueron más que esplendidas. Así paso que no pedimos postre aunque todos tenían muy buena pinta pues estábamos muy llenos, especialmente por la croquetas que fue lo menos ligero de todo lo que pedimos; sin embargo fue todo un placer y nos alegramos mucho de escoger este restaurante, sí que es cierto que fue más caro que el Restaurante California también por la cantidad de comida cada plato ronda entre los 10 y 15 euros; mis rapes por ejemplo fueron 13 euros y el cochifrito de mi pareja 15. En total nos salió por 65 euros los dos, 10 euros más caro que en el Restaurante California.

Nos había llevado hasta allí una recomendación de mi madre y movidos por el impulso de comer caracoles, y lo cierto es que también fue todo un acierto porque había tantos platos que no sabíamos bien qué elegir y estaban todos impecablemente bien hechos. Desde marisco, hasta carne pasando por pescado, bien atendidos y con dos detalles que harían que yo volviese al restaurante si vuelvo a Segovia: que me invitaron a la infusión y que, al traer la cuenta, me regalaron un precioso clavel.

En definitiva, recomendaros el hotel en el que estuve aunque hay otros que también tienen muy buena pinta y, por supuesto, en cuestiones de restauración animaros a probar estos dos últimos restaurantes que os menciono, pero sin olvidar que hay muchos otros sitios que tienen muy buena pinta y en los que seguramente comer también sea toda una experiencia gastronómica digna de reseñar.
Pero sobretodo animaros a ir a Segovia y a que no dejéis pasar todo lo que puede ofrecer a sus visitantes; os animo a introduciros en todo ello y a que os dejéis inundar para disfrutar de las pequeñas cosas que solo ciudades como esta pueden ofrecer.

* Todas las fotografías de este post, exceptuando en al que cito la fuente, han sido tomadas por Lucía Berruga (L.B.)