Reflexiones del Día


Lunes 19 de enero de 2015



ÉRASE UNA VEZ… UN PIROPO “BONITO”



Me molesta, me indigna, cuando una amiga me dice que se siente insegura subiendo de su casa al metro (o bajando del metro a su casa) porque pasa por un parque donde no dejan de aportarla información innecesaria sobre su físico.

Me molesta, me indigna, que encima os creáis que es un halago, que nos gusta, que nos hace sentir mejor, porque, creedme, tod@s: por cada mujer que dice que le gusta o que a ella no le importa (que conozco casos), hay veinte mujeres, como mínimo, que lo detestan. Y no se trata de diferenciar entre una u otra, se trata de que no creo que os importe si nos gusta o no. Creo que lo hacéis porque es un acto de poder para vosotros, creo que lo hacéis por satisfacer esa necesidad de “ser un hombre” (muy equivocada y  desfasada por completo), y que, para poder defender ese derecho (a sentirse más hombre diciéndole a una mujer lo que no le ha pedido que le diga), se extiende esa idea falsa de que “es por nosotras” porque “¿a quién no le gusta que le digan algo bonito?”… Y esa idea es la que se usa para legitimar algo que ya, en pie de guerra muchas veces, estamos diciendo que no nos gusta.

Yo NO me visto para que un desconocido me dé su opinión, ni salgo a la calle como un escaparate perpetuo para que se me observe y valore como si fuese una cosa o un objeto que estáis decidiendo si os gusta o no. NO pido vuestra puntuación sobre mi cuerpo, ni quiero comentarios sobre la ropa interior que puedo o no puedo llevar en ese momento, ni quiero saber si os gustan mis piernas, o si el escote te parece lo suficientemente pronunciado, o si el vestido que llevo me queda bien. NO quiero hablar contigo solo porque tú decidas que quieres hablar conmigo, NO quiero tener que decirte que no quiero hablar contigo de forma educada, ni de forma agresiva. NO quiero tener que sentirme incomoda porque suceda algo de todo lo anterior.


Otra cosa, que yo no sé si es que no se logran definir los términos o distinguir una cosa de la otra, es que me lo diga alguien que conozco. Es decir, que un amigo o un compañero (al igual que lo diría una amiga o una compañera) me diga que ese día estoy muy guapa o note que me he arreglado un poquito. Eso se agradece, pero porque le conozco; yo a mis amigos chicos les digo lo guapos que están ese día o lo bien que les sienta la camisa que llevan y no pasa nada, y al contrario igual  (exceptuando por el hecho de que a mí se me levantan los colores rápidamente), pero porque los conozco y hay CONFIANZA. Esa es la gran diferencia, porque a todo el mundo le gusta (a riesgo de generalizar) que nos digan que ese día, pues oye, porqué no, tienes buena cara, o has sabido conjugar con acierto los colores de tu indumentaria (hablando fino y bien).

No se trata de que no se pueda hablar con nosotras, se trata de respetar los límites de la educación que todo ser humano debería haber recibido en su tierna infancia o haber desarrollado como persona.

Yo ya bastante tengo con que mi madre hable de mi peso aun cuando le pido que no lo haga, bastante tengo con enfrentarme al espejo y a mí misma por las mañanas, para que venga el listo de turno a darme una opinión que no le he pedido y que me hace sentir mal cuando no he hecho nada más que vestirme para salir a la calle.

Porque ese “piropo” que tantos hombres dicen que “mientras no sea una grosería es algo que sirve para subirnos la autoestima” es desagradable, de oír y de sentir, no hace falta que te suelten ninguna burrada del tipo “¡Bonitas piernas! ¿A qué hora abren?” o “Si tu culo fuera un banco te la metería a plazo fijo”… frases groseras y de un claro contenido sexual; no, no son necesarias para hacer que una mujer se sienta incomoda. Con un “Hola guapa” (experiencia real y vivida en persona hace solo un par de días) mientras se despega de la pared donde esta apoyado y viene hacia mí con intención de cortarme el paso, a mi ya se me revuelve el estómago lo suficiente. Y digo yo ¿por qué debo sentirme mal por el simple hecho de ir sola hacia mi casa? ¿Por qué nadie tiene que, sin conocerme, tomarse el derecho de decirme cómo soy o dejo de ser físicamente y acercarse a mi? ¿No os parece que es algo injusto hacia mi, como persona, y que tengo derecho a decir que NO lo quiero?
Porque esto, señores y señoras, esto que acabo de contar aquí es real, me ha pasado, y es lo menos que te puede pasar andando sola… y, por si no lo sabíais, SI, es ACOSO, y es el principio de toda la violencia sexual. 


Si se legitima el piropo, si se permite el acoso verbal, el convertir a la mujer en una mera exposición que observar y sobre la que opinar (para bien o para mal), se cosifica a la persona… y no somos cosas, ni objetos; pero sobretodo se legitima que el hombre que se siente con derecho para acercarse, tocarnos y hablarnos sin contar con cómo nos sentimos nosotras ante esa invasión de nuestra intimidad, se sienta con derecho a decidir (por supuesto también sin nuestro consentimiento), que puede ir a más. Se legitima la violación y el acoso sexual, se legitima que la mujer no pueda defenderse, porque “como va vestida / actúa así, para que le digan cosas” obviamente “está buscando que la empotren contra la pared”.

Legitimidad y seguridad es la balanza que nadie equilibra, porque yo he salido de fiesta con una minifalda muy corta y un top que enseñaba escote, con mi bota de tacón y maquillada y muy segura de mi misma, pero en la calle todo cambia, y me he sentido mejor cuando mi pareja me ha acompañado hasta el lugar en el que quedaba con mis amigas; lo cual sirve como un escudo contra los acercamientos y las opiniones que no he pedido pero no contra las miradas.


Esa mirada que toda mujer conocer: la que te hace sentir desnuda, indefensa y que te dan ganas de darte la vuelta y quedarte en casa con tu pijama que tapa muy bien todas las partes de tu cuerpo.

Cuando el hombre se comporta como una animal movido por sus instintos sexuales (incapaz de controlarse ni de reprimirse), cuando el hombre anima a otros con su actitud o sus enseñanzas a que la mujer que dice NO siempre es cuestionable porque “la mujer no sabe lo que quiere”, cuando se promueve el acoso como hacen ciertos seres en las redes sociales, cuando leo frases como las que pongo a aquí a la derecha, se legitima que la mujer no se encuentre segura en la calle y que no pueda andar tranquila de un lado a otro o esperar sola en una plaza sin que tenga que soportar algún tipo de acercamiento que ella no ha pedido. Últimamente he leído mucho sobre el tema, opiniones de ambas partes y no puedo estar de acuerdo con aquellos que afirman que la mujer que dice que no, no tiene porque querer decir que no, ya que si sonríe o te rechaza de forma educada está claro que le interesas y puedes seguir insistiendo.


Por si algún chico me lee diré que si yo digo que NO con toda la educación que me han enseñado mis padres y no me pongo a chillar como una histérica pidiendo ayuda, no estoy legitimando nada. Que diga que NO con una sonrisa porque no quiero ser desagradable, como mi interlocutor, y no lance directamente un rodillazo a las partes bajas del mismo no quiere decir que lo legitime. Que directamente ignore al otro con la esperanza de que se dé por aludido y me deje en paz, no está legitimando que puedas seguir siendo un pesado de pesadilla. 

Y creedme, el NO es NO, porque si yo he salido de fiesta y me ha apetecido bailar con un chico que me lo ha pedido he dicho que SI, y si no me apetecía he dicho que NO.

Me resulta curioso el hombre, porque se dan muchos casos (y hablo por experiencia) de estar en una discoteca, o en un pub, o en un bar… o donde sea, y que se te acerque un chico y se ponga a ligar contigo como si tuvieses que dar gracias a Dios por ese regalo del cielo que te ha tocado (mientras tú estás pensando que Dios tiene mucho sentido del humor); el caso es que después de decirle que no te apetece o que no quieres bailar / tomarte una copa / hablar con él, el muchacho no se rinde y decide que merece la pena insistir; una vez que has repetido el proceso dos o tres veces te hartas y le gritas o le empujas para que le quede claro que te tiene que dejar en paz… y entonces ¿qué pasa? Por supuesto el hombre te insulta y da una opinión que no has pedido: te dice que eres fea, o una creída, o una guarra y que no vayas vestida provocando si no quieres que se te acerquen (porque claro, la culpa es mía de que me acosen o me agredan verbalmente).


Así que esa es la fórmula: Se te insinúan + tú dices que no amablemente X 3 veces + insisten + das a entender claramente que no quieres (de forma verbal o física) = te insultan. Es tan lógico que no sé cómo cabe en una cabeza que al hombre le parezca que encima somos nostras las exageradas.

No suelo entrar en temas de machismo ni de feminismo, leo mucho y tengo mi opinión, pero nunca había escrito nada sobre ello. Sin embargo, con todo lo que se ha generado últimamente con lo del piropo y la polémica de eliminar o no eliminarlo ha hecho que  me pareciera necesario hablar sobre el tema. Mi propio padre dice que soy una exagerada o que saco las cosas de quicio cuando le digo que la situación es fácil de entender: un hombre en la calle no tiene miedo de la mujer, ni sale de casa pensando si los pantalones o la camiseta que llevan harán que le digan algo que no desea oír, o que le toquen; mi padre piensa que es exagerar cuando le explico que un hombre haciendo footing sin camiseta no es acosado y que el día que denuncie que lo es podrá ponerse en la piel de la chica que por llevar un top ajustado cuando sale a la calle (ojo, no por ir sin camiseta) le increpan y le dicen cosas que ella no ha pedido.



Esta situación convierte al hombre en un privilegiado y, como privilegiado, debe ayudar al cambio.

Si el hombre no siente que es un privilegio poder salir a la calle sin miedo, poder salir vestido como quiera sin siquiera cuestionarse las consecuencias, sin sentirse acosado o mal por la ropa que lleva o el cuerpo que tiene… es hora de poner las cartas sobre la mesa y decir las cosas como son.

Y podéis opinar lo que queráis, pero que me digan que exagero cuando intento explicar que, mientras un hombre no se para a pensar que por llevar un pantalón corto en verano puede tener problemas volviendo por la noche solo a casa, una mujer si puede temer ponerse una falda en las mismas condiciones, hace que me salte la alarma.

Yo solo digo que si legitimáis (hombres y mujeres) que se nos piropee en las calles, que opinen sobre nosotras como si fuésemos trozos de carne, como si estuviésemos en el mercado y solo se estuviese exhibiendo la compra del día, legitimáis que ese hombre pueda sentirse con la confianza de, además de hablar, tocar… y no solo eso, legitimáis que se sienta con derecho a tratarnos como un trozo de carne y que pueda intentar agredirnos, no solo verbalmente, sino físicamente.
¿Y sabéis lo peor? Que encima legitimáis que la culpa se le eche a la víctima, porque por supuesto es ella la que lo estaba pidiendo por su forma de vestirse / de bailar / de mostrarse al mundo.

Lo dicho, podéis decir lo que queráis, pero si legitimáis el grano de arena legitimáis la montaña. Aunque también podéis seguir haciendo como si no pasase nada.

Lunes 22 de septiembre de 2014



AMIGOS: TRIPULANTES DE NUESTRO BARCO



Hoy pensaba en aquel “Adiós Lucía” que leí a través de la pantalla del móvil hace ya más de tres meses… no era un adiós de despedida como ya había leído, era un “hasta luego” que ponía fin a una conversación que podía continuar en cualquier otro momento, y sin embargo algo se me agriaba en la boca del estomago al leerlo, quizás era porque llevaba más de un año sin cruzar una palabra real, de esas con volumen y forma que salen de los labios de alguien y la escuchas ya sea ante un café o tras un auricular. 
Para mí aquel mensaje era prácticamente una despedida: las circunstancias, el tener que parar y dejar morir algo que solo tú estás reanimando, viendo como cuesta cada vez más mantenerlo vivo y, cómo el esfuerzo, es cada vez mayor y cada vez más inútil.
No he vuelto a escribir a esa pantalla que nos ponía en comunicación, ni una línea y ni un saludo como llevaba haciendo los últimos años: manteniendo una conversación que si creí que se podía mantener fue porque no quise ver que era a costa de acarrearla por mi cuenta y riesgo.
Y a veces el riesgo, el precio, es demasiado alto.

