TOLEDO: LA CIUDAD MÁGICA

Para iniciar mi entrada sobre Toledo (concretamente el casco antiguo), lugar en el que estuve hace un par de semanas, he escogido esta panorámica de David Utrilla porque me parece que refleja el color y la luz que yo quiero plasmar en esta entrada sobre el lugar que está a una hora de mi ciudad: Madrid.

La panorámica está hecha desde uno de los miradores que permiten observar la ciudad desde el otro lado del Río Tajo, a punto de hacerse de noche, cuando todas las luces de la ciudad están encendidas. Es un espectáculo muy bonito, digno de ir a pasar la última hora de sol y ver como este se va poniendo y como la ciudad se va encendiendo en la noche. Creo que es la mejor representación que podía encontrar de la ciudad, como introducción antes de ponerme a hablar de ella.
Mi estancia en Toledo se prolongó por dos noches, tres días, en el Hotel Las Conchas, a diez minutos andando de la Catedral, muy céntrico por tanto y muy bien situado de las zonas con más movimiento de Toledo. Hay que decir que nos dieron una buena habitación teniendo en cuenta que íbamos con una oferta de Groupalia; destaco este punto porque cuando he cogido ofertas en hoteles generalmente la habitación designada es la peor del hotel: la que no tiene vistas desde la ventana, la que está en la planta baja del hotel… en fin, lo típico, tu pagas menos pero la habitación es “peor” en sentido de cómo esta situada y donde. Pero en este caso no fue así, sino que en vez de darnos la planta baja o la primera planta nos dieron la última planta, con unas bonitas vistas, se notaba que era un hotelito de tres estrellas, pero con sus tres estrellas muy bien puestas y el personal majísimo la verdad. Estuvimos muy a gusto allí.


Como lo principal de Toledo es la catedral y era lo que más cerca nos pillaba allá que fuimos derechitos, aunque tuvimos que ir haciendo paradas por el camino ya que otra cosa no pero Toledo tiene muchísimas tiendas llenas de espadas, escudos y armaduras. Todos los escaparates están repletos de armas tipo medievales o de películas como las de El Señor de los Anillos, así como de katanas. Íbamos en zigzag, de tienda en tienda, porque cuando no era por las armas o las armaduras (mi pareja con la que iba y yo somos unos apasionados de ellas) era por la gran cantidad de damasquinado que se vendía, ya fuese de imitación o de buena calidad, en las tiendas. Para los que no lo sepáis el damasquinado es una artesanía que se viene realizando desde épocas muy antiguas que consiste en realizar figuras y dibujos (destacando las flores y los pájaros) mediante la introducción, ataujía o embutido de finos hilos de oro y plata en acero o hierro, generalmente, pavonado. En Toledo hay todo un negocio con este tipo de artesanía haciendo que se la conozca como el Oro de Toledo, que identifica la ciudad, hasta el punto de que ya se ha industrializado, aunque todavía se mantienen talleres artesanos que realizan piezas de gran calidad.

Una vez que conseguimos sobrepasar las innumerables tiendas llegamos a la catedral y nos dispusimos a entrar, para ello, obviamente, hay que comprar la entrada que se vende justo en frente de la entrada principal, en la tienda de productos relacionados con la catedral. Hay que destacar que por muy bonita que sea la catedral a la hora de comprar la entrada sientes que te están atracando ya que la entrada “sencilla” son 8 euros sin ningún tipo de descuento, ni por ser estudiante o tener el carnet joven. Si es tan caro es porque incluye la audioguía  de manera obligada, es decir, puedes no cogerla pero la entrada te costará lo mismo. Aun con todo, debido al precio, nosotros cogimos  la entrada “plus” que son 11 euros, porque por tres euros más puedes acceder a la torre de la catedral que llevaba 28 años cerrada al público y  que fue abierta el pasado año en el mes de septiembre tras unas obras de rehabilitación que costaron unos 600.000 euros. La rehabilitación se hizo  para poder acceder a los diferentes espacios de la torre y poder ver las campanas, en particular la campana más grande de España (según campaners.org), conocida como la “Campana Gorda” que fue fundida por Alejandro Gargallo en 1755 por orden del Cardenal Borbón que, según nos contó el guía, quería una campana tan grande que al hacerla sonar se pudiese oír en Madrid y así surgió una campana de 2,29 metros de altura y más de 7.500 kilos. Esta campana tiene una grieta  de 1,5 m, limada para que no vibre y parta la campana, que surgió a raíz de su uso y que a pesar  de las medidas tomadas para que no se siguiera rompiendo la mejor medida fue dejar de usarla, por lo que sigue estando en el campanario pero ya no se toca.
Así pues cogimos la segunda entrada porque todo lo que sea subir a los campanarios de las iglesias y catedrales nos encanta: el contemplar la ciudad desde tan alto, subir por esas escaleras de caracol hechas en piedra, el contacto de la pared en los lugares estrechos… es como adentrarse en una pequeña parte del pasado y del mundo que levanto aquella construcción, muy en plan Los Pilares de la Tierra, ciertamente.

Al coger la segunda entrada el día se nos dividió en dos partes: por la mañana visitamos la catedral por dentro y por la tarde teníamos cita para subir a ver la torre, la cual fue toda una experiencia inolvidable. La catedral es realmente impresionante, del periodo gótico clásico, fue iniciada en 1226 y forma parte de la gran trilogía de catedrales del gótico clásico de la Corona de Castilla derivadas de la arquitectura del norte de Francia del siglo XIII. Una de sus grandes particularidades es que dispone de cinco naves en vez de las tres que son más habituales y su altura es escalonada lo que permite la existencia de los grandes ventanales en la parte alta de la catedral decorados con unas preciosas vidrieras medievales que se han conservado a pesar de las graves pérdidas que durante la Guerra Civil Española se dieron. Las vidrieras centrales que más destacan son los distintos rosetones que están situados en los transeptos norte y sur de la catedral y cuya belleza no tiene parangón.
Aun con las magníficas vidrieras para mi no hay nada  como el transparente de la catedral, una obra de arte que deja entrar la luz natural del exterior en el interior de la catedral haciéndose un hueco en la espalda del Altar Mayor, integrada a la perfección pero a la vez captando la atención del turista como si fuese un espacio distinto de la catedral, representa la Apoteosis del Santísimo Sacramento de la Eucaristía que, a su vez, está rodeado por los arcángeles. A pesar de estar en una catedral de origen gótico el transparente es de arte barroco y en su momento fue considerado como una obra cumbre del barroco español. Para lograr el efecto de la luz existe en el centro del retablo una ventana oval que da luz que se hizo rompiendo la bóveda de la girola. Esta magnífica obra está realizada por el autor barroco Narciso Tomé (ayudado de sus hijos) en 1732 y se la considera su obra maestra; y no es para menos, creedme.
Lo cierto es que podría destacar muchísimas más cosas de la Catedral pero también hay otras muchas que vi y que quiero compartir con vosotros así que para los más interesados en la historia de esta fabulosa construcción humana os dejó aquí un enlace de donde he sacado la información más significativa para que sigáis profundizando si queréis.

Para ser el primer día se puede decir que entre la llegada y la visita a la catedral, que nos ocupó tanto la mañana como la tarde (entre la visita al interior y la subida a la torre respectivamente), tuvimos bastante, así que nos fuimos a la habitación del hotel a descansar para ya pasearnos la ciudad de noche y cenar.

Al día siguiente las cosas se nos amontonaban porque había mucho que ver y aunque el casco antiguo de Toledo no es especialmente grande tiene el inconveniente de los pueblos: es todo el rato cuesta arriba y cuesta abajo, por lo que acaba agotando al transeúnte.