Eso, sumado a toda una existencia que continúa sin cesar hacia delante, me hizo reflexionar sobre los amigos, sobre las personas que nos acompañan en este viaje que todos realizamos… me hizo pensar en la vida y, la verdad, no saqué una conclusión nueva, ni siquiera clara, simplemente, y cada vez más, pienso que la vida puede ser como una metáfora y cada uno tiene la suya propia; yo, por ejemplo, cuando pienso en mi vida y en las personas que forman parte de la misma me gusta parafrasear, hablar de ella como si fuese un barco y, en él, tus amigos son los que van contigo, viajando y acompañándote allá a donde te lleve la corriente; no tienen por qué ser tu familia de sangre, sino aquella que, de una forma u otra, ha acabado por subirse a tu barco y que tú has elegido como tus compañeros de viaje.
Como en todas partes las personas que te acompañan pueden ser de distintos tipos: pueden ayudarte a llevar el timón de tu barco, a sortear las tormentas mojándose contigo para ayudarte a dirigirlo lo mejor posible y que, si me apuras, no te ahogues en lo que a lo mejor solo es un baso de agua; pero también pueden quedarse sentados viendo cómo te apañas tu solo mientras ponen esa cara de “conténtate con que por lo menos esté  aquí y no haya saltado al mar“… que también los hay, claro, en el extremo más negativo los hay que escapan y, como puedan, se llevan el bote salvavidas con ellos y “anda y que te zurzan“.
Si, haber hay de todo, y eso es algo que nadie desconoce. Pero hablemos de los puntos intermedios, pues no todos van en los extremos: ni todos te ayudarán a girar el timón ni todos se dedicarán a hacer un “sálvese quien pueda” que te deje más frío que la ola que se te viene encima. En las escalas están los que, tras la batalla contra las olas, te preguntan qué tal  te ha ido la navegación, también están los que te ayudan a descansar una vez terminada la faena e incluso los que te ayudan a recoger los pedazos de aquello que la tormenta haya podido romper… y luego están los que solo sirven para desconectar: los que cuando el mar está en calma y todo va bien montan una fiesta en la cubierta… eso si, ojo con ellos, porque en cuanto empiece a llover, desaparecerán.
Todos sabemos quiénes son nuestros segundos de a bordo, quienes nuestros cocapitanes, quienes los remeros que nos ayudan a darnos impulso y a poder continuar nuestro camino.
Ghost ship. By Ramiandi
Pero lo que todo el mundo sabe y aprende bastante pronto es esa sensación de ir perdiendo gente… lo que es ir parando en los distintos puertos a lo largo de la ruta e ir recogiendo gente nueva que se sube a tu barco porque las circunstancias son las propicias, mientras que otros se bajan porque las mismas no lo son tanto: se bajan cuando cambias de rumbo, cuando tomas nuevas decisiones hay personas que deciden no continuar su viaje contigo y así es como va uno perdiendo y sumando gente por el camino, equilibrando el barco que, a veces, va más lleno y, a veces, más vacío.
Lo que crea cierta angustia, o vértigo, es no saber cuánto dura el viaje en el que esas personas que están contigo te seguirán acompañando pues, ten cuidado no vaya a ser que gires demasiado rápido, pues ello podría hacer tu cocapitán se alejase de ti y pase a ser uno más de los que, como mucho, preguntan “¿qué tal?” después de la batida.
Todos conocemos esa sensación de desequilibrio, lo cansado que es ese cambio de tripulación, no sabiendo qué va a pasar, cuánto durará, los motivos por los que te acompañan, casi con miedo a descubrir que solo se han subido por puro interés y que todos tus esfuerzos no merecerán ni un “¿cómo te va?”.
Cuán profundo es el mar, o si se está cerca de las rocas… la niebla del mar, son cosas que angustian y más cuando no tienes claro qué tipo de personas te rodean. Una de mis canciones favoritas dice:
I never knew that everything was falling through
That everyone I knew was waiting on a cue
To turn and run when all I needed was the truth.
But that’s how it’s got to be
“Nunca supe que todo se estaba derrumbando,
Que todos aquellos a quienes conocía estaban esperando
a darse la vuelta y huir cuando todo lo que yo necesitaba era la verdad.
Pero así es como son las cosas”
Y así es como son, no hay más.
A veces me gusta adentrarme en lo más hondo, soltar el timón y acercarme al borde del barco viendo como lo engulle el mar, como el viento lo zarandea desequilibrando todo, me quedo ahí quieta viendo como las olas golpean y resquebrajan lo poco que queda en pie. 
No me importa hundirme… a veces hay tan poco que salvar que casi es mejor tocar fondo, porque sé que de una u otra forma, mejor o peor, con más o con menos gente, volveré a emerger y a continuar la ruta.
A veces es mejor parar y dejar que pase, a veces es necesario aceptar que debemos hacerlo solos. La ruta no es sencilla, la vida es complicada, no es nada nuevo, nadie que haya vivido un poco se traga ya el cuento. A veces hacemos el mismo camino una y otra vez y chocamos, encallamos e, incluso, naufragamos contra la misma roca, como si fuésemos incapaces de aprender a manejar el timón como personas inteligentes… la razón es sencilla: cuesta alejarse de lo que nos hace daño, y más si proviene de alguien cercano.
Como persona que se apega sin razón a esa extraña sensación, casi como si fuese una droga, sé que es la lección más dura: seguir el camino eligiendo, constantemente, caminos, desvíos y personas… algunas de ellas nos provocan cierta ilusión de que somos invencibles, de que podemos brillar, aunque muchas veces es solo eso:  una ilusión, la serotonina producida por la euforia del momento y el contacto con el otro; pero claro, llega un momento en que aquello que nos ponía eufóricos deja de hacerlo y empieza a doler. Dicen que esto no se supera hasta que has tocado fondo, pero… ¿cómo saber que lo has tocado?
La eterna pregunta, lo sé, sin embargo puedo decir que lo que vale es aprender que esa magnífica sensación, lo positivo, no está ni proviene del otro, que es real, y así comprender que, por difícil que sea, hay que rechazar lo que no es bueno para uno mismo, incluso en una sociedad en el que la imagen propia (y que nos han vendido que solo existe si se proyecta en el otro) lo es todo.
Como decía al principio no hay conclusión posible o exacta, la vida nos lleva y nos enseña a dirigir el timón lo mejor posible, a lidiar con todas las personas que habitan nuestro barco, a aceptar el abandono, la perdida e incluso a lo necesario que es tener que encallar y tocar fondo para poder continuar de nuevo, con más o menos destrozos.
Creo que la mejor conclusión que tengo es que por muchas cosas malas e incluso horribles que sucedan el objetivo no es tanto el hecho de ser feliz enfrentándose a ellas, sino vivirlas, sentir esas cosas horribles y aceptar que no morirás por sentirlas, saber que por muy pequeña que sea tu ventana el cielo sigue siendo igual de grande y que, qué narices:
¿Quién dijo que no llegaríamos a Ítaca?

Miércoles 14 de mayo de 2014



APRENDER A ESTAR CALLADOS



Ayer estaba demasiado cansada como para ponerme a pensar sobre una conversación que había tenido con uno de los profesores en los que más confío, pero hoy con la lucidez que te da la adrenalina de la mañana, del “venga que te espera todo el día por delante”, mi mente se ha puesto a darle vueltas a algo que lleva inquietándome mucho tiempo: el terrible e inequívoco hecho de que nos enseñan a vivir callados.

Cuando queremos alzar la voz para decir lo que no es justo, para denunciar lo que debe ser denunciado, lo que ocurre cuando suceden acontecimientos que no deberían ocurrir, te dicen “ssshhh es mejor mantener las formas, que te juegas mucho”. De esta forma te hacen pensar que no decir nada es legítimo porque puedes acabar diciéndole algo a alguien que, aun teniendo razón en tu reclamación, te hunda de cara al futuro.


El miedo a meter la pata que se suele decir, es lo que se nos inculca cuando pensamos en alzar la voz, y es que claro, solemos vivir tan callados todo el día que a veces estallamos con la persona menos apropiada; y se nos mete miedo, nos dicen desde niños que debemos respetar al que está por encima, incluso cuando vemos que sus acciones no son las que deberían ser. Se arma un bucle entre lo que debemos y lo que queremos hacer y una parte se acaba comiendo a la otra; seguro que ya sabéis cuál es el pez grande.

Es un bucle que alimentan aquellas personas que, precisamente, tienen el deber de decirte que luches por lo que es justo y enseñarte a pensar por ti mismo, que deben darte las armas necesarias para defenderte y no dejar  que otros nos digan cómo debemos pensar. Estas personas son nuestra propia familia, los profesores con los que tratamos… te dicen “la mente es libre, pero que se quede todo ahí” y que conste que yo sé que lo hacen por nuestro bien, o eso piensan ellos, o quizás porque es exactamente lo mismo que se les ha inculcado a ellos, o porque saben lo que es defender una injusticia para que al final seas tú el que salga mal parado.

El caso es que con toda licencia  y legitimidad nos quitan con la educación el arma más fuerte: las palabras, la capacidad de hablar y de expresar lo que pensamos; siguen alimentando el bucle que no cesa, el de bajarse los pantalones y dejar que violen nuestro más íntimo derecho, el de abrir la boca y tragar aire vacío de todas las palabras que no se dicen.

Vivimos en la gran mentira que nos han vendido de la libertad de expresión: no somos libres ni de palabra, podemos pensar pero no podemos expresarlo sin el miedo a que perdamos lo poco que tenemos. El arte del silencio es la mayor obra de esta sociedad absurda en la que vivimos.

Por ello vengo a mi pequeño reducto de libertad, mi blog, a decir lo que parece que no debo expresar en voz alta para no complicarme la vida, porque mi futuro está en juego y debemos consentir por él que en el presente nos pisen y se nos falte el respeto como si fuésemos nada; pues nada somos, desaparecidos en los gritos que no damos y dejados de la mano de una impotencia total que nadie remedia y, aun peor, si quieres remediarla te dirán que no lo hagas, porque siempre puede ser peor.

“Confórmate y espera”, y ahora, llegados a este punto ¿dónde estamos? Sin el don de la palabra hablada nos hemos consumido como la llama sin oxígeno, impregnados de un miedo que deja rastro y que transmitimos a los que nos rodean para evitar que el bucle cese.

Nos hacen callar y luego esperan que no tengamos miedo de hablar en público, nos enseñan desde niños una vida normalizada de lo que debe ser “normal”, el niño quiere bailar pero “eso no te va a dar de comer cuando seas mayor”… y el niño es libre, pero le normalizamos, le decimos cómo debe ser, lo que debe pensar y que debe guardar respeto a sus mayores, lo que se traduce a respetar a unas instituciones y figuras de autoridad corruptas cuando el niño se hace adulto.

Nos venden la historia del futuro, del cuando seas mayor, nos quitan la voz y nos dicen cómo debemos comportarnos; pero de lo que parece que no nos damos cuenta es de que ese futuro soñado al final nos los quitan quienes han instituido este sistema de valores, los mismos que nos han enseñado que para nosotros lo mejor es asumir lo que nos toca vivir y esperar a que pase sin rechistar para contribuir a un sistema que, como ya se ha hecho notar, no funciona, y que quizás, bueno quizás no, seguro, no puede mantenerse, aunque nos amordazan para no decirlo.

Legitimamos el poder con cada una de las palabras que no decimos, por eso la gente está saliendo a las calles a pesar de las leyes que se han hecho para coartar las pocas libertades que nos quedan, porque encima tienen la indecencia de llamarlo “ley de seguridad ciudadana”, casi hasta parece que nos están haciendo un favor, nos protegen pero ¿de qué? De ellos no, eso seguro.

Por eso las personas están tomando las plazas y las calles, pero siempre en contra de un objetivo común; sin embargo en ámbitos más pequeños como las empresas o las universidades, donde se burlan del trabajador y del estudiante, se le ignora y se atenta contra su persona con faltas de respeto, no se hace nada, la población no se mueve, porque no hay población, solo afecta a uno o a unos pocos, y encima nos contentamos con que no nos toque la china a nosotros. Dejamos así al afectado en solitario con un disimulado “apañetalas, lo siento, no es mi problema” bajo palabras de comprensión y un “entiendo que estés enfadad@”.

En espacios pequeños no nos sentimos libres ni apoyados por la masa para defender lo que es justo y por ello permanecemos callados, porque es lo mejor, porque ya pasará y porque, en el fondo, tienen razón: tenemos un presente que mantener. Realmente nos han hecho creer que tenemos mucho que perder, y puede que así sea, pero mantener una mentira a un precio tan alto está provocando una gran crisis en la sociedad, con una pérdida de identidad tal que muchas veces ya no sabemos ni cómo reaccionar a lo que está ocurriendo y ello hace que nos volvamos a dejar aconsejar, y entonces, cuando ya casi tocamos con la punta de los dedos la ansiada voz de la conciencia que dice que defendamos lo que es justo, nos volvemos a dejar convencer de que nos podemos hacer nada, de que es mejor callar.
Y yo lo he vuelto a hacer, lo admito y me revienta el hecho de haberlo consentido; pero lo he hecho porque era “lo mejor” me dicen, lo he hecho hoy por el mañana, por un futuro…
¿Por un futuro? De eso ya no nos queda, nos lo robaron junto a las palabras




Sábado 5 de abril de 2014

SOBREVOLANDO LA CULTURA CELEBRA DOS AÑOS DE AMOR POR LA DIFUSIÓN CULTURAL

Hoy es un día importante, hoy Sobrevolando la cultura, este pequeño blog cultural que construyo poco a poco y que vosotros alimentáis leyendo, compartiendo y opinando, cumple dos años, y han cambiado muchas cosas desde aquel primer aniversario en el que os contaba los progresos que habíamos hecho.
Hace un año me enorgullecía de poder contaros que este pequeño proyecto llevaba más de ocho mil visitas y había conseguido 17 seguidores, sin embargo a día de hoy puedo deciros que lleva 25 seguidores, y nada menos que 29.450 visitas, cerca de las 30 mil, algo que sinceramente me impresiona mucho ya que ha subido casi el triple de las que tenía hace un año en el mismo tiempo.
En Facebook y en Twitter también se ha ido subiendo en seguidores y ello ha repercutido en las visitas, claro… He de decir que a pesar de las dificultades que a veces supone me siento muy orgullosa de lo que hago, de tener un público que de una manera u otra acaba entrando a mis páginas, y por supuesto de la gente que me apoya. Sin todos ellos, sin vosotros, este proyecto no tendría sentido.
Me enorgullezco de estas páginas como me enorgullecería de mi pequeño bebe, porque le veo crecer cada día e ir consiguiendo pequeños logros, alentado por una sociedad que, me complace descubrir, está llena de ganas de saber más, de descubrir nuevos lugares  culturales y nuevas formas de compartir esta cultura aprendida. Despacio pero sin pausa, con más o con menos tiempo, seguimos creciendo juntos, no podría daros las gracias lo suficiente como para agradeceros que de una manera o de otra, mis lectores, me visitéis y os quedéis por estos post que hago, incluso aunque a veces sean demasiado largos… pero hay tanto que decir, ¿verdad? Tanto que contar y descubrir sobre el mundo, sobre la cultura que no puedes resumirlo en un par de párrafos… la magia de un concierto, o lo que el autor de un libro quiere transmitir, o el arte de preparar un buen plato de comida, o los paraísos culturales que son algunas ciudades… y cómo no hablar de la luz de las obras de los pintores que exponen sus obras como el maravilloso legado que nos han dejado; ¿cómo se puede contar eso de forma breve? No, lo siento, yo no puedo, disfruto analizando pequeños espacios culturales y disfruto contándoos cada detalle y reflexión sobre ellos.
A veces no hay palabras para describir tanta belleza, y necesitas girar como un satélite en torno a ella, buscando la mejor forma de aproximarte. Por eso hago lo que hago, porque me gusta escribir y porque me siento bien cuando lo hago, pero sin vosotros perdería toda su gracia.
Seguimos construyendo Fantasía como os contaba hace un año, cada día, esto es un fragmento del mundo de la Historia InterminableFantasía crece, día a día crece más, empezó siendo un grano de arena en la palma de nuestras manos y cuando más imaginamos, cuántos más somos y más os metéis a leer, más me animo yo a seguir imaginando y a buscar nuevos espacios culturales que poder narraros.
Seguimos en ello, cada día, comunicando, como periodista y bloggera, compartiendo información cultural para todo aquel que quiera hacernos un hueco.
He de daros las gracias, de verdad, por ayudar a construir Fantasía, por hacer que en la página de Facebook seamos más, que en Twitter seamos más, por darle a me gusta a las pequeñas reflexiones que hago y por aguantar las que son largas. Gracias por compartir, gracias por el esfuerzo, por el “me ha encantado la última entrada”, por “cada día más bonitas”, por recomendarme, por pensar en mi cuando veis algo que creéis que me puede interesar. Este post es un homenaje, pero no tanto al blog como a vosotros, mis lectores, a todos, puntales o fijos, a todos los que apoyan esta preciosa profesión que parece de capa caída pero que con la libre circulación de información, sin veto, seguimos todos luchando todos los días por ofrecer lo que se merece el mundo: información crítica, dada por los que observamos el mundo que nos rodea.
Sigo buscando mentes alternativas que busquen otros mundos presentes, pasados y, por supuesto, futuros. Si queréis seguir adelante conmigo en el camino y leyendo lo que os tenga que contar seréis más que bienvenidos, será un honor llevaros conmigo y poder seguir creciendo juntos, aprendiendo juntos, desde todas las partes del mundo y para todas ellas, porque la cultura es luz y puerta abierta para todos nosotros:

La cultura es la sonrisa para todas las edades, puede estar en una madre, en un amigo o en la flor o quizás se refugie en las manos duras de un trabajador. León Gieco



Viernes 24 de Enero de 2014

CÓMO EL ENAMORAMIENTO NOS ALEJA DEL AMOR VERDADERO

Psique reanimada por el beso del amor de Canova
Hace no mucho leí un artículo en El País Semanal que se titulaba como he titulado este post: “Cómo el enamoramiento nos aleja del amor verdadero”, de Stephen Grosz. Me pareció muy interesante ya que era un artículo que trataba este hecho desde la psicología, de esta forma se ponía de caso a una mujer que llevaba manteniendo 9 años una relación con un hombre casado durante los cuales había ido permitiendo todo tipo de mentiras y engaños porque estaba enamorada de él, impidiéndole hacer una vida normal y dejando que toda su vida girase en torno a él. El bucle, cuenta el artículo, llega al punto de que el hombre, tras haber prometido dejar a su mujer y no hacerlo, le dice a su amante que se ha enamorado de otra mujer y que va a dejar a su mujer por ella y la reacción de la amante es pensar que esa nueva mujer no podrá “manejarlo” y eso le hará quedarse solo, sin su mujer y sin su nueva novia, lo que le hará volver a ella. Este pensamiento, que podría ocurrir para ella no es una posibilidad, es una certeza, sin embargo se empieza a dar cuenta de que mientras todo el mundo ha seguido con su vida y evolucionado ella se ha quedado congelada en esos 9 años, sin hacer ningún cambio ni avanzar; ello la hace sentirse sola y tiene miedo de quedarse así siempre y, poco a poco, empieza a descentrar su vida de ese enamoramiento y dándose cuenta de que por aferrarse a él ha despreciado el amor de sus amigos, de su familia, obcecándose en algo que era obvio que no podía terminar bien.

El artículo me impresionó mucho y dio respuesta a algunos asuntos personales por los que creo que todo el mundo ha pasado alguna vez en su vida y por eso quería compartirlo con vosotros, así como mi reflexión sobre ello.
Muchos de nosotros, por no afirmar que todos, hemos vivido esa situación de fascinación y enamoramiento por la otra persona, convirtiéndola en el objeto de nuestro delirio y no atendiendo a razones sobre lo que rodea y fundamenta esa relación. Generalmente esa fascinación es unidireccional lo que convierte el objeto de deseo en una meta inalcanzable que a veces, como en el caso del artículo, podemos llegar a poseer pero parcialmente, pues la fascinación y nivel de entrega no es mutua.
Cuando hablo de enamorarse como una fascinación es porque generalmente la persona afectada no es capaz de ser racional sobre sus sentimientos, incluso aunque intente dividir su corazón de su cerebro el amor que siente o cree sentir domina y se convierte en un sentido dominante, domina la forma de ver las cosas, de sentirlas, de oírlas… incluso de saborearlas u olerlas.


A veces te obsesionas con la persona inadecuada y eso hace  que dejes de lado a aquellas que si son adecuadas, dejándolas pasar desapercibidas o incluso rechazadas de nuestro lado por nosotros mismos. Uno de los casos más típicos que se pueden ver, además del amor falso en una relación de amantes donde él o la otra no es capaz de dar el paso y dejar a su pareja por el amante ya que realmente no hay amor de verdad, solo el fugaz capricho del enamoramiento y del calor envolvente del sexo casual, es ese mismo encaprichamiento en las parejas aun no casadas pero que también puede llevar a una relación paralela, a veces provocada por alguien externo que se mete en la pareja o porque uno de los dos se desvía e inicia una obsesión hacia otra persona ajena a la pareja y que suele ser de su entorno más inmediato.

A pesar de aquellos que dicen que no se puede “querer” a dos personas a la vez he de decir que no estoy de acuerdo, pero obviamente no es amor. Tu puedes querer a tu pareja y que sea amor, a lo mejor no ese amor intenso del principio pues con el tiempo las cosas se suavizan y queda en un tipo de amor más profundo, arraigado en nosotros y marcado por el cariño y la lealtad, por la comprensión mutua y las experiencias vividas juntos. Cuando se aprende a ese “dejar de flotar” cuando estás con la pareja o a que todo sea más bonito es cuando la relación se estabiliza, sigue siendo bonita, sigues flotando pero más con los pies en el suelo… bajarse de la nube y afrontar que tu relación ya empieza a ser seria, que aflora el compromiso puede asustar, es el momento de formalizar de verdad una relación. 

En el artículo se citaba a una poetisa que decía algo así como “el enamoramiento es la parte excitante del principio y el amor real es la parte aburrida del que viene después“, realmente podría verse así, porque la rutina es muy poderosa y puede matar una relación, en las dos personas de la relación está el poder de mantenerla viva porque, como escribió Richard Bach en Puente hacia el Infinito, en la pareja es posible que “dos personas cambien juntas, crezcan juntas y se enriquezcan mutuamente, en vez de empobrecerse. ¡La suma de uno más uno, si son dos seres adecuados, puede ser el infinito!” Sin embargo resalta el problema de ese equilibrio pues “con mucha frecuencia una persona arrastra a la otra hacia abajo; uno quiere subir como un globo y el otro es un peso muerto”. Es ese peso muerto, ese “en la pareja siempre hay una parte más implicada que otra” que decimos lo que acaba destrozando las relaciones. Si las dos personas quieren estar juntas lo estarán, y lucharán por ello, pero cuando una parte no está a muerte con la otra aunque la otra parte sí que lo esté es cuando corre el riesgo de buscar emociones fuera de la pareja, se sentirá atraída por otras personas con toda seguridad, personas que creerá que le dan lo que su pareja parece que no puede darles y se enamorará de ella, pasando a un estado donde rechazará el amor verdadero, el de su pareja, su compañero o compañera, por otro distinto, fugaz.
Apolo y Dafne de Bernini
Obviamente eliminamos de la hipótesis las variables que dicen que esa nueva persona podría ser su pareja adecuada, que la anterior realmente no le aportaba lo que necesitaba, etc. si nos quedamos con el hecho de dejar que ese enamoramiento, esa ilusión del principio, la búsqueda de una nueva emoción nos hace desprendernos de algo tan valioso como una relación estable podemos decir que el enamoramiento, o ese estado de enajenamiento de la realidad, nos hace enlazarnos o unirnos a alguien que no es real (o no al menos como nosotros le vemos) y ello nos hace desconectar de la gente que realmente está a nuestro lado.
Mi profesor de Derecho nos contó una vez una historia, un chiste realmente, en el que un hombre en medio de su proceso de divorcio alegó en su propia defensa que su casamiento había sido producido bajo un estado de enajenación mental ya que, en el momento de casarse, él estaba enamorado de su mujer y no se daba cuenta de lo que hacía impulsado por ese amor que le alejaba de la realidad. Obviamente no es real, pero es un ejemplo de cómo el enamoramiento, lo que nosotros creemos que es amor y que resulta solo ser un capricho, nos hace perder el control y el sentido de la realidad, huyendo de la verdadera relación que nos ha satisfecho durante tanto tiempo.

Vivimos en un mundo lleno de caprichos donde, aunque tengamos un buen móvil, un vestido, unos pantalones, un ordenador… cuando salen cosas nuevas, aunque sean una variedad distinta mínimamente de lo que ya tenemos queremos tenerlo. En un mundo donde lo que se rompe se sustituye por algo nuevo en vez de arreglarlo muchas relaciones no pueden sobrevivir porque queremos más, constantemente, para satisfacer nuestras expectativas.
Como persona que ha vivido una situación de enamoramiento, enajenada del verdadero amor y permitiendo que la persona a quien quería se alejase de mí y manteniéndome yo alejada de ella por un mero capricho que yo consideraba algo más, así como por ser incapaz de ver el verdadero amor y dejándome arrastrar por un torrente de emociones y de sentimientos puedo afirmar que las personas que sufren de este amor, que, como en el ejemplo inicial, también se puede dar en una persona soltera hacia otra persona a la que idealizamos y convertimos en un objeto de deseo, que el enamorado, al igual que un paranoico, guarda detalle de todo lo que pasa en torno a esa persona, se empecinan en cada pequeño detalle favorable ignorando casi sin darse cuenta las realidades que tiene en frente y que le harían ver cómo es esa persona realmente que, por desgracia, se aleja del ideal que nosotros le hemos impuesto. Toda esa información es recogida con avidez e interpretada, por no decir deformada, por el enamorado, pero en realidad todo ello solo es parte de su delirio. La poetisa ya mencionada tenía otra cita que me apunté en la que decía “Los enfermos de amor están poniendo a prueba sus fantasías frente a la realidad” y, a pesar de la angustia que puede generar esa imagen mental, no real, del otro, las personas seguimos ignorando la realidad y acercándonos a quien no debemos en busca de ese amor que difícilmente podremos encontrar en esa persona.

Da igual si estas en pareja, o soltero y da igual que la persona que te guste esté en pareja o soltero, las malas relaciones vividas forman parte de nuestro día a día y tanto con los errores cometidos, así como con los aciertos, seguimos hacia delante. 

Como dice el artículo del que parto, no podemos rehacer el pasado pero si podemos cambiar el presente; si intentásemos vivir una vida sin pérdidas, intentado cambiar ese pasado y nuestros errores solo serviría para vivir una vida triste, para deprimirnos, pues el pasado no se puede cambiar. Para terminar me quedo con una de las frases de Grozs que dice así: “el cambio es mayor cuando reparamos nuestra relación con lo perdido, con lo olvidado”. Quizás solo se trate de aprender a vivir con nuestros hechos, plantarnos ante las escenas del pasado y saber que aunque puede que no lo hiciésemos bien lo hicimos lo mejor que supimos o que fuimos capaces; comprenderlo y crear la visión de conjunto que permitirá que sigamos con nuestra vida, intentado no caer en los mismos errores que ya cometimos. 

Domingo 6 de Octubre de 2013


DISTANCIA


¿Qué murallas derriban tu voz en el sigilo de la noche? Esa distancia que cae como un telón entre el vacío y la memoria ardiente de los días” 

Hoy quiero hablar de Distancia… hay muchos tipos de distancia en nuestro día a día, en nuestra forma de vivir, de relacionarnos y comunicarnos con los demás. La Distancia es esa barrera transparente, casi invisible pero muy tangible, contra la cual todos nos chocamos en algún momento. 

Actualmente la distancia está por todas partes, vivimos distanciados de los demás y muchas veces de nosotros mismos. No hablo solo de la distancia definitiva que implica la muerte (que también cuenta como un tipo de Distancia) ya que esa no se puede evitar.
Como buena distancia, cuando alguien se va de nuestro lado porque se muere se queda un vacío reconocible de ausencia del que cuesta bastante desprenderse, como un peso colgado en el alma que hace un desgaste constante y que, aunque podemos vivir con ello, hace que nuestra vida nunca vuelva a ser igual ni que la vivamos de la misma manera.

En esa distancia física de dejar de ver a la otra persona por causas que escapan a nuestro control como es la muerte, también tenemos la distancia de aquellos que abandonan el hogar para buscar una oportunidad fuera del entorno que siempre han conocido. Actualmente asistimos a una emigración de gente querida y conocidos que, en busca de una oportunidad mejor, se va a otros países y ciudades dejando atrás familia, amigos y, a veces, pareja (por remarcar los puntos clave de las personas) por intentar encontrar el camino que los políticos y la famosa crisis, que ya viene durando años, les niegan. Esa distancia también hace que modifiquemos nuestros hábitos… y tanto!! ¿verdad? Que se lo digan a los que se marchan… pero, además de esa distancia para los que se van, también está con la que tienen que vivir los que se quedan, los cuales, hacen con los que se van la promesa de escribirse y hablar por las vías que actualmente nos oferta Internet para no perder el contacto y, sin embargo, a pesar de todos esos medios que las nuevas tecnologías nos ofrecen tienes que tener un vínculo muy grande con una persona para no perder la esencia de lo que era una relación (como con la familia), porque la distancia acaba segando los momentos vividos, las risas, las charlas frente a un café y, con el tiempo, todo ello queda relegado a un segundo plano. Ambas partes siguen haciendo su vida por separado, hasta el punto de que al final no tienen nada que ver y, aunque el reencuentro es posible y alegre, miles de detalles se quedan por el camino, perdiéndose en esa distancia y en el paso del tiempo las particularidades que hicieron que la relación floreciese.
Y ya que las menciono, respecto al papel de Internet y las Redes Sociales… muchas veces se me plantea la duda de cómo es posible que existiendo tantos medios y formas para estar permanentemente en contacto estemos todos tan distanciados. Creo que el problema es que hemos sustituido el tomarnos un café en frente del otro por un mensaje por el chat del Facebook o cualquiera de las Redes Sociales actuales, también hemos cambiado una conversación tomándonos unas cañas por una hecha por Whatsapp, ya ni siquiera hemos hecho el cambio por una conversación telefónica donde puedas oír la voz del otro, no, todo a través de una pantalla que, cada vez evoluciona más para que podamos mandarnos videos, fotos y mensajes de voz.

Y funciona, sea por lo que sea, por precio, por comodidad o porque somos, como podría decir Quevedo, hombres a un móvil pegados… vivimos esclavizados a una emisión permanente de noticias y actualizaciones propias, a un contacto constante con el mundo, con los que leen tu perfil llegando a que si no está en Facebook no existe, y esa es la línea a seguir: ¿Sales a cenar? Subes una foto al Facebook, incluso desde el propio restaurante si hace falta, no se espera a llegar a casa, ¿Haces algo especial? Lo escribes y publicas, ¿Sales de fiesta? Se suben las fotos a la red social… y así con todo, sentimientos, ideas, opiniones… todo acaba reflejado en nuestro perfil, creando un desglose de nuestra vida que aquellos que hemos elegido y que están en nuestro círculo de “amistad” puedan leer y seguir, así como comentar y compartir.

Entonces… ¿Por qué tanta distancia? Si el mundo cada vez nos lo pone más fácil para comunicarnos… ¿por qué esa sensación de distancia con la gente? Yo creo que es porque se ha creado una sensación falsa de cercanía con las redes sociales, hemos asumido que el otro estará en constante observación de lo que nos pasa en el día a día pues cada uno aplica su forma de ser a estos espacios virtuales y se nos olvida el gran paradigma de que por el hecho de que tú te desvivas por estar con el otro y estar pendiente de lo que le ocurre en su vida eso no implica necesariamente que él vaya a estar pendiente de lo que ocurre en la tuya; porque la realidad  es que cada uno vive en su mundo, individualizado del resto, sin preocuparse del otro nada más que lo necesario, y a veces ni eso. 
Constantemente asistimos a una sensación de vacío ante el hecho de estar mal física o sentimentalmente y que, a pesar de que la gente lo sepa (aquellos que en teoría son los más cercanos, los que nos importan), no pregunten ni se preocupen de lo que pasa. Vivimos con la permanente sensación de que nos chocamos contra un muro y a nadie le importa, de que nadie nos oye y a veces ni siquiera se nos ve. Este círculo constante de la pescadilla que se muerde la cola nos pasa a todos, incluso le pasa a aquel que nos lo hace a nosotros por el simple hecho de que todos tenemos personas más importantes en nuestra vida que otras a las que les damos más importancia y, quién sabe por qué, estas personas casi nunca son las adecuadas ni las que nos responderán con atenciones.
Una vez yo escribí una carta en mi muro de Facebook que titulé “Querido desconocido que te haces llamar amigo” en la que hablaba de ese “siempre llamar yo” de “escribir primero yo para preguntar” y de “no recibir respuesta muchas veces”, del cansancio y de lo decepcionante que es que eso pase contantemente… y para mi sorpresa varias personas lo compartieron además de que muchos le dieron al famoso “me gusta” que implica que una publicación sea insignificante o no. No estamos solos en ese sentimiento de abandono constante de aquellos a los que les pedimos atención como si fuéramos pajarillos con el pico abierto en busca de un poco de afecto. La famosa frase de “Quien te quiere te lo hará saber y quien quiere estar está” o la de “Cuando alguien te quiere se nota, cuando no se nota más…” publicadas en los muros propios o de otros son esa muestra tangible de ese sentimiento de soledad.
Además del hecho de que se nos olvida que no todas las personas son como nosotros ni se comportan como nosotros nos comportamos, también se nos olvida que no vale con un mensaje, que la distancia que impone la red ha de disolverse con la espuma de cerveza de una noche de risas y que es importante mantener los lazos pues somos animales sociales, necesitamos contacto… y si nos quedamos esperando a que el abrazo que necesitamos llegue a través de la pantalla para quedarnos satisfechos… entonces todo seguirá igual. La red social sirve para facilitar la comunicación y poder concretar de forma más barata y cómoda las formas de estar con otros, pero hemos de completar esa relación virtual con el contacto real que toda persona necesita para sentirse completa.

Sin embargo asistimos a otras distancias que también pueden hacer que modifiquemos nuestra forma de vida. Por ejemplo y muy importante me parece la distancia respecto a nuestro propio cuerpo… y con ello me refiero a la forma que tenemos de vernos a nosotros mismos (físicamente) y de cómo vemos a los demás, de las normas que nos impone una sociedad y una moda determinada que va modificando nuestros hábitos y nuestra forma de mostrarnos al mundo. 