Nosotros nos dirigimos hacia el barrio de la Judería, rodeándolo para llegar hasta el Museo del Greco que queríamos visitar lo primero para que no hubiese tanta gente. Este museo es el único de España dedicado en la actualidad a la figura del pintor y tiene como finalidad esencial transmitir y hacer comprensible a la sociedad tanto la figura del Greco como la influencia de su obra y su personalidad en el Toledo de comienzos del siglo XVII. El museo está hecho sobre un conjunto de casas que el pintor adquirió en la judería medieval toledana a comienzos del siglo XX y que dejará en manos del arquitecto Emilio Laredo para su restauración, el cual convirtió estas casas en una particular reconstrucción de la Casa del Greco, sin dar mucha importancia al hecho de que el pintor hubiese vivido o no realmente allí, centrándose en la recreación histórica de la vivienda y convirtiéndose, por tanto,  en pionero de lo que se conoce como un museo de ambiente. A quien le guste este pintor, o simplemente quiera conocer un poco más la cultura española en el arte de la pintura, no puede dejar de pasar por el museo ya que este permitirá ver la precisión en la técnica, el inteligente uso del color, la solidez de las estructuras y la libertad puesta en cada pincelada dando, en su conjunto, a cada obra una expresividad muy personal, subjetiva que la hace inconfundible. De entre todos los cuadros expuestos, destaco el de Vista y plano de Toledo (1910) que es una verdadera maravilla, ya que se puede apreciar toda la ciudad de Toledo; además la sala donde se sitúa contiene pantallas informatizadas donde puedes señalar zonas de Toledo y te muestra dónde están representadas en el cuadro, así como el aspecto real actual.

Además de las obras la propia casa es muy bonita, con jardines y grandes ventanales de madera, así como un patio donde se sitúa la entrada con las vigas y el balcón de madera. No tiene desperdicio.

De entre las obras del Greco es muy importante destacar la de El Entierro del Conde Orgaz, que está expuesto no en el museo, sino en la Iglesia de Santo Tomé. El cuadro, conocido por todos porque es su obra más representativa, representa la liturgia del funeral justo en el momento en que los Santos Agustín y Esteban depositan personalmente el cuerpo en la tumba, debido a las buenas obras realizadas en vida por el señor Orgaz. El propio autor así como su hijo están reflejados en esta maravillosa obra, de grandes e increíbles dimensiones. Se considera la obra más compleja y rica en significados, y posee una gran belleza.

Nuestra siguiente parada fue la Sinagoga de Santa María la Blanca, en la cual nos hicimos con la pulsera turística cuyo precio es de 8 euros y que sirve para ver seis monumentos de Toledo predeterminados que, sin la pulsera, costarían 2,5 euros cada uno, de esa forma en vez de pagar 15 por todos pagas 8 y sale bastante bien saliendo rentable incluso si solo se entra a cuatro de los 6 monumentos. Nosotros la cogimos porque nos quedaba todo el día y toda la mañana del día siguiente por lo que así no nos dejábamos nada sin ver.

Así pues entramos en la Sinagoga, chiquitita pero muy bonita y con mucha luz. La historia de esta construcción tiene tras de si un pequeño misterio: se desconoce la época en la que se construyó puesto que los datos documentales que se poseen son poemas e inscripciones ajenas al edificio. En base a estos etéreos documentos hay diversas teorías sobre la sinagoga aunque hoy en día, basándose en al arquitectura y en los resultados arqueológicos se cree con bastante certeza que es la Sinagoga Mayor de la judería toledana construida a finales del siglo XII por el consejero y embajador de Alfonso VIII, monarca de abierta simpatía hacia los judíos. Sin embargo, en el siglo XV, dejó de utilizarse como sinagoga para convertirse en iglesia con el nombre de Santa María la Blanca, por ser la imagen titular la Virgen Blanca, copia de la existente en el coro de la Catedral. A pesar del cambio en lo que se refiere a lo religioso se mantuvo la construcción y actualmente es considerado como una muestra incomparable del arte mudéjar en la ciudad. Destacan en ella por su labra los capiteles de estuco que rematan los pilares con decoración de cintas, volutas y piñas, elementos relacionados con la unidad del pueblo de Israel. Todo el conjunto invita a la contemplación silenciosa y a la admiración de los múltiples detalles que en ella se encierran.