En esta forma de ver nuestro propio cuerpo y sus adornos textiles entran muchos prejuicios y algunos temas de sexismo cotidiano con el que las mujeres nos vemos obligadas a lidiar día a día… como por ejemplo que se nos trate como objetos por la ropa que llevamos. Yo misma el otro día reprendí a un tío por hacerlo pero iba con vaqueros, si hubiese ido con falda puede que me hubiese sentido más azorada porque “enseñaba más” y eso me hubiese llevado a no decir nada, muchas mujeres en páginas como Sexismo cotidiano donde se pueden expresar por escrito situaciones como esas o de otros tipos donde el sexismo está presente (tanto para hombres como para mujeres) escriben sobre la inseguridad que sienten al llevar ropa más sensual (como un simple vestido o una falda) y que, incluso, si van a volver solas hasta casa prefieren llevar pantalones largos para evitar “situaciones desagradables”. 
Estas situaciones provocan distancia hacia nosotros mismos, nos llevan a sentirnos mal y a cambiar nuestras formas de comportamiento como las formas de vestir. Vivimos esclavizados por un mundo capitalista y consumista que impone una moda hecha para determinar las formas que tenemos de mostrarnos al mundo pero en el que, según lo que nos pongamos, determinamos cómo nos ven los demás y según como nos ven y juzgan entramos en un tipo de personas u otras haciendo que se lleve a la gran equivocación de que si te quieres poner guapa no es porque quieras que un tío te silbe o te diga cualquier guarrada, sino porque ese día te apetecía sentirte especial y arreglarte un poco para sentirte guapa.
Esta es una distancia también difícil de llevar pues nos aleja de cómo queremos ser y mostrarnos al mundo. Una distancia que se supera con el tiempo, cuando te acostumbras y, sobretodo, cuando la autoestima y fuerza en una misma crece y se fortalece lo suficiente para ignorar aquello que los demás puedan pensar o decir y aprendes a sentirte bien contigo misma.
Estos para mis son los principales tipos de distancia, los que determinan la vida que llevamos, con nosotros mismos y con los demás. Me parece importante conocerlas y analizarlas para tenerlas presentes en nuestro día a día e ir acortándolas en todo lo posible, luchar contra esa Distancia que se impone en nuestra vida y que, como decía Marlene Pasini, cae como un telón sobre ella. Se trata de poder subirlo para estar más cerca de lo que queremos ser, sin inseguridades, eliminándolas para llegar a sentirnos más completos y para alcanzar el equilibrio necesario para no derrumbarnos ante estas distancias que van calando en nuestros comportamientos diarios. De lo que no hay duda es que existen muchas vertientes abiertas sobre la Distancia que están presentes en nuestra vida, por ello si es posible ir superándolas o no dependerá de nosotros mismos, está en nuestra mano, y en la de nadie más.


Sabado 13 de Julio de 12013


LA EDUCACIÓN EN ESPAÑA: MÁSTERES UNIVERSITARIOS Y QUÉ ESPERAR DE ELLOS 


Tras unos días de relax por mi cuenta, fuera de la rutina del máster en el que he cerrado mi primer año, quería haceros una reflexión sobre cómo he vivido este curso académico, que termino hace 2 semanas y que ha tenido para mi más quebraderos de cabeza que otra cosa. A penas a dos semanas de empezarlo os escribí la entrada de La Cultura para quien puede y no para quien quiere en el que os contaba la subida de los precios de máster y lo difícil que nos lo ponen a los estudiantes actualmente con dicha  subida. Nos hacen tomar la dura decisión de si merece la pena invertir en un país como España donde, está claro, la educación y el acceso a la misma vale tan poco, donde no hay trabajo ni para los que están dispuestos a trabajar para pagarse sus estudios ya sea porque sus padres no se lo pueden permitir o porque no se les quiere cargar con esa losa. Invertir, esa es la palabra: invertir tu tiempo, tus esfuerzos, tus esperanzas, tus ganas y, cómo no, tu dinero. Porque aunque no nos guste todos acabamos cayendo en lo materialista, aunque nos guste más o nos guste menos. Acabamos cayendo en lo material, en manos del capital porque este controla nuestra vida y es la base de todo lo que tenemos: nuestro hogar, nuestra comida, nuestra forma de vida y la de aquellos que nos rodean…

Actualmente es una decisión difícil la de querer seguir formándote porque te encontrarás con muchos huecos que cubrir y que llenar, económicos, que no sabrás si merecerán la pena. Yo puedo decir que me he tirado todo el año intentando encontrar trabajo sin éxito, con más ganas de tirar la toalla que en otras épocas de mi vida que creía haber olvidado, sintiéndome muy desamparada y encontrando poco apoyo en aquellos que se hacían llamar amigos. Sé que generalmente no meto temas personales en mi blog y que, sin perder mi punto de vista, os cuento cosas que he visto, leído, asistido o escuchado, pero en esta quiero contaron cómo he visto el panorama de mi curso académico y cómo me he sentido y la perspectiva general ha sido (excluyendo a mi familia y pareja) que me chocaba de manera constante contra un muro, sin parar, y que a nadie le importaba. Ha sido un año muy frustrante y ya no solo por no encontrar trabajo sino porque el máster, quitando que pueda pagarlo o no, ha dejado MUCHO que desear en mis ganas de seguir aprendiendo, de encontrar mi camino y de abrirme puertas en la investigación. 

Ese MUCHO también ha resultado ser muy frustrante ya que los contenidos han dejado bastante que desear y la actitud de algunos profesores, respecto al contenido y forma de enseñanza, también. Para aquellos que no lo sepan hago el Máster de Comunicación Social en la Universidad Complutense de Madrid, y por supuesto no voy a dar nombres de asignaturas ni de profesores, pero puedo decir desde mi experiencia y la de mis compañeros que ha habido asignaturas lamentables por las que hemos pagado muchísimo dinero y por las que el esfuerzo que los profesores han puesto en impartirlas ha sido más bien nulo.
Hay cosas que en la carrera, mientras estudias una diplomatura o licenciatura (ahora un grado), se pueden consentir aunque tampoco se deberían hacer como el basar el programa de la asignatura en algo que no nos aporta nada nuevo a los estudiandtes o que incluso es inútil porque ni repasa los contenidos básicos, mandar e-mails preguntando a los profesores con dudas y que no se te conteste o si se contesta sea una semana después, quedar con ellos en tutoría y que no aparezcan hasta casi una hora después y que encima te digan que  estaban “tomándose algo con un compañero”… en la carrera esto a veces pasa aunque no en demasiadas ocasiones y, como digo, no se debería consentir pero tampoco ocurre mucho porque ves a los profesores dos o tres días a la semana y pueden resolverte las dudas personalmente, pero en el master, al menos en el mío, les ves una vez a la semana y para de contar, y las dudas te dicen que las resuelvas en tutoría…
Sin embargo peor que un profesor jugando al Pou con sonido en medio de una exposición de compañeros, peor que una falta de respeto como que no se te conteste a los mensajes o que no aparezcan a la hora acordada en el despacho… peor que eso es que no te enseñen nada de provecho porque en un Master predoctoral el temario consista en ver películas o en ver cómo funciona google, e incluso, en abrirte cuentas como las de gmail u otras fuentes… repito, en un máster PREDOCTORAL y, sobretodo, el hecho sentir que estás endeudándote y buscando trabajos, que no harías si no tuvieras que conseguir dinero, por una constante decepción en materia de contenidos y enseñanza. 
Creo que ha sido lo más duro de todo, el correr buscando algo con lo que pagar aquello que no te motiva y que no te inspira y encima sentirte mal por no poder conseguir un trabajo mal pagado y con horarios de escándalo… Como digo, muy frustrante igual que ver como te esfuerzas y los profesores reparten las notas por igual. Hubo una asignatura en la que a todos los que expusimos en clase el trabajo escrito nos dieron el 10 y a los que solo presentaron el trabajo en papel les pusieron un 8… bastante sospechoso la verdad, sobretodo porque había unos trabajos mejores que otros sin ninguna duda. Pues así con muchas cosas.
Una de las peores cosas que se dieron en el master fue la imagen que os pongo arriba la izquierda: un trabajo de otro año entregado por compañeros para una de las asignaturas que yo daba en el master usada como cuña de un aparato de diapositivas que estaba en el departamento. Esa demostración de POCA VERGÜENZA, de FALTA DE INTERÉS por el trabajo de los alumnos y DESPRECIO hacia el mismo y los mismos, es la constante que yo he tenido en este máster desde, prácticamente, el principio de curso.
Es fácil, si pudiese volver a empezar no haría este máster, es más, pensé en dejarlo en varias ocasiones, en especial cuando aún no había pagado nada y dependía de la beca… sin embargo cuando me la denegaron ya llevaba casi un cuatrimestre entero cursado, eran muchas horas y trabajo propio invertido y decidí continuar aun sabiendo lo que había por delante; lo hice porque era el único camino para llegar a donde quiero llegar y porque sabía que aunque me metiese en otro master con base periodística me iba a ocurrir lo mismo porque, actualmente, en ninguna carrera se invierte en crear nuevos contenidos, lo único que hacemos es repetir y repetir información que, los que las hemos terminado y queremos pasar al siguiente escalon, estamos hartos de oír.
En positivo diré que he aprendido cosas nuevas en el campo de la investigación, aunque hayan sido las menos, que me ha ayudado para seguir haciendo cosas por mi cuenta a través de los trabajos voluntarios y que he conseguido meter un poco la cabeza en este mundo de docencia, investigaciones y congresos empezando a hacer artículos serios que en algun momento, espero, se publicarán. Por supuesto mencionar a mis compañeros de máster , que han sufrido conmigo las carencias de este sistema educativo actual que tenemos encima, gracias por su simpatía y alegría, por nuestras salidas y por los buenos momentos pasados, han hecho la rutina diaria más pasajera y animada.
Como la última vez que escribí sobre este tema, no tengo una conclusión clara, ni siquiera positiva, solo la esperanza de que el curso que viene sea mejor, de que las cosas mejoren, de encontrar un trabajo que, mínimo, no me disguste y de conseguir por lo que estoy peleando yo y tantos otros. Creo sinceramente que el panorama actual educativo y social está minando las ganas e ilusiones de mucha gente muy válida y haciendo que, con contenidos a precio de oro como el que se me han impartido a mí este año, se pierdan las ganas de seguir cultivando nuestra mente y haciéndolo solo porque es el trámite que hemos de pasar para llegar al otro lado, para llegar a ese futuro que muchas veces parece escaparse entre los dedos.
Albert Einstein dijo una vez “Nunca consideres el estudio como una obligación, sino como una oportunidad para penetrar en el bello y maravilloso mundo del saber.” No se debería consentir que esto ocurriese y menos entre personas que quieren seguir estudiando para formarse como doctores… y sin embargo sucede: cientos de generaciones de estudiantes de másteres descontentos salen cada año de la universidad, sin nada que podamos hacer excepto hacer público esta forma de desperdiciar las ilusiones y esfuerzos de tantos tirando  a la basura el conocimiento que una universidad debería dar a los que entran en ella a buscarlo.  


Viernes 5 de abril de 2013


UN AÑO SOBREVOLANDO Y COMPARTIENDO LA CULTURA



Estamos de celebración, Sobrevolando la cultura cumple su primer añito, porque el tiempo corre que vuela y si, es increíble pero ya llevo un año compartiendo contenidos culturales con vosotros. Hace un año, cuando aun me faltaban tres meses para licenciarme, publiqué mi primer post llamado Creando expectativas en el que os exponía lo que esperaba de este trabajo constante, que a veces se estanca un poco, pero que despacito y sin pausa he ido construyendo con vosotros poco a poco.

Y si, con vosotros, mis queridos lectores que, por una razón u otra, acabáis en este blog leyendo lo que tenga que contaros. Así que gracias, gracias a vosotros, las mentes alternativas que estaba buscando con las que puedo compartir las buenas experiencias que tenga con los libros, la música, espectáculos culturales, exposiciones o maravillosos lugares fruto de riqueza cultural… este blog está hecho por mi, porque me gusta escribir y porque me siento bien cuando lo hago, pero sin vosotros perdería toda su gracia.

Esta pequeña flor de la que hablaba en los inicios del blog, que se encontraba en su primera fase, ha ido creciendo con vuestras lecturas cada día un poquito más. El otro día veía la película del libro La Historia Interminable, la escena en la que la Emperatriz Infantil le pone a Bastian en la palma de su mano lo único que queda de Fantasía (un grano de arena)  y él ha de imaginar lo que desea y pedirlo para que esta vuelva a crecer porque, cuanto más deseos pida, más grande se hará. 
Este blog es igual, empezó con un seguidor y una visita, ahora pasado un año tiene más de ocho mil visitas y 17 seguidores, y cuantos más sois más crece, porque más me animo yo a imaginar, a pensar y a escribir para vosotros.
El blog ha ido creciendo en lectores y también en secciones culturales, ya que con el tiempo introduje contenidos que al principio no me había planteado como crítica del mundo audiovisual: películas, miniseries y series, o como crítica gastronómica, cuyo apartado he de juntar con el de arte por falta de espacio y porque, al fin y al cabo, la buena cocina es todo un arte. También ha habido mejoras como la incorporación de la página de Facebook con enlace al blog y ahora, hace solo unos pocos días, la incorporación de Twitter…  todo encaminado a darle más alas a este proyecto ya en construcción y con sus cimientos puestos, para que despegue y pueda sobrevolar por todo el mundo.
También es cierto que, como periodista y bloggera, muchas veces me he planteado tratar otros temas quizás más polémicos, o de mayor interés, que los cuadros que expone la fundación Mapfre o la reseña de una serie sobre fantasía… quizás algún tema político o introducir algo más de crítica social como otros compañeros de la profesión que lo hacen y muy bien, por cierto. Sin embargo sé que esa no es mi rama porque la actualidad política no me toca tanto la fibra como un buen libro o una buena película, aunque, como ya me han dicho muchos, ello no sea propio de un periodista… pero yo creo que hay que comunicar aquello que nos apasiona y por eso yo tengo un blog cultural. 

Como incorporación para este nuevo año que iniciamos hoy, quiero hacer un apartado con aquellos blogs que creo que ayudan a complementar el panorama actual, cada uno en su rama. Son los blogs de periodistas que, como yo, escriben para transmitir información y sus propias ideas, intentando (y consiguiendo) complementar los vacíos que los grandes medios de comunicación dejan sin llenar, y que lo hacen de forma gratuita, solo por el placer de seguir en contacto con esta preciosa profesión y de conseguir lectores que les sigan  y compartan con él sus inquietudes.
La información que hacemos los bloggeros es abierta y gratuita para todos, pero aun más importante, es una información libre hecha para abrirnos camino en el mundo actual que vivimos.
En mi caso es información cultural, y precisamente esta me parece que tiene mucho que ver con la información libre ya que, hace un año, escribía que pretendía mostrar la cultura a través de todas sus manifestaciones, como un derecho más que debíamos explotar y aprovechar, porque la cultura es lo que nos hace libres (entre otras muchas cosas), es el alimento del alma y la constructora de nuestra identidad.
Pero la verdadera libertad es poder tener tu propio espacio donde decir lo que piensas y cómo ves el mundo, seguir buscando motivación (a veces debajo de las piedras) para poder seguir escribiendo y buscando nuevos temas que compartir.
Quiero daros las gracias a todos los que pasáis por aquí, a los que me leéis aunque a veces me extienda en mis post, a los que seguís viniendo a pesar de que a veces tardo en terminar de publicar mis entradas, me gustaría destacar a mis lectores de Rusia, que hace un par de días volvieron después de tres meses sin visitarme y que me ha hecho mucha ilusión volver a ver por mi blog, también a los de América del Norte y del Sur que cada vez son más… México, Venezuela, Chile, gracias por vuestras constantes visitas que ni un día dejan de asomarse por aquí. También quisiera dar las gracias a los que me ayudan a difundir mis post y que las comparten en sus redes sociales, para mi su labor no tiene precio… Ana, Oliva, os quiero mucho y, funcione más o menos vuestra labor, cada esfuerzo que ponéis para mi vale por mil, y por supuesto gracias también a mis amigos y familia que leen lo que publico y me apoyan para que continúe.
Con todo, lo que quiero es hacer un homenaje a todos los lectores fijos o puntuales, a todos los que apoyan a la profesión y por supuesto a los periodistas, que seguimos luchando todos los días por ofrecer una buena comunicación del panorama informativo y cultural en el que vivimos, siendo críticos y observadores con lo que nos rodea.
Este blog es para mentes alternativas que buscan otros mundos y seguimos en ello, si queréis seguir acompañándome para mi será todo un honor llevaros conmigo, crecer y aprender juntos, desde y para todas partes porque, como dijo Confucio: “Transmitid la cultura a todo el mundo, sin distinción de razas ni de categorías.”