Además, por si fuese poco, en ella se realizan actos y encuentros culturales y, en el momento en que estuvimos allí, se encontraban expuestos unos maravillosos cuadros, pintados la mayoría como si fuesen bocetos pero perfectamente esbozados, de gran belleza, que reflejaban las historias religiosas.


A continuación nos dirigimos hacia el impresionante Monasterio San Juan de los Reyes, encargado por los Reyes Católicos en 1476. Si lo catalogo como impresionantes es porque el claustro es una auténtica maravilla, de las construcciones arquitectónicas más bonitas de la ciudad; para mí, a conjunto con la catedral, sería la más destacable. Es una construcción curiosa ya que consta de una sola nave siendo el centro de ella el claustro y teniendo las capillas en los laterales. La capilla, situada a la derecha según se entra, es muy bonita pero para mi no hay nada como el claustro tanto inferior como superior, que acoge un jardín con un pequeño pozo en su centro.
El claustro inferior está cubierto por bóvedas de crucería alemana, talladas al detalle y haciendo un conjunto precioso. Por las escaleras, de estilo renacentista y diseñadas por Covarrubias, llegamos al piso superior, donde se pueden apreciar los arcos mixtilíneos cubiertos con alfarjes de madera del siglo XIX. Decorado también en su superficie por unas gárgolas muy bien hechas, cada una de ellas representan un motivo diferente: dragones, simios, reptiles, aves fantásticas… Sin ninguna duda es una maravilla, se mire desde la esquina del claustro que se mire.

Aunque hay mucho más que destacar de los monumentos de la ciudad, como la Mezquita del Cristo de la Luz (imagen de la derecha) que es un edificio milenario de gran valor porque representa la pervivencia del arte de Al-Ándalus, o la Iglesia del Salvador que se puede considerar la más antigua de la ciudad y que inicialmente empezó siendo una mezquita, quiero terminar esta disertación sobre los monumentos toledanos hablándoos de la Iglesia de los Jesuitas, anunciada en la ciudad como “Toledo in the air” porque se puede subir a las torres de la iglesia  y por tanto se ve todo Toledo desde el aire. Respecto al templo, de enormes dimensiones, es fiel exponente de espiritualidad contrarreformista. La traza de esta iglesia sigue el modelo de la iglesia jesuítica del Gesú de Roma y las españolas de Palencia y Alcalá y su construcción se inició en 1629.

La subida hasta las torres es algo cansada, obviamente, pero las vistas de la ciudad merecen muchísimo la pena ya que se ve la catedral y el Alcazar a la perfección. Es algo que ningún turista que visite la ciudad se puede perder si quiere tomar una  bonita fotografía  del lugar.

Vistas de Toledo desde la Iglesia de los Jesuitas













 

Una vez que os he hablado de lo que se puede visitar y ver en el casco antiguo de Toledo para ir cerrando este reportaje quiero hablaros de la gastronomía. En la zona hay multitud de restaurantes para comer de menú o de tapas. Allí lo más típico era ver en los menús destacando las codornices a la toledana, que estaban en la mayoría como segundo plato, pero también destacaba mucho el gazpacho, la paella y las judías blancas caseras. Como he dicho había muchos lugares donde sentarse a comer y todos rondaban los 12 euros el menú por persona, sin embargo en el Bar Restaurante Ludeña eran 10 euros el menú casero (también tenían el menú de siempre a 12) y como era una de las tres recomendaciones que la recepcionista del hotel nos había hecho, no dudamos en comer allí siendo el resultado fue bastante bueno, la verdad. Comimos en el interior porque el espacio que tienen  en el exterior, dentro de un bonito patio, está compartido por otro restaurante  y no quedaban mesas, pero fue muy agradable.