Miércoles 6 de Febrero de 2013


LA EDUCACIÓN: UNO DE NUESTROS LEGADOS QUE ESTÁ EN DECADENCIA

LO QUE APRENDIMOS Y HEMOS IDO PERDIENDO POR EL CAMINO…


En decadencia, así nos encontramos las personas y la sociedad en genera con las que convivimos. Llevaba ya mucho pensando en hacer un post para tratar este tema, realmente cada vez que salgo a la calle me dan ganar de ponerme a escribir porque cada vez que atravieso mi portal (y bueno, sin atravesarlo también, ya que me vale con llegar a las escaleras de mi edificio gracias a mis vecinos adolescentes) me empieza a entrar la sensación de que algo estamos haciendo mal… seguro que vosotros también lo notáis o tenéis la misma sensación.

Como joven que soy tengo muy bien situada en al cabeza la imagen que damos a la sociedad  los chicos y chicas de nuestra edad pues ya sabemos como funciona la situación siempre: una persona no basta, se engloba a todos en el mismo saco. Se ha visto con problemas de racismo, se ha visto con problemas de bandas, de robos… en fin, un comportamiento individual o grupal como de unas diez personas hace que generalicemos sin cesar. El problema ya no es solo cuando generalizamos un determinado perfil, sino también cuando los que se incluyen dentro de ese perfil se dejan llevar por el estereotipo y pasan a multiplicar el problema, porque… ¿si unos lo hacen, porqué no hacerlo nosotros? Ya se sabe que a dónde va Vicente es a donde va la gente, eso sí, quién es el tal Vicente nosotros no lo sabemos.

Cuando hablo de educación hablo automáticamente de respeto también, pero ¿qué es el respeto o la educación? ¿Es mantener unas normas hacia los que nos rodean? ¿Es tratar con consideración al de al lado? ¿Es no hacer a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti? Yo creo que un poco de todo  a la vez pero manteniendo el equilibrio social de algo que desde muy pronto sabemos todos: que mi libertad termina donde empieza la de los demás y que puedo disfrutar que soy libre siempre que mis actos no dañen o molesten a los que me rodean.

La regla es  fácil y hay muchos comportamientos y actitudes basadas en normas no escritas sobre ser educado y mantener el respeto a los demás cuando convivimos en sociedad. Pero fácil no es, o no debe serlo ya que lo cierto es que salir a la calle por las mañana para empezar el día es una batalla constante y campal que se repite todo los días sin excepción. Muchas veces hablamos entre nosotros del ansia de matar que se apodera de nosotros cada día, se dice que somos animales sociales y lo somos pero muchas veces nos sobran los que nos rodean y todo se debe a que no parecemos interesados en convivir en sociedad. El Reno Renardo, al que no soy demasiado aficionada, dice en su canción Hasta la polla: “Sales de casa contento y feliz y un odio social se apodera de ti” y la verdad es que es cierto y si no hacemos nada o pasamos por el lado de la persona a la que daríamos un toque de buen agrado para que respete a los demás es porque no queremos montar el número o…  porque matar es ilegal y, socialmente, no está bien visto. Y al leer esto algunos os escandalizaréis (o puede que no) pero es cierto, igual que no hacemos muchas cosas en sociedad porque nos da vergüenza que nos vean los demás o por miedo a ser juzgados o dar la nota como quedarse dormido en un viaje y roncar, o que se te caiga la babilla o, aun peor, que se te escape un pedo bien sonoro (y no digáis que no que no porque esas cosas pasan). No la liamos ni nos la jugamos, nos quedamos callamos porque no nos gusta llamar la atención de gente desconocida que nos rodea y que no conocemos de nada. 

A mi, personalmente, una de las cosas que más me molestan es cuando te metes en un baño público y, haya cerrojo o no, tienes que estar pendiente de la puerta porque, por supuestísimo la regla no escrita de “si la puerta está cerrada está ocupado” o la de “llama antes de intentar forzar la puerta como si te fuese la vida en ello para comprobar que no haya nadie” no entra en el cerebro de la mayoría de las mujeres que usan un baño público. Solo te salvaría el hecho de que haya cola y que se entre a los baños por turnos porque entonces ya es más improbable que alguien se cuele para intentar forzar la puerta del baño que estas usando (aunque también pasa). ¿No os molesta a vosotras estar en el baño y que sin ton ni son te toque erguirte de la taza en la que estás haciendo equilibrios para que no se te caiga nada y cerrar de un portazo porque una señora ha decidido que para qué va a llamar o a esperar a que la puerta se abra? Más de una vez he tenido que soltar un grito de “¡¡está ocupado!!” porque el empujón que le he dado a la puerta para volverla a cerrar la señora lo debe de interpretar como que ha sido una corriente de aire o algo así porque, no contenta con la primera vez, lo vuelve a intentar por segunda vez… supongo que para asegurarse, claro, no vaya a ser que la falta de educación no haya quedado clara al ocupante del aseo.
Otra de las cosas que las personas no hacemos bien es la manera de convivir con la circulación de los automóviles. Desde pequeños nos enseñan a todos que el rojo es que no se debe cruzar y que verde es que si que se puede cruzar, tanto para coches como para transeúntes. También nos enseñan lo que es la izquierda y la derecha y todo niño que haya montado en bici sabe que ha de señalizar con el brazo que va a ir en una dirección u en otra para que si hay algún coche lo sepa y se respete. Sin embargo el niño, que siempre suele circular en zonas que considera seguras, no lo lleva a cabo. Otros como yo por cuestiones de falta de equilibrio son incapaces de soltar el manillar para hacer los gestos con los brazos y, al final, dejan de montar en bicicleta. El caso es que ya de mayores parece que a los conductores se les ha olvidado que hay más persona que circulan y que cruzan la calle a la vez que ellos y que, quitando las infracciones más graves, las más sencillas como poner los intermitentes y avisar de si van o no a girar  son secundarias y casi nadie las cumple. 
Por supuesto el parar en los pasos de cebra es algo que tampoco se cumple lo que hace que cada vez que vas a cruzar un paso de cebra sin semáforo el cruzar al otro lado se convierta en un tira y afloja entre los transeúntes y el conductor. Por supuesto el semáforo debería facilitar el tránsito pero lo cierto es que ni los conductores ni los ciudadanos a pie los respetamos, es más fácil cruzar en rojo que esperar a que se ponga en verde y es más fácil cruzar por donde te venga en gana que subir o bajar un par de metros para llegar al paso de cebra (y en eso me incluyo). El porqué llevamos a cabo este comportamiento es algo inexplicable, quizás es que no podemos esperar para llegar a donde queremos, que el resto de la gente nos sobra y queremos hacerlo antes que nadie… sea como sea arriesgamos nuestra vida y las de los demás ya no con las infracciones graves, sino con las más sencillas como respetar los pasos de cebra y los semáforos. 

Otro punto a tratar es la falta de respeto que hay hacia las cosas materiales porque, claro, si no respetas ni al vecino ¿cómo vas a respetar los elementos materiales que te rodean? En este caso concreto quiero hablar de los monumentos. Los monumentos forman parte de nuestra cultura y como patrimonio histórico que son es nuestro deber mantenerlos cuidados evitando que se estropeen. Sin embargo cuando vamos a cualquier sitio arrasamos con ellos: nos apoyamos e incluso nos subimos encima si podemos para hacernos una bonita foto. De ahí a decorarlos con nuestro nombre hay un salto, porque por supuesto ¿cómo no vas a dejar constancia de que estuviste en aquel trozo de piedra o de metal y de que eres un vándalo?  Nos comportamos con impunidad como si lo que maltratamos no fuera con nosotros, como si no fuese un legado que hemos de cuidar. Aquí en mi ciudad es muy típico ver en Plaza España a Don Quijote y Sancho Panza siempre con compañía, las zonas brillantes del bronce indican las partes del monumento en el que la gente de manera constante se apoya y se agarra, hasta he visto en más de una ocasión cómo subían a los niños a lomos del caballo o del burro de Don Quijote y Sancho Panza para hacerles una foto… no hay duda de que a la hora de faltarle el respeto a nuestra cultura no hay límites.

El mejor ejemplo es sin ninguna duda el trato que se le da aquí en Madrid a la Cibeles cuando gana el Real Madrid, sin duda un acto despreciable de respeto hacia la cultura pues ya me diréis qué necesidad hay de maltratar un monumento histórico como este solo para poder fanfarronear de unos triunfos cuando tienen un bonito campo de fútbol enorme en el que celebrar sus logros junto con todos sus seguidores sin que tengan que molestar a nadie ni causar daños que, por supuesto, luego otros arreglarán y limpiarán. Esto no es una crítica al fútbol, que aunque no me guste lo respeto, es una crítica al comportamiento social que trae consigo y a los resultados que genera y que son más que reprochables.

Respecto a esto también se pueden mencionar los grandes destrozos y suciedad que los jóvenes vamos dejando tras las macrofiestas o macrobotellones que se organizan: grandes cantidades de basura y de daños estructurales que parece que tenemos la impunidad de llevar a cabo… tras fiestas como San Cemento, allí al lado de mi facultad, da verdadera pena  ver como queda el césped tras ella; los barrenderos tardan tres días en quitar toda la mierda que aquellos que se juntan son incapaces de tirar a su debido tiempo. Nadie piensa que luego otro va a tener que recoger aquello que tu has ensuciado, y aun peor, hay muchos que dicen “para eso se les paga” pero me gustaría mucho que me invitasen a su casa, dejárselo todo echo una mierda y luego no recoger nada y decirle “Recoge tu, para eso es tu casa”. Entramos en la reflexión sobre el respeto de no hacerles a otros lo que no te gustaría que te hiciesen a ti…  es fácil: ¿lo harías en tu casa? ¿NO? Pues tampoco lo hagas fuera de ella.
Como antes mencionaba tengo muy clara la visión que se tiene de los jóvenes: maleducados, respondones, desconsiderados… y cada vez son más lo que son así, parece ser. Dicen que las nuevas generaciones vienen descontroladas porque su única educación es la televisión y unos padres demasiado cansados de trabajar que no tienen fuerzas para enfrentarse a ellos… el modelo  o la  forma de educar ha cambiado y eso se nota. Sin embargo no siempre es así y muchas veces vemos la paja en ojo ajeno sin ni siquiera fijarnos en la viga que tenemos en el propio y esto lo digo porque los jóvenes tenemos muchas veces problemas con los señores mayores que en seguida alzan la voz para referirse a nuestro mal comportamiento y lo mal educados que somos y, en alguna ocasión no dudo de que así sea, pero en otras tantas ocasiones la culpa es de las personas mayores o ancianos, si se me permite. Porque los ancianos  le echan mucho morro a la vida y, precisamente porque han vivido más que tu, tienen más derecho que otras personas a aquello que se les antoje. 
Esto depende obviamente del tipo de persona que se sea, igual que con los jóvenes, pero resulta curioso que sean los mayores los que más respeto pidan por sus personas y que luego sean ellos mismos quien menos respeten a los demás. Por ejemplo no hay reglas escritas sobre que si hay una cola has de esperar tu turno, sin embargo todo el mundo lo sabe pero hay ancianos (y no tan ancianos) que se las ingenian para colarse y que no les importa que tu estuvieses antes o el tiempo que estuvieses esperando porque, obviamente, su tiempo vale más que el tuyo. Es curioso también porque estas personas mayores que tanto respeto piden a los jóvenes son las primeras en aprovecharse de la juventud para dar un empujón, colarse como si nada o faltarnos el respeto. Supongo que todo va relacionado.

El último tramo de esta enumeración de cosas que se nos han olvidado y que hacen estar en decadencia a la educación es la parte de la convivencia en el metro o en el autobús, aunque tomaré el primero como ejemplo por tener una experiencia más directa con él. Aquí realmente se puede ir haciendo un recorrido de lo que transcurre según vas adentrándote en el metro ya que es donde más detalles se encuentran para incrementar nuestro desprecio social:
El primer paso o punto son las escaleras mecánicas porque, como todos sabemos (o al menos eso se supone) hay una norma no escrita que se sigue y que determina que la zona de la derecha es para quedarse parado y que el de la izquierda es para subir andando, sin embargo la gente no tiene en cuenta que tu, por prisa o porque te apetece salir del tumulto de gente cuanto antes, quieras subir las escaleras mecánicas andando, porque es más rápido que con las escaleras normales, y se plantan en medio de la escalera impidiéndote pasar o empiezan a subir y a medio camino deciden pararse porque no les apetece seguir y tu te los tienes que llevar por delante para poder pasar o aguantarte…  el caso es que lo hagan aposta o no a mi personalmente me dan unas ganas inmensas de empujar a la persona escaleras abajo cuando se sitúan en el lado izquierdo y, tan panchas, se quedan allí paradas. Hay muchas personas que dicen que por 5 segundos más no merece la pena que te puedas llevar a alguien por delante (cosa que no pasa si todo el mundo se pusiera en su sitio) sin embargo no siempre es por prisa, yo por ejemplo sé donde está la salida de metro de la parada en la que me bajo, si no estoy en esa puerta cuando el metro pase (que se encuentra justo al final del andén) me toca avanzar por los vagones de pie con el tren en marcha a riesgo de caerme o, peor, de caerme encima de alguien, por lo que si veo que al metro le queda poco para entrar me interesa bajar andando para poder situarme donde me corresponde. Es cierto que el que se sitúa a la izquierda no está matando a nadie y que tirarle por las escaleras no es necesario, en eso estamos de acuerdo, pero cuando esa situación la vives cuatro o más  veces al día durante todos los días al final el instinto asesino aflora…  porque, vale, no está matando a nadie, pero molesta y además lo sabe y, digo yo, si algo como situarse a la derecha o situarse a la izquierda cambia que puedas molestar a alguien ¿por qué no hacerlo?

El caso es que con esta tesituras llegas al andén y te sitúas en la zona donde la puerta se ha de abrir pero, por supuesto, alguien más mayor decide que no te vas a sentar ante que él e intenta situarse por delante de ti para llegar antes a la puerta… sea como sea consigues entrar y te sientas o te quedas de pie. Si te has quedado de pie lo hagas como lo hagas te molestarán y molestarás porque constantemente hay gente entrando y saliendo por lo que leer ese libro que tanto te interesaba sin que una persona pase por delante para ir a otro vagón  y te lo arranqué de las manos de un empujón se convertirá en algo bastante improbable de conseguir sin estar de manera constante siendo un Homer Simpson y practicando el “libro arriba, libro abajo, libro arriba, libro abajo” y, por supuesto, ya no hablemos de los que meten la cabeza en nuestra lectura porque también les interesa lo que estás leyendo y que ni se plantean que pueden molestar. De todas formas, por mucho que lo pueda parecer, ir sentado no es tan maravilloso como lo pintan ya que si tienes la mala suerte de que se te siente al lado alguien que decide que parte de tu asiento también le corresponde puede ser una experiencia realmente incomoda. Por ejemplo están los que leen el periódico a doble página en vez de reducirlo a solo una, esos como son periódicos grandes tienen que meterte las páginas del periódico en tu línea  de visión, aunque no te interese lo más mínimo y, si pueden, también te meten el codo en las costillas o en el vientre ya que si no lo hacen no pueden leer bien el periódico y además da igual que empujes sutilmente con tu brazo en el suyo o que lo metas en su campo de actuación para hacerle notar que ahí hay alguien, no da igual, porque no se dan por enterados. Es una forma sutil de dar a entender al que está al lado que te importa una mierda que esté sentado ahí porque ese es tu espacio y que este es una molestia para ti… y así son las cosas.


De todas formas el señor leyendo el periódico no es lo peor que te puedes encontrar en el metro porque por lo menos y a pesar de su falta de tacto está leyendo y haciendo algo productivo; no, lo peor es cuando te va a sentar en el tren o en el metro y el que también ha decidido que el asiento de en frente o el de al lado es suyo  pone sus pies calzados o descalzos sobre el asiento que oye, muy limpio no estará, pero sin el sudor de pies de ese señor o señora o sin la mierda de sus zapatos pues mejor. Hay que se guarro y mal educado pero, por supuesto no le digas nada porque, aunque  seguro que hay muchos pensándolo nadie más te apoyará si hay un enfrentamiento, pues así es el ser humano. Sin embargo aunque estos no se quedan cortos luego están los del móvil en la mano; resulta que tu estas tan tranquilo un día en el metro y de repente oyes una músiquita y piensas “coño, el metro ha puesto música en sus vagones” pero no, es un idiota con el móvil que sin ningún respeto ha decidido que no se va a poner los cascos porque para qué va  a hacerlo y que, como su música es maravillosa, va a hacer que todos, nos guste o no, la compartamos. 

Por supuesto todos miramos de forma elocuente a la persona en cuestión que sigue a su rollo como si no fuese la cosa con él hasta que, oh milagro, se baja o, oh santo cielo, te encuentras en medio de una discoteca porque otro sujeto ha decidido hacer lo mismo y ahora te encuentras con la música en modo estereo rodeándote como en el cine, pero eso si, con la imagen del viajero de enfrente con expresión de resignación o de mala leche en la cara. Por supuesto tampoco puedes decirles nada porque solo conseguirás que te contesten y que nadie más diga nada… somos muchos los afectados, si los cogiésemos entre todos y los echásemos del vagón no lo seguirían haciendo, pero seguimos callados aguantando el chaparrón y refugiados en nuestros propios cascos que a veces te dan ganas de regalar para ver si así pillan la indirecta porque, de nuevo, el asesinato está mal visto y por mucho que desees darle de leches con su propio móvil no es socialmente correcto (aunque en este caso puede que hasta aplaudiesen al valiente).
Os pongo una representación gráfica que han hecho en el Blog Pere Pérez sobre cómo quedaría el resultado de este acto que el propio blog ha catalogado como “Gente odiosa. Volumen 1”: 

Total que con todo ello sales del vagón y te toca salir como en la guerra, con escudo y casco, porque esa norma del “dejar salir antes de entrar” también se las pasan muchos por donde ya sabéis, así que como resulta que vivimos en plena jungla y no en una sociedad civilizada y donde la ley que rige todo es “pisas o te pisan” por supuesto pisas, o más bien te llevas por delante al que pilles, y sales mal humorado del vagón para encontrarte de nuevo ante un lado izquierdo de las escaleras mecánicas bloqueado por algún zoquete y, miras tu reloj, porque al final, si que llegas tarde. Eso si, que nadie se vaya porque a la vuelta aún hay más de lo mismo. 

El caso es que las normas de convivencia no son tan sencillas, o eso parece, porque todos los días nos encontramos con lo mismo de manera repetida y constante.  Pero lo cierto es que las normas si que son sencillas, lo difícil es que se cumplan, no es tan difícil ser educado y saludar cuando se llega a un sitio, o despedirte si te vas a ir, o ayudar a alguien, o apartarte para no estorbar…  en fin, diversas formas de comportarse para que no parezca que los demás están ahí como un mero adorno y que de verdad son personas. Que si vas a una panadería a compara el pan puedes tratar al que está tras la barra como un igual y no como un sirviente sin dedicarle ni un saludo. No creo que sea tan difícil ser respetuoso con los demás ni ser mejores personas con los demás… actualmente hasta se está tomando medidas para fomentar estos valores como se puede apreciar en la imagen porque ser amables y educados no nos sale caro ni nos cobran por ello, de momento.
Es muy importante como cultura general, como forma de ver el mundo y de vivir en él, como forma de tratar a las cosas y a las personas, aprender a cuidar del otro y a mejorar un poco su día teniendo cuidado de que él también está allí  Hemos de tener en cuenta que todo lo que hacemos los niños, los hijos de esas personas, lo ven, observan como nos comportamos a su alrededor, ¿cómo le vamos a pedir educación a un niño si no ve a sus padres dársela al resto? O ¿cómo vamos a pedirle que en un futuro respete al de al lado si ahora ve que la sociedad no respeta al vecino ni las cosas que tiene de valor?
La televisión y las nuevas formas de vida afectan al comportamiento de los niños, claro que si, pero eso no significa que día a día no podamos ser mejores y enseñar a ser mejores, dejar una mejor sociedad para que haya un mundo mejor más adelante porque, al paso al que vamos, nos hundimos sin remedio y sería una pena que, tras haber recorrido tan largo techo, retrocedamos tantos pasos de golpe y que todo lo aprendido se pierda por el camino. 

 

Jueves 18 de Octubre de 2012

 

LA CULTURA PARA QUIEN PUEDE Y NO PARA QUIEN QUIERE


“Libre, y para mi sagrado, es el derecho de pensar… La educación es fundamental para la felicidad social; es el principio en el que descansan la libertad y el engrandecimiento de los pueblos.” Benito Juárez.



Este artículo de opinión que voy a escribir he de decir que es algo que me está mordiendo por dentro y muy hondo desde hace tiempo. No sé lo que va a salir de aquí ya que la situación que actualmente está sufriendo la educación y la cultura en este país llamado España está alcanzando un estado de decadencia que no deja de alarmar a todo aquel que tiene un mínimo contacto con él.
Hace ya un tiempo que escribí sobre cómo el estudiante ha de elegir lo que quieres a edades muy tempranas y de cómo el futuro parece comerse poco a poco nuestra libertad a la hora de elegir profesión, coartándonos, desde muy jóvenes, a que decidamos qué queremos ser de mayores. Ahora este suceso está pasando a un segundo plano ante el hecho, comprobado en persona, de que la duda dominante es si vas a poder costearte ese futuro.
La forma más sencilla de explicaros esto es con mis propias experiencias: realizó un Master de Comunicación Social en la Universidad Complutense de Madrid. Desde que me inicié en la carrera, antes de terminar el primer año, gracias a mi experiencia con dos profesores maravillosos, quise dedicarme a la docencia; de repente, algo que no había tenido claro nunca: el qué hacer con mi futuro, se definía más claro con palabras como Becas de Colaboración, Doctorado e Investigación. Desde entonces he dedicado mi carrera a hacerlo lo mejor posible para poder conseguir las notas que me permitiesen llegar hasta donde quería. Ha sido una lucha constante, muy dura, hasta llegar a este master para el cual había ido ahorrando trabajando a tiempo parcial en el área comercial y por fin llegué a él, la puerta que me daría paso al doctorado. A pesar de ser un master de dos años (un año más de lo que yo esperaba) acepté cursarlo y pagarlo porque podía y porque, ante todo, era lo más relacionado con lo que quería hacer: doctorarme en Historia sin perder mis relaciones con mi carrera, el Periodismo.

Hasta aquí todo bien, pero imaginaos la sensación de agobio, de agujero bajo los pies cuando, de un día para otro, en tu recibo bancario emitido por la universidad par el primer año de master pone 1.700 euros a pagar y en la universidad las nuevas tasan marcan 3.900 (65 euros el crédito por 60 créditos), es decir que pasamos de que un solo año es más que lo que inicialmente iban a ser los dos años de master juntos (3.400) y que, sumando ambos años, el precio se pone en 7.800 euros.

De repente no puedes pagar tu futuro, lo que tenías pensado y por lo que te habías esforzado se quedaba reducido a un vacío en el estómago… solo puedo deciros que la sensación de impotencia, de no saber qué hacer se instaló de una manera de la que todavía no he conseguido soltarme de ella.
Al principio me angustié, luego pensé en las becas (que nunca me dan) y me volví a angustiar y luego llegué al master, vi las caras de mis compañeros que les había pasado lo mismo que a mi, y entonces, cuando te das cuenta de que no estas sola en ese enorme vacío, me relajé.
Si he de ser sincera no me preocupa tener que buscarme la vida para pagarlo, no es eso lo que me inquieta pues lo primero que me dije a mi misma es que llevo trabajando desde los 18 años, sé lo que es estudiar y currar al mismo tiempo al igual que muchos otros estudiantes así que no era eso lo que me angustiaba, lo que aun me reconcome las entrañas a veces, cuando lo pienso fríamente, es que han puesto un precio que, si quieres pagar, has de trabajar para conseguirlo… pero lo han establecido en un país en el que no hay trabajo, en un país donde la cifra de parados aumenta mes a mes. La Organización Internacional de Trabajo (OIT) establece a España con el mayor número de parados según un artículo de El Mundo del 10 de Septiembre; en dicho artículo se establecen cifras tales como que el 18% de parados que se preveía para el 2012 en el 2010 ha sido superada con creces, situándose actualmente en un 25%. Si esto no es alarmante solo hay que ver las previsiones de la OIT: para el 2015 se pronostica un 23,4%, es decir, que apenas se habrá conseguido crear empleo y, en lo tocante a los estudiantes, que el paro juvenil seguirá instalado en un 50%.
Estas cifras, desalentadoras, muestraban un futuro oscuro donde la formación y la educación parecían erigirse como único escudo, como un lugar en el que refugiarse bajo su gran ala hasta que pasara la tormenta.  Pobres, y nunca mejor dicho en su sentido literal, de los que lo creyeron, la ingenuidad nos ha comido terreno, o más bien, esta ha sido la piel de cordero que el Gran lobo, el Gobierno, ha llevado puesta para dejarnos con lo puesto.

Hace mucho que se veía venir esta situación donde lo público cada vez se va sacrificando más y más. La sanidad, la educación… cada vez se recortan más, igual que la investigación. Cuando hice un post donde citaba el libro de Tony Judt Algo va mal, hablé de que la mayor expresión de estos bienes públicos sacrificados es la libertad y como esta había sido sacrificada en aras de la seguridad en otros periodos pero ahora… ¿en aras de qué estamos sacrificando lo más preciado que tenemos? Si he empezado este post citando a Benito Juárez es porque habla de la libertad de pensamiento, de la educación y de como ella misma es la que hace crecer a los pueblos. Estamos perdiendo algo muy valioso al ponerle precio, al acotar la extensión de las oportunidades que la sociedad puede tener para prosperar. 

A veces pienso que es imposible salir de este circulo en el que nos hemos metido. Miro mi facultad y lo único que veo son las mismas ventanas rotas, las persianas que no bajan, los ordenadores viejos y pienso… ¿a dónde va todo el dinero que cuesta mi educación? Los mismo pasa con los contenidos, ni siquiera estoy aprendiendo cosas nuevas, es una repetición de lo que ya he estudiado en la carrera; ni siquiera se molestan en qué aprenda algo más, en ayudarme a crecer ya que invierto en ello. No.

Hemos vuelto a los tiempos en que estudiará quien pueda y no quien quiera y lo peor es que se hará en una sociedad donde al que quiera no se le darán oportunidades. Nuestro país se muere desde dentro porque está quitando importancia precisamente a lo más importante que tiene: la capacidad de pensar, de educar nuestro cerebro con conocimientos, de vivir como queremos vivir, de desempeñar nuestros sueños contribuyendo al lugar en el que hemos crecido.

No sé que voy a hacer para poder mantener lo poco que nos queda a flote, seguir moviéndonos, quejándonos y supongo que, ante todo, no perdiendo la esperanza. El futuro no nos pinta nada favorable y cada vez parece más difícil poder darle la vuelta a la tortilla sin que las consecuencias sean dramáticas.

No tengo una conclusión optimista ni una idea brillante que pueda decir para terminar este post con una visión sobre el futuro. Me gustaría de veras no sentirme al borde de una escalera hecha con dinero que he de sortear para llegar al futuro que con tanto ahínco he intentado construir y que tan rápidamente me están robando, a mi y a otros tantos miles de estudiantes y ciudadanos… pero no puedo porque, al igual que la cita que inicia este artículo, creo que nuestra cultura y nuestra educación es lo que nos diferencia de ser meros animales, se supone que somos la punta de la pirámide de la era de al razón, del pensamiento…  es lo que nos hace seres únicos e irrepetibles, especializados cada uno en lo que nos gusta, con ansias de seguir aprendiendo y creciendo.

Si nos ponen trabas a ese camino, a ese pensamiento que hemos de cultivar, sinceramente, no sé que nos va a quedar al final de este camino, ya no solo socialmente hablando, sino también respecto a nosotros mismos.

Viernes 20 de Julio de 2012

OPINIONES

Lo que perdimos y estamos recuperando

Hace tiempo que vengo pensando en hacer una reflexión sobre la opinión pública, la confianza, la economía, la política… en definitiva, la situación actual.
Todo empezó hace ya un par de meses, yo me terminaba de leer un libro sobre la situación que se vive, que se ha vivido y que se vivirá si las cosas no cambian: Algo va mal de Tony Judt y a la vez me preparaba un examen para Matrícula de Honor de la asignatura Opinión Pública. Cuando te enfrentas a un examen de desarrollo sin más arma que tu cerebro y lo que sabes de todo el curso académico, de los libros, periódicos y acontecimientos que has ido almacenando, te preparas el examen de una manera diferente: lees, lees pero no el temario, lees autores, ideas, pensamientos que te puedan ayudar a respaldar un tema de opinión general. He de decir que tuve varios autores que me echaron una mano, pero Tony Judt fue uno de los principales, sobretodo porque a su vez citaba a otros autores que iban muy acordes al tema que trataba y de ahí obtuve una gran fuente de conocimiento.
Mi pregunta de examen fue la crisis económica en general y quiero compartir con quien me lea la conclusión a la que llegué tras una hora de examen. En el fondo era algo que yo llevaba dentro, pero hasta que no te pones a escribirlo no reafirmas ese conocimiento.