Aun con todo si he de elegir un sitio para comer elijo en el que comimos el segundo día: el Museo de Productos de Castilla la Mancha, muy amplio y con un gran servicio, porque a pesar de entrar rozando las cuatro de la tarde nos trataron muy bien y no nos hicieron esperar lo más mínimo para traernos los platos. Si lo elijo además es porque los platos fueron deliciosos y fuera de los que había en las comunes cartas que habíamos visto hasta entonces, desde luego sí que había platos como el de las codornices a la toledana, pero la variedad era mayor. 
Para que os hagáis una idea yo me pedí de primero unos champiñones rellenos salmón y mi pareja una crema templada de tomate, gulas y gambas. El relleno de los champiñones era salmón hecho en crema que en conjunto estaba delicioso, además de que el plato estaba adornado con pimientos rojos y una salsa espesa con un toque a pimentón. Por el otro lado la crema de tomate gulas y  gambas tenía una salsa muy parecida a la que bañaba los champiñones y, como bien decía su nombre, no estaba fría ni estaba caliente.
Desde luego fueron un lujo los platos, estaban muy buenos. El segundo fue algo menos glamuroso pero no por ello nos gustó menos: mi plato consistió en solomillo con salsa de oporto y el de mi pareja en chuletas de ternera. Del suyo no hay mucho que decir pero del mío si, ya que, en vez de traerme un solomillo como yo esperaba, en el plato venían tres solomillos muy redonditos en plan brocheta con una salsa bastante espesa y con patatas panaderas de guarnición. Estaba todo muy bueno y coronamos aquella comida con dos excelentes muses de chocolate caseras como postre a nuestra salud. Sin ninguna duda si voy a Toledo de nuevo volveré allí para comer ya que de precio estaba igual que la mayoría, 12 euros, y porque, aunque no es un restaurante especialmente céntrico al estar situado en frente de la calle que lleva hasta el Puente de San Martín, el ir hasta allí permite un bonito paseo por toda la judería y visitar alguno de los miradores de Toledo que dan al río Tajo.

Y ya para terminar hablaros un poco de lo que captó mi atención mientras paseaba por la ciudad. Uno de los detalles eran los patios de las casas, que, al igual que los patios cordobeses, estaban decorados con plantas e incluso alguna fuente. Los patios estaban cerrados, pero se podían ver a través de las puertas de los soportales de las casas… así, mientras que aquí en Madrid solo se ven ascensores, allí podías ver una bonita fuente o un pequeño jardín.

Otro detalle curioso de la ciudad es el Zocotren, el tren que hace la ruta turística por el casco antiguo y que, a cada rato, lo ves pasar con sus turistas a bordo. Es gracioso verlo pasar, le da un toque divertido a la ciudad. Realmente todo es muy bonito, y por supuesto, como ya he indicado al principio de la entrada con esa magnífica panorámica, no se debe terminar el día en Toledo sin pasar al otro lado del río para contemplar la ciudad al completo desde lejos.
Toledo al atardecer desde el otro lado del río Tajo

Si he de sacar algo negativo es que por las noches la ciudad parece un fantasma, no hay nada, y siendo septiembre, un periodo más que vacacional, sorprende ver las calles vacías y los bares cerrando a las 23:30-00:00. No parece que el ayuntamiento haga habitualmente festivales o alguna feria para atraer público, ni siquiera el de los ciudadanos que viven fuera del casco antiguo y la verdad es que es una pena, porque siendo Patrimonio de la Humanidad en mi opinión debería estar mucho más cuidado y fomentado, para que algo tan valioso, como es todo el espacio cultural que sus calles y monumentos suponen, no se pierda.

Desde luego para mi ha sido una visita muy enriquecedora, llena de muchísimos rincones en los que perderse y con los que sorprenderse, por eso no he podido evitar querer relatar todo lo vivido y todo lo que he visto, porque es una ciudad tan bonita y con tanto por ver que sería imposible elegir entre todo lo que ofrece.
* Todas las imágenes de este post, exceptuando la panorámica del inicio, la de la Campana gorda, El Transparente, el cuadro del Entierro del Conde Orgaz y la Sinagoga de Santa María la Blanca que han sido obtenidas de fuentes de internet, han sido realizadas por Lucía Berruga Sánchez (L.B.) o Alberto Oliva Rodriguez (A.O.R)
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