Lo primero que haría yo si tuviese que hablar de la situación actual que vivimos de la crisis económica sería citar una frase de John Stuart Mills que dice lo siguiente:

No será posible ninguna mejora importante en la suerte de la humanidad si no se produce un gran cambio en la constitución fundamental de sus modelos de pensamiento”.
De esta frase de Mills puedo decir que estamos atascados en una forma de ver el mundo que solo depende de nosotros poder cambiar, y lo cierto es que solo de un tiempo a esta parte es cuando hemos empezado a actuar. Lo obvio es que tenemos que plantearnos qué queremos y por qué lo queremos, bien lo dice Judt en su libro: no podemos dejar el pasado a nuestra espalda y cruzarnos de brazos. Si queremos un futuro hemos de tomar decisiones y la verdad es que España nunca ha sido un país que se haya movido o tomado decisiones como un pueblo unido. La falta de toma de decisiones, en especial de los jóvenes, que sabemos que algo va mal pero que tampoco sabemos qué hacer para cambiarlo, genera una frustración porque hay un gran vacío, y todos aborrecemos el vacío, porque marca un estado desalentador de vaguedad, de sin sentido y no solo nuestro sino del mundo en general.
Personalmente me aterra que la gente no se mueva ni luche por lo que quiere, que se siente en el sofá a verlas venir o delante de la televisión sin otra expectativa que ver cadenas de televisión que no hacen más que pudrir el mundo que ya se pudre bajo nuestros pies cuando tomamos esa actitud. Si el libro de Judt me gustó desde un principio fue por la frase que eligió de Tocqueville para coronar el inicio del mismo:
No puedo evitar temer que los hombres lleguen a un punto en el que cada teoría les parezca un peligro, cada innovación un laboriosos problema, cada avance social un primer paso hacia una revolución, y que se nieguen completamente a moverse”.
Me impactó mucho porque es una cita que yo no conocía de uno de los autores que estudié en Sociología y que me gusto mucho y, no hace falta ser un genio para verlo, me pareció brillante. Un resumen claro y conciso de la situación que se vive. Da miedo ver que las cosas se tuercen y que todos seguimos sentados sin movernos, que solo se mueven los menos y que apenas llega información de esos movimientos precisamente por ser la minoría la que lo hace. Pero ahora ya no es así, ya no son los menos, para bien o para mal, esta crisis nos ha hecho que nos levantemos del sofá. Y digo para bien o para mal porque el movimiento se ha producido por fruto de una profunda indignación que los ciudadanos españoles y del resto del mundo llevamos sintiendo por largo tiempo (y es triste que hayamos tenido que llegar a este punto), y realmente hay mucho por lo que indignarse: las crecientes desigualdades entre riqueza y pobreza, en las oportunidades y falta de igualdad para todos, injusticias de clase, explotación económica dentro y fuera del país… todo ello reflejado en la corrupción, el dinero y los privilegios que, como define Judt, “ocluyen las arterias de la democracia”. Hemos llegado a una situación crítica basada en la desconfianza por que todo pueda ir mejor y sobretodo basada en una desconfianza que el gobierno ha ido generando. No confiamos en quien se supone que habría de guiarnos. Hemos entrado en una era de inseguridad económica, física y política… hasta el punto de que ya no podemos hacer como antes y lavarnos las manos, mirar hacia otro lado y fingir que no pasa nada. Nos corresponde por legado humano levantarnos y decir que “no” ante las deficiencias que tenemos a nuestro alrededor, dejar de ser indiferentes de las mismas y de las consecuencias de los actos del poder y de los nuestros propios

Cuando nuestro rey se va a cazar elefantes o cuando miembros de la realeza y del alto poder entran en casos de corrupción como ha sido el Caso Nóos se genera desconfianza, una profunda e insatisfecha desconfianza. El problema es que la desconfianza engendra inseguridad y la inseguridad engendra miedo, miedo a la decadencia, al cambio, a que cualquier paso por pequeño que sea lleve la situación a caerse del precipicio… es la pescadilla que se muerde la cola porque es ese miedo el que corroe nuestra confianza.
Sabia es la Historia que nos muestra como el miedo ha llevado a sacrificar el bien público más preciado que tenemos: la libertad. Cuando el futuro pinta oscuro nos hemos refugiado en los líderes, en los representantes políticos y quien diga que eso no es así solo ha de analizar el bipartidismo generado de la desesperación popular: el Partido Socialista Obrero Español no lleva el país hacia delante, ¿qué hacemos? Se vota al Partido Popular y así en una espiral que no termina nunca. Es un paso acostumbrado pedirles a nuestros políticos que nos defiendan, el problema surge cuando el miedo hace que se apremie a las sociedades abiertas a cerrarse y se sacrifique la libertad en aras de la “seguridad”.
Este discurso sobre el sacrificio de la libertad está perfectamente tratado en el libro de Judt y al leerlo no pude evitar acordarme de V, el héroe de cómic y posteriormente de película, que aun siendo ficción demostró que la antigua frase de “la unión hace la fuerza” es posible. Ahora hemos sacado esa frase de la ficción y también la hemos rescatado de las profundidades de la Historia, vamos avanzando.

El discurso de V de Vendetta es conocido por muchos, pero realmente encaja como un guante en las ideas que quiero reflejar, por eso os pongo un fragmento:

La verdad es que en este país algo va muy mal: crueldad e injusticia, intolerancia y opresión. Antes había libertad para decir lo que se pensaba, ahora tenéis censores y sistemas de vigilancia que os coartan para que os conformaseis. ¿Quién es el culpable? Unos lo son más que otros, pero si estáis buscando un culpable solo tenéis que miraros al espejo. Sé por qué lo hicisteis, sé que tenias miedo… ¿Y quién no? (…) Una plaga de problemas conspiraron para corroer vuestros sentidos; el temor pudo y presos del terror acudieron al actual líder. Os prometió orden, paz y todo lo que pidió a cambio fue vuestra silenciosa y obediente sumisión.”

Judt no se queda corto en estas ideas y mientras V ha entrado en la mente de jóvenes y adultos con frases como “justicia, igualdad y libertad son metas alcanzables” Judt las complementa diciendo que nos corresponde a nosotros volver a concebir el papel del gobierno, porque si no lo hacemos otros lo harán.
Hasta ahora nos habíamos quedado en una pantalla de televisión, en unas hojas de comics o de libros con ideas bien planteadas, pero ahora estamos despertando de nuestra profunda hibernación y moviéndonos de manera seria y en conjunto por vez primera desde hace mucho tiempo. El 15-M y el 12-M de este año son un ejemplo claro y, para mí, lo realmente importante es que con ellos por primera vez muchísima gente salió a la calle a clamar por sus derechos y a manifestarse de que algo iba realmente mal, de que había motivos de queja. Los jóvenes salimos a las calles a pedir un futuro que el gobierno parece haber olvidado que tenemos derecho a tener. Frases de la canción La clave está en Sol (canción más significativa del movimiento bajo mi punto de vista) como “Hoy desperté de un mal sueño y encontré miles de hermanos con ganas de hacerlo bien” marcaron el nuevo comienzo de una nueva sociedad. Hubo quien creyó que el 15-M solucionaría la crisis, pero eso es tan absurdo como quien cree por votar a un partido este va a hacer lo que le digamos que haga cuando suba al poder. Tenemos algunas ideas equivocadas. La de que el político se olvida de nosotros tras votar es una de las más frecuentes, pero a la sociedad se nos olvida que estamos en una democracia representativa, no delegada, tenemos un parlamento y por ello nuestros representantes no tiene que hacer lo que se les diga, sino que han de actuar desde lo que les decimos hasta lo que ellos mismos producen. El problema es que eso les da legitimidad para hacer de su capa un sayo.

Con el 15-M no se va a salir de la crisis pero es una manifestación pública, es el paso a la nueva sociedad o eso aparenta. Con esto no quiero decir que se apoyen las revueltas, hablo de quejas pacíficas donde el pueblo se una por una buena causa: su futuro y el de sus hijos y actualmente nosolo eso, sino también su presente. La letra de la canción es excelente de principio a fin, algo larga, pero impactante, un ejemplo de todo lo dicho reflejado en la canción es lo siguiente: “Y es necesario que la voz del pueblo entero sea al motor directo al cambio. Sería más sabio que la democracia empiece desde abajo y no al contrario. Democracia calando en cada mente en cada plaza. ¡Democracia real ya! Esto es participación, pasar a la acción, marcamos el tiempo de nuestro propio son, contra el terrorismo y la enajenación…. propuesta sin violencia y organización“. Necesitamos salir de ciertas ideas equivocadas y darnos cuenta que el futuro está en nuestros pies, que hemos de hacer una movilización pública porque eso será lo que moverá la situación, nosotros.
También hay mucha crítica contra los medios y con razón, hay que decirlo, porque hay una imposición de los medios sobre la opinión pública y esa imposición genera unas restricciones que nos llevan de vuelta a la inseguridad. La opinión es algo que controla a la ciudadanía, que rigen la conducta individual y si se dice que los medios controlan la opinión la conclusión es que los medios manipulan a la sociedad. Pero como todas las ideas, al igual que la anterior sobre política, tiene sus pros y sus contras. Si es cierto que los medios eligen qué es noticia, las grandes agencias controlan la información y nos trasmiten lo que interesa. Yo lo sé bien, lo he estudiado y soy periodista. Pero a la vez el ser humano tiene libertad sobre los medios porque aunque está presionado por ellos y debido a ello delegue creando una situación de dependencia somos nosotros los que elegimos esa dependencia y también los que elegimos los medios que queremos ver. Aquí es donde reside el contrapunto: si delegamos perdemos nuestra autonomía pero nosotros aceptamos esa delegación como parte de nuestra vida. Somos inteligentes, o eso se supone, por lo que esta nos ha de permitir ejercer nuestra propia autonomía, aprender a vivir. Mantenemos una relación ambigua: los medios nos introducen en el mundo en el que vivimos, les damos una confianza pero siempre la que nosotros queramos.
Otro problema con los medios es la Espiral del silencio que generan, lo que ya he mencionado antes sobre que la opinión de los menos es dejada de lado y solo la mayoría parece tener importancia. Cuando los afectados eran menos podíamos no mirar hacia ellos, ahora que girando 360º sobre nosotros mismos no hay escapatoria para nadie, empezamos a abrir los ojos.
Aquí es donde entra la inteligencia de la que hablaba antes, la racionalidad que todos los humanos se supone que tenemos: tomamos decisiones siendo racionales en la medida en que somos sociales. Cuando la sociedad ha ido iniciando el levantamiento poco a poco, según han ido siendo más, se han ido levantando más personas. Ser, somos egoístas, todos, pero somos egoístas racionales: miramos por nosotros mismo pero vemos más allá, hacia el resto de la sociedad. Es algo que por fin se está demostrando.
George Orwell dijo “Ver lo que se tiene delante exige una lucha constante” y es cierto, abrir los ojos y mirar de frente al mundo que vivimos, a las personas con las que convivimos, a nuestros dirigentes… y ver las cosas como son no es fácil. Hemos empezado a cambiar, pero aun tenemos mucho camino que recorrer y con muchos obstáculos que lidiar. Intentando dejar el miedo de lado y con la vista clavada en aquello que queremos seguiremos avanzando, poco a poco, pero al menos no retrocederemos como ya hemos hecho antes tantas otras veces.
Aun no sabemos qué va a pasar con el futuro, qué nos deparará esta crisis y estos gobiernos, pero ya hemos empezado a avanzar y como he citado al principio del todo, ya lo decía Mills, hay que cambiar nuestros modelos de pensamiento para hacer una mejora importante de la humanidad; ya hemos empezado de nuevo… sigamos, pues, en ello.

Martes 15 de mayo de 2012

LA CLAVE ESTÁ EN SOL

El secreto de la Democracia en una canción

Conmemorando que hace un año el 15M acogió a todos los que se levantaron contra el poder y los que parecen erigirse como dueños de nuestras vidas y haciendo, por tanto, una conmemoración de que durante este movimiento la gente decidió moverse para hacerse dueños de su propia vida o por lo menos para manifestar que eran ellos los que querían guiarla, hago esta entrada.
Somos dueños de nuestra vida, eso es lo que se supone, hemos de dirigirla y el que esto no se llevase a cabo es lo que provocó que hace un año hubiese una movilización general, como no se había visto desde hacía mucho mucho tiempo: el pueblo unido, todos juntos contra la injusticia que es no poder dirigir nuestra vida. Todos juntos por la libertad.
El primer aniversario se cumple hoy aunque se celebró en el 12M y es importante y necesario hacer una reflexión, aunque esto no es propiamente una reflexión sobre el 15M, ni sobre el 12M, sino sobre lo que ha significado. Puede que no haya llevado a un cambio político, pero sería un poco absurdo pensar que se podía salir de la crisis chasqueando los dedos; lo importante no es eso, sino el movimiento, nos hemos levantado del sofá que grupos músicales de protesta, por decirlo suave, como Ska-p remarcaban como esa lacra que se va comiendo poco a poco la sociedad.
Lo que ha representado el 15M es la movilización pública de gente muy diversa unida por una misma causa: luchar por lo que han soñado de cara al futuro, por una democracia que hasta ese momento parecía olvidada entre los pliegues de ese sillón y que ha llevado a crear otros movimientos en el resto de Europa y en Estados Unidos. Se ha hecho un llamamiento a esa falta de opciones que existe, al bipartidismo y falta de transparencia y el recuperar la conciencia sobre la importancia de estos valores ha sido el verdadero mérito de este movimiento.
Yo estuve allí cuando se desalojó la plaza de Sol a mediados de agosto y la vi llenarse de antidisturbios con los brazos cruzados uno tras otros, en filas; y cuando los coches de los mismos eran tan númerosos que no se podían contar con los dedos de las dos manos; yo lo vi y sentí la democracia desaparecer tan rápido que casi dio miedo.
El hecho de que un año despues la gente se siga movilizando y saliendo a la calle a protestar y a quejarse, a demostrar que siguén ahí, quizás no asentándose en Sol pero sí con la misma fuerza interior sin agachar la cabeza, sin ser un pueblo sumiso es lo que hace que tomemos las riendas de nuestra propia vida y lo que me hace sentir que la democracia no desaparece. Por eso quería dedicar esta entrada al aniversario del 15M y titularlo en honor a la canción más reperesentativa sobre la situación: La clave está en Sol… y el futuro de los españoles que, como pueblo que lucha por lo que por tantos años costó construir, sigue en pie. Hay, como bien dice la canción, “toda una generación en nuestras manos. Llegó la hora de abrir el corazón, liberar la mente por una nación. Hoy es el día, el sol es la razón… es el momento de la revolución“.

 

Miercoles 9 de mayo de 2012

EL PRECIO DE LA CULTURA

¿Cuánto cuesta ser como somos?

El grito de Edvard Munch
119.9 millones de dólares, 91,2 millones de euros, esa es la cifra; una nueva cifra que se posiciona como la más alta en las subastas del Arte. El cuadro que consigue esta cifra no es otro que El grito de Edvard Munch, el único de las cuatro versiones que aún permanecía en manos privadas.  Esta noticia hace que surja una pregunta: ¿qué precio tiene la cultura?


La puesta en venta de esta famosa obra ha  sido catalogada de “pastel fechado en 1895” y ha provocado un gran revuelo: “la exaltación de tiburones financieros, coleccionistas clásicos y cazadores pudientes de trofeos artísticos”; esta es la descripción de los medios: tiburones financieros y cazadores. Ahora bien: ¿es esto en lo que se ha convertido el legado de  Munch? ¿Es esta descripción de la cultura, como un concepto básico, lo que queremos que permanezca en el mundo?

En las condiciones adecuadas la cultura siempre debería ser gratuita, para que pudiese acceder a ella quien quiere y no quien puede. Se podría también hablar de libertad cultural y de la necesidad de ella, pero aunque es un punto que una servidora considera necesario para llegar hasta esta idea creo que primero deberíamos comenzar con lo esencial que es ese concepto de “cultura gratuita” que parece no existir. El problema para esto es que nos enfrentamos a una sociedad donde la cultura conlleva un coste de creación que suele ser más grande de lo que imaginamos: hay mucha gente que vive de la cultura y tienen que mantenerse y no se les puede quitar ese derecho.

Este acercamiento nos lleva a la cuestión de sí  la cultura es cara. la respuesta es que depende de para quién. actualmente convivimos con una sociedad donde un libro que sobrepase los 20 euros es caro, sin embardo se pagan estas cantidades multiplicadas por diez, si no es más, por una entrada de fútbol o por ver un espectáculo taurino (hasta 140 euros costaría una buena entrada en Las Ventas). Y si entrásemos en el mundo dle cine o del teatro encontraríamos casos muy similares. Las preguntas son: ¿dónde está el límite de los precios altos? ¿Y qué es lo que determina que un precio tenga ese adjetivo? La respuesta sigue estando en debate.

El punto clave está en que hay que plantearse por qué las obras culturales deben ser gratuitas cuando se mantienen del mismo modo que el resto de bienes y servicios de nuestra vida cotidiana por los que pagamos: mediante el trabajo y esfuerzo de otras personas.
Obviamente la solución está en encontrar el equilibrio. En el mundo del Séptimo Arte la complicación es conciliar el mercado físico con el digital, debido a que actualmente es más fácil encontrar contenidos en la red gratuitos e ilícitos que de calidad y pagando. Por suerte el mundo del Arte lo tiene más fácil: el camino se ha ido construyendo y hay múltiples asociaciones y fundaciones que actúan de manera filantrópica como la Fundación Cajamadrid, la Fundación Juan March o el Planetario de Madrid, entre otras, que ofrecen eventualmente exposiciones, cursos y conferencias de coste gratuito.
Lo que está claro es que la cultura es necesaria, es lo que nos da las bases para ser quienes somos, pero vivimos en un mundo donde la economía marca el ritmo y estilo de vida. El equilibrio entre el cuánto y el saber tiene aún un largo camino por recorrer.


Lunes 23 de abril de 2012

EL FUTURO: ¿ENEMIGO O AMIGO DE LA CULTURA?

Lo que vamos perdiendo por el camino…

El futuro… ¿qué es exactamente? Yo diría que un montón de decisiones que se han de tomar a lo largo de la vida. Sin embargo, actualmente, el futuro lo vivimos en el presente y eso no está bien. El futuro siempre ha sido algo hacia lo que hemos mirado desde una posición distante, ahora los estudiantes tienen que saber lo que quieren hacer y lo tienen que saber cada vez más pronto, han de mirar por una futura estrategia, elegir de manera temprana, cuando aun no están formados casi ni sobre la vida, sobre cómo van a vivir la misma. La presión es innecesaria.
Los que me leáis podéis pensar que esta entrada de Blog no cuadra con el resto, que qué tiene que ver con la cultura, pero yo creo que tiene mucho que ver porque el obligarnos a tomar decisiones sobre nuestro futuro sin saber, como un tiro al aire con esperanzas de que salga bien y de en la diana, sin una expectativa segura de lo que queremos…. es jugar con la cultura, es hacer malabarismos con ella y arriesgarnos a dejarla caer, a que los estudiantes, los supuestos futuros del mundo, no sepan que hacer y se pierdan, dejando morir también parte de esa cultura propia y por tanto la del mundo, o al menos la que le habrían podido aportar a este.
Puede que no sepáis de que hablo o puede que ya sepáis por dónde van los tiros (espero que esto último) pero por si acaso me explicaré mejor con mi propio ejemplo: ahora mismo mi vida se sitúa en una encrucijada importante, estoy en quinto de carrera de Periodismo y quiero hacer un máster y doctorarme. Lo tengo claro, dicen muchos, pero yo dudo porque resulta que en lo que me gustaría especializarme es en Historia, porque me apasiona y es la Historia la que marca nuestros pasos de hoy, la que narra los de ayer y la que construirá los de mañana, o así lo veo yo. El problema es que al haber hecho periodismo tengo solo un 40% de posibilidades de entrar en un master de historia, porque cualquier estudiante recién licenciado en Historia, por el mero hecho de haber hecho la carrera, tiene una posibilidad del  60% para entrar. El problema es que como me quiero doctorar necesito un profesor que me guie, pero hay un problema: los profesores del máster de Historia no me conocen como me podrían conocer los de mi propia facultad, por lo que mis posibilidades de que alguien quiera guiarme se reducen, pues en un año tendría que impresionar y conseguir que algún maestro me guiase, y eso sin contar como de bueno o malo fuese. Entonces la solución “estratégica” que se propone es matricularme de un máster en Comunicación, en relación a mi carrera, con asignaturas de historia que impartan profesores que conozco y que amplíen mis posibilidades de guiarme en la Tesis, pero ya me tendría que olvidar de especializarme en historia de manera única, lo que no está bien, pero lo mire como lo mire es la única opción viable, también por otro motivo que aun no he mencionado: si hago un máster de Historia y no me conceden la Beca de Predoctoral (a la que aspiro) no me habrá servido de nada hacerlo para mi futuro, por lo que aquí ya también se está mostrando lo poco que vale hacer un máster fuera de tu campo, a parte de cómo formación propia: si quieres aspirar a algo mejor has de mantenerte siempre en al misma rama ¿Qué quieres más? Se siente… de cara a mantenerte económicamente no te va a ayudar, solo como riqueza propia. Puede que suene un poco frío hablar de futuro económico, pero cuando obtener cultura cuesta dinero en este mundo en el que vivimos esperas recibir algo a cambio, porque es un esfuerzo el que haces. La riqueza de nuestra propia cultura debería servir, pero en el mundo en el que vivimos actualmente esta idea ha terminado en la basura: o te mantiene o estás perdiendo el tiempo. Esa es la idea que nos han inculcado y la que nos está limitando.
Todo esto lleva a la terrible conclusión de que con 18 años, edad en la que pedí mi plaza en la universidad, tienes que saber qué quieres hacer con tu vida. Yo tendría que haber sabido que quería seguir estudiando hasta los 28 mínimo, hacer un máster, un doctorado y una tesis y no solo eso, sino también sobre qué. Pedirle eso a una chica como yo, desorientada y que eligió Periodismo porque le encanta escribir, me parece un despropósito, sobretodo porque no vivimos en una sociedad donde el futuro esté definido, más bien al contrario, el futuro es difuso y la mayoría de los adolescentes que terminan el instituto tienen una idea más o menos clara de lo que quieren hacer, pero no es una idea fija, muchos fracasan a pesar de ser buenos estudiantes precisamente porque se equivocan en su elección, o finalizan sus estudios, pero, realmente no les gusta lo que han hecho, no les motiva porque no era lo que andaban buscando. Es triste que nuestra cultura se desvalorice tanto mientras intentamos terminar algo que no nos llena, y la cultura debería llenarnos, debería hacernos sentir plenos y no seguir en ella porque es lo que tenemos que hacer, por terminar la formación que iniciamos.
Sin embargo ahora, desde mi punto de vista, es aun peor, mi problema es mínimo en lo que respecta a mi elección de futuro porque antes por lo menos podías estudiar en el instituto lo que más te gustase, sacar la Selectividad y con tu nota decidir que hacer si no lo tenías claro, pero ahora no es así. Yo estudié el bachillerato de ciencias puras: Química, Biología y Ciencias de la Tierra, pero dejé de lado la física y las matemáticas, así como el bachiller de letras o el de sociales. Mis motivos eran claros: no me gustaban ni el latín ni el griego, ni tampoco me gustaba la economía ni la geografía, por lo que… ¿para qué derivar a estas dos ramas del bachiller teniendo la química y la biología? Además en lo que yo destacaba realmente era en Lengua y Literatura y en Historia y Filosofía, pero no había un bachiller solo de esas asignatura. Así pues hice el bachiller de ciencias, me examiné, saqué una nota bajilla en mi examen de acceso a la Universidad  y con mi nota en la mano decidí que hacer: Periodismo de primera opción, Historia de segunda opción, y Filosofía de tercera, todo de letras. Elegí de primera opción una carrera que englobaba muchas ramas porque para mi saber cosas diferentes siempre me ha apasionado… no imaginé que mi pasión por querer saber de todo me iba a cerrar puertas en un futuro. Además nadie te lo avisa.
Si digo que ahora es peor la situación es porque hace cinco años las cosas funcionaban así, pero actualmente si alguien decidiese hacer lo que yo hice: esperar a tener su nota en la mano para hacer su elección de futuro, hacer ciencias puras aunque en el futuro se vaya a dedicar a las letras no podría hacerlo, de ninguna manera; actualmente si quieres entrar en una carrera de ciencias necesitas hacer el bachiller de ciencias y si quieres hacerlos de letras tienes que hacer el de letras, porque ahora va por puntos y te dan más puntuación las que hayas estudiado en el bachiller que las genéricas, como era antes. Eso quiere decir que hace 7 años, cuando yo ya estaba en 4º de la ESO con 15 años para 16 tenía que haber sabido lo que quería hacer, porque al haber hecho el bachiller de ciencias no habría podido entrar en Periodismo, ni en Historia, ni en ninguna de las que me interesaban, o lo habría tenido mucho más difícil. Por eso ahora es mucho peor. Los chicos de hoy en día necesitan saber lo que quieren ya, sin esperar, han de decidir lo que quieren con 15 años y yo, sinceramente, por entonces no era capaz ni de saber lo que querría al día siguiente, así que no se cómo habría decidido algo así, tan importante. La peor pregunta para la mayoría de los que entran en 4º de la ESO antes y ahora más incluso es ¿qué quieres hacer? Y la respuesta suele ser que no se sabe, un encogimiento de hombros. Se nos obliga muy pronto a tomar decisiones que ni siquiera sabemos qué repercusión tendrán. Se nos obliga a apostar por una vida que no conocemos y que puede cambiar, porque lo que queremos con 15 años no tiene que ser necesariamente lo mismo que lo que queremos con 20, ya más maduros, ya más estables. Obligar a alguien lleno de hormonas, que pasa por épocas de efusividad, rozando la depresión y euforia en minutos debido a la adolescencia, a elegir de lo que va a depender su futuro es cruel y si antes la presión para mi era innecesaria doy gracias de no tener que volver ahora atrás a tomar estas decisiones.
Estamos tirando la cultura a la basura, eso es lo que pasa por tener que elegir demasiado pronto, demasiado deprisa y porque nadie te diga ni te explique en qué va  a consistir tu futuro. No nos preparan para lo que nos vamos a encontrar en la Universidad, ni nos preparan para buscar un futuro, quizás se haga así para que sobrevivan los fuertes, pero actualmente el futuro sigue muy incierto: los que estudiamos no sabemos qué va a ser de nosotros, los que terminan y se licencian o se diploman, o ahora, se gradúan, estudian un máster, aparte de porque se nos ha dicho que es necesario, se hace para alargar un poco más el tiempo, el proceso de toma de decisiones, para tener más tiempo antes de decidir el siguiente paso.
No nos preparan para el futuro, no nos informan, y desde mi más sincera opinión, una estudiante de una carrera que se basa en la comunicación, yo digo que eso es tirar la cultura y todo lo que nos podría aportar algo a nuestra forma de vida, a la basura.
Me gustaría terminar con un mensaje de esperanza, pero no se me ocurre cual, así que me despediré con una cita de Sandra Carey: “Nunca confundas el conocimiento con la sabiduría. El conocimiento te ayuda a ganarte la vida; lo otro, te ayuda a hacer una vida.”
Sigamos aprendiendo lo que nos interesa sin mirar hacia el futuro, o al menos intentado no mirar hacia él. Hagámoslo por nosotros mismos, por nuestra propia cultura y sabiduría personal, lo que nos depare el futuro ya se verá, pero que al menos seamos personas íntegras y capaces de defender nuestra propia vida, independientemente del mundo que nos rodea.

 

Jueves 5 de abril de 2012

CREANDO EXPECTATIVAS

Nuestra mayor fuente de riqueza está al alcance de todos. 

Como primer post  quería escribir sobre lo que quiero que sea este blog tanto para mí como para aquellos usuarios que lo visiten. No quiero poner las expectativas muy altas pero lo cierto es que espero ser un punto de referencia para los amantes de los libros, de la pintura, de la arquitectura, del cine, del teatro, de la música… quiero que quién disfrute de estos regalos que ha creado la humanidad entre en mi blog y encuentre entradas que le hagan querer ir a ver la nueva exposición itinerante sobre Chagal del  Museo Thyssen-Bornemisza, leerse el libro que inicia la trilogía de Patrick Rothfuss, o tal vez irse a pasear el Parque Europa o a cualquiera de nuestros paraisos culturales… quién sabe si atreverse con un género musical que quizás no haya tocado nunca o, para hacerlo más sencillo, con un músico del que nunca haya escuchado nada. Ese es el mejor fruto que podrían dar mis opiniones.  

Pretendo mostrar la cultura a través de sus diferentes manifestaciones como un derecho más que hemos de explotar y aprovechar, como la libertad, porque la cultura, seguro que ya lo sabéis, pero creedme los que solo lo sospechais, la cultura es lo que nos hace libres. 

Javier Salamanca
Por eso este blog va dedicado a mentes alternativas que buscan otros mundos pasados, presentes y futuros, porque busca fomentar la cultura, lo más valioso que tenemos, cuidándola y dando a las personas la posibilidad de seguir descubriéndola, de opinar conmigo y comentar lo que les parece. Este blog es como una pequeña flor que está en su primera fase, hay que regarla y darle calor para que crezca y salga adelante. La cultura es un instrumento perfecto para darle ese calor y los nutrientes que necesita para crecer porque, como en el mundo de todas las personas, la cultura es el alimento del alma, nuestra identidad.
Como uno de los alimentos del alma he de hablar de  los libros, porque son ellos los que nos hacen desenvolvernos en otras realidades, los que nos empujan a otros mundos como consigue J. R. R. Tolkien, o los que nos narran el pasado como hace Galdós con sus Episodios Nacionales, mostrándonos la historia, o que nos llenan las noches de fantasmas y espíritus como lo hacen Edgar Allan Poe o Bécquer. También están esos libros que nos traen a la realidad contándonos situaciones reales como el libro Algo va mal de Tony Judt, que habla del compromiso político y de resucitar los valores colectivos…
Los libros nos muestran el pasado, nos hablan del presente y redactan el futuro, o lo que esperamos de él, o lo que podría ser… y nos lleva a mundos alternativos. Los libros… no hay nada igual. Yo creo que si tienes que escoger un arma para combatir las inquietudes del futuro debes escoge un libro porque será lo único que te envolverá como una coraza, te protegerá y te aislará de todo y de todos, te hará olvidar lo que tienes por delante y, sobretodo, te permitirá ir a otros lugares, donde por un rato, tú y lo malo que hay a tu alrededor, no sean los protagonistas de la historia.  Los libros son el mejor arma contra las malas sensaciones del día a día, no hay nada igual.
Otro de los alimentos del alma es la música, viva en cada uno de nosotros, que siempre nos acompaña… en fin creo que si me pusiera a escribir sobre la música me alargaría demasiado, al igual que si hablase del arte… solo puedo decir que la cultura es nuestro alimento y nuestra arma, arma contra la ignorancia, contra el aburrimiento, contra nosotros mismos. Con la cultura puedes opinar, puedes debatir, puedes aislarte y construir tu propio espacio en las salas de un museo, de una biblioteca rodeada de libros o simplemente en tu sofá con un aparato de música o viendo una buena película… pero no solo es individual pues se puede compartir, hablando de ella, yendo a ver una exposición, a escuchar un concierto o a ver una película con amigos…
André Malraux, un personaje representativo de la cultura francesa, que ha sido catalogado como novelista, aventurero y político francés  dijo “La cultura es lo que, en la muerte, continúa siendo la vida”, y esto es lo que yo quiero para este blog: dar vida a las letras, al arte, a todo lo que ha existido, existe y seguirá existiendo en el futuro mientras haya alguien para fomentarlo.
Espero que disfrutéis tanto como yo con lo que vaya publicando y que os animéis a ir conmigo, a acompañarme a esos diferentes mundos de los que hablo y que por supuesto, os animéis a mostrarme otros diferentes de los que yo conozco.

